Tuesday, May 29, 2018

Una Reforma Contemporánea Del Martinismo Papusiano


UNA REFORMA CONTEMPORÁNEA DEL MARTINISMO PAPUSIANO
EL SAN-MARTINISMO DE LA SOCIEDAD DE LOS INDEPENDIENTES


Reunidos, casi dos siglos después del Nacimiento al Cielo del teósofo de Amboise, el 14 de octubre de 2003, para considerar honestamente el estado de  la situación de la herencia sanmartiniana, nos pareció de una evidencia extrema la distancia que separa a la mayoría de círculos que reivindican del Filósofo Desconocido su pensamiento original, según la idea que se han impuesto para proseguir cada uno, en sus diversos grados, las metas y los objetivos que han tomado como propios, trabajando sobre sujetos bien distintos, al menos, de las intenciones primeras de este buen maestro que no dudó en definirse como “amigo de Cristo”.
Así pues, un examen serio de lo deseado verdaderamente por Saint- Martin para sus íntimos, nos muestra de inmediato la fosa, por no decir el abismo, que nos mantiene actualmente alejados de la obra “sanmartiniana” efectiva.
Es por esto que nos ha parecido imperativo, por la exigencia de nuestros deberes en tanto que discípulos sinceros que desean ser fieles y respetuosos con el espíritu y las intenciones del Filósofo Desconocido, emprender una clase de restablecimiento del espíritu sanmartiniano, y constituir, o más exactamente despertar, más allá pero también a partir de nuestras propias cualificaciones Martinistas, bendecidos y apoyados en ello por los bondadosos y valiosos consejos de nuestro añorado Hermano y Padre Robert Amadou  (1924-2006), esta “Sociedad de los Independientes”, Sociedad imaginada y esperada antaño por Saint-Martin, de tal forma que en ella se pueda efectuar, lejos del ruido y  del mundo, el lento proceso de purificación, de regeneración, de santificación y de reconciliación, proceso esencial fundamentado sobre la plegaria interior, nutrido por la oración y sustentado por la humildad del corazón.
Bajo los auspicios de esta “Sociedad de los Independientes”, “y de la profunda doctrina a la que se aplican sus diferentes miembros” (El Cocodrilo, Canto 15), fue edificada, bajo el respeto a los principios sanmartinianos, no una “Orden” Martinista1  más entre las innumerables Órdenes que se declaran y se


1 “El Martinismo es la doctrina, la gnosis judeo-cristiana de Martines de Pasqually que se encuentra integralmente en el seno de la Orden de los Élus Cohen, y que fue desarrollada por sus dos discípulos más próximos, Jean-Baptiste Willermoz que la introdujo en el seno del Régimen Escocés Rectificado, y Louis-Claude de Saint-Martin, verdadero maestro espiritual y filósofo religioso, que firma con el seudónimo de Filósofo Desconocido sus valiosos libros de teosofía. Aunque Louis-Claude de Saint-Martin no fundó nunca ninguna Orden, Papus (el Dr. Gérard Encausse) lo hizo al comienzo del siglo veinte, atribuyendo la paternidad al  Filósofo Desconocido, y todas las Órdenes Martinistas hasta hoy se remontan hasta esta creación de Papus.

presentan como tales, sino la pequeña “Sociedad” deseada por el Filósofo Desconocido, a saber, la reunión de los Servidores Incógnitos, de estos “Independientes” que han acogido el mensaje del Evangelio considerándose, simplemente, como pobres discípulos de Cristo Jesús, Nuestro divino Maestro, Reparador y Señor, יהשוה .
Así pues, es nuestro deseo:

Ø  Orar y “operar” con Saint-Martin, “purificándonos”, sabiendo que, según el Filósofo Desconocido: “No es la cabeza lo que debe romperse para avanzar en la senda de la verdad, sino el corazón”.
Ø  Hacer un buen uso, “depurado” y limitado, de los símbolos legados por la Tradición Martinista, reforzando de esta forma la transmisión iniciática  de las enseñanzas del Filósofo Desconocido, es decir, las que él dispensa en vida a sus escasos íntimos.
Ø  Constituir, en cierta forma, una Escuela activa de teosofía2 “sanmartiniana”.

Y tal es la obra que le es impuesta a los miembros de esta “Sociedad” pensada por Saint-Martin como una Fraternidad del Bien, una Sociedad cuasi religiosa, a saber, la Sociedad de los Hermanos, silenciosos e invisibles, que consagran sus trabajos a la celebración de los misterios del nacimiento del  Verbo en el alma; círculo íntimo de los piadosos Servidores, reagrupados, según el deseo del Filósofo Desconocido, y a fin de responder a su voluntad inicial y primera, en “Sociedad de los Independientes”, que no tiene “ninguna especie de semejanza con ninguna de las sociedades conocidas” (El Cocodrilo, Canto 14); “Es esta Sociedad la que os anuncio como siendo la única en la Tierra que constituye una imagen real de la sociedad divina, y de la que os informo que soy su fundador” (El Cocodrilo, Canto 91).
En una fórmula de la que tenía incontestablemente el secreto, y  que Robert Amadou gustaba a menudo repetir, Louis-Claude de Saint-Martin nos presenta los medios para realizar el largo trayecto en dirección al Santuario interior a fin de contemplar la incomparable Gloria del Eterno y prosternarse ante la infinidad de su Amor, fórmula que resume todo el programa sanmartiniano tal como lo practicamos: “Tenemos siempre el altar con nosotros que es nuestro corazón, al Sacrificador que es nuestra palabra y el sacrificio que es nuestro cuerpo” (Lecciones de Lyon, nº 76, 25 de octubre de 1775, SM).
Es por lo que, Saint-Martin, y aquellos que reivindican su pensamiento,  se reúnen  bajo  el nombre de “Sociedad  de  los  Independientes”,  tal es  la obra


Digamos que se trata, en realidad, de una “filiación de deseo””. (Robert Amadou, Prefacio al Tratado de la Reintegración).
2 Se debe entender esencialmente por “Teosofía”: la ciencia de los misterios.

auténtica, tal es el itinerario en el cual nos hemos comprometido, alejando de nosotros las largas rutas espaciosas que conducen a los precipicios y a la ruina, pues conservamos con devoción en la memoria la pertinente sentencia del Filósofo Desconocido: “Desgraciado aquel que no funda su edificio espiritual sobre la sólida base de su corazón en perpetua purificación e inmolación por el fuego sagrado” (Retrato, 427).
Por lo tanto, se nos pide entregarnos por completo, abandonarnos y abalanzarnos con confianza en los brazos del Señor sin intentar querer seguir aferrándose a viejas ramas muertas, al igual que se nos exige igualmente, en un movimiento similar, someternos al misterio del Amor infinito y entrar en la pura comunión del Cielo, siguiendo en esto los valiosos consejos que nos da, más  allá de la distancia de los siglos, Louis-Claude de Saint-Martin: “Alma humana, únete al Cielo que ha aportado sobre la tierra el poder de purificar todas las sustancias; únete a aquel que, siendo Dios, solo se da a conocer a los simples y a los pequeños, y se deja ignorar por los sabios” (El Hombre de Deseo, § 201).

La esencia espiritual del san-martinismo

El San-Martinismo, del que la Sociedad de los Independientes encarna su expresión, después de haberse ocupado de dar a conocer su sentido, respetuoso con la historia de la Orden Martinista en la cual se inscribe, es, no obstante, una reforma contemporánea del martinismo papusiano, reforma emprendida a fin de inscribir el proceso iniciático de las almas de deseo en la más pura tradición de Saint-Martin, para poder poner en práctica, efectivamente, el programa de la “vía según lo interno” fijada por el Filósofo Desconocido a sus íntimos, obrando por la meditación y la oración interior para la purificación del corazón, de tal forma que sea Dios mismo quien venga a orar en nosotros.
Como decía Saint-Martin: “Debemos atraer el modelo sobre nosotros y formar de este modo la más sublime unión que jamás podría hacer ninguna teúrgia ni ninguna ceremonia misteriosa de las que las otras iniciaciones están llenas… la teúrgia que emplea la naturaleza elemental, como tal, la creo inútil y extraña a nuestro verdadero teurgismo, donde no hay más llama que nuestro deseo ni más luz que la de nuestra pureza” (Carta a Kirchberger, 19 de junio de 1797).
Es cierto que subsiste una tradicional referencia a Saint-Martin en el espíritu de la gran mayoría de miembros de las Órdenes que se declaran “Martinistas”, apoyada y reforzada por la evocación ritual realizada, por su  título de guía eminente y afortunado fundador, durante el encendido de las luminarias, pero está, desafortunadamente, desnuda por lo general de toda dimensión “operativa” y de consecuencia práctica, señalando, en la mayoría de los casos, una especie de reconocimiento sentimental respecto a un Maestro

evidentemente venerado, pero singularmente ignorado desde el punto de vista doctrinal, incluso, desgraciadamente, totalmente abandonado y relegado a un segundo plano en favor de curiosas “vías” nada compatibles, ante toda  evidencia, con las ideas y los principios fundamentales del teósofo de Amboise. Ante esta situación, resulta fácil pensar a cualquiera que haya frecuentado las múltiples estructuras Martinistas existentes (y sin ánimo de juzgar, con toda caridad fraternal, la sinceridad individual de los que las forman, sinceridad que en ningún momento ponemos en duda), que parece, no obstante, vital y necesario, a dos siglos del nacimiento al Cielo de nuestro Maestro, comprometerse en una investigación honesta ante estos planteamientos y cuestionarse, con toda franqueza y rigor, sobre la autenticidad de su evolución.
En este sentido, un examen serio de lo deseado verdaderamente por Saint- Martin para sus íntimos y lo que proponen los grupos actuales, nos demuestra inmediatamente la distancia que separa, a veces radicalmente, la actividad de los Martinistas contemporáneos de la obra “san-martiniana” efectiva.
Es por esto que nos ha parecido imperativo, por la exigencia de nuestros deberes en tanto que discípulos sinceros que desean ser fieles y respetuosos con el espíritu y las intenciones del Filósofo Desconocido, emprender una clase de restablecimiento del espíritu sanmartiniano, y constituir, o más exactamente despertar, más allá pero también a partir de nuestras propias cualificaciones Martinistas, bendecidos y apoyados en ello por los bondadosos y valiosos consejos de nuestro añorado Hermano y Padre Robert Amadou (1924-2006), esta “Sociedad de los Independientes”, Sociedad imaginada y esperada antaño por Saint-Martin, de tal forma que en ella se pueda efectuar, lejos del ruido y  del mundo, el lento proceso de purificación, de regeneración, de santificación y de reconciliación, proceso esencial fundamentado sobre la plegaria interior, nutrido por la oración y sustentado por la humildad del corazón.

“Toda la Sociedad de los Independientes tenía también la mirada puesta en los grandes acontecimientos que estaban ocurriendo; cada uno de los miembros de la Sociedad resplandecía de exaltación al ver acelerarse así el reinado de un poder justo y el triunfo de la Verdad. Se oyeron entre ellos cánticos sagrados entonados con antelación, y nuevos anuncios proféticos sobre los éxitos aún mayores que estaban por venir para coronar la buena causa”.
(Saint-Martin, El Cocodrilo, Cántico 62)

“La única iniciación que predico (…), es aquella por la que podemos penetrar en el corazón de Dios, y hacer entrar el corazón de Dios  en

nosotros, para hacer un matrimonio indisoluble que nos haga el amigo, el hermano y la esposa de nuestro Divino Reparador”.
(Saint-Martin a Kirchberger, 19 de junio de 1797)

“Tenemos siempre en nosotros el altar que es nuestro corazón, al Sacrificador que es nuestra palabra y al sacrificio que es nuestro cuerpo”.
(Saint-Martin, Lecciones de Lyon, nº 76, 25 de octubre de 1775)





Sunday, April 22, 2018

El Martinismo de Papus


EL MARTINISMO DE PAPUS




No vamos a hacer aquí una nueva y completa biografía de Papus. Para ello, podemos dirigirnos simplemente a las obras editadas sobre este extraordinario personaje, por ejemplo, la introducción del libro: « A.B.C. ilustrado del ocultismo » de Papus, de Ediciones Dangles, donde el hijo de Papus, Philippe Encausse, traza las grandes líneas de la vida de su padre. De una forma más completa podéis dirigiros al libro de Philippe Encausse que está consagrado únicamente a Papus.
Indicamos sencillamente que nació en 1865 en la Coruña (España). De  padre francés y de madre originaria de Valladolid, Gerard Encausse pasa su infancia en París. Estudiando medicina se interesa por las ciencias herméticas y sus extraordinarias capacidades le condujeron rápidamente al primer rango de los movimientos ocultistas de su época. Médico, mago y místico, él se avoca enteramente a su misión terrestre hasta su muerte, el 25 de octubre de 1916.
Ante la personalidad de Papus, las opiniones son divergentes y opuestas. Para todos los ocultistas o estudiantes de estas ciencias, es evidente que este hombre fue un genio que estudió, practicó y laboró en el mundo escribiendo una suma considerable de obras que aún son autoridad en la materia. Muy pocos se han sacrificado como él por la obra  que había emprendido y su carisma atrajo hacia él investigadores y místicos extraordinarios.
Papus vive en la edad de oro del ocultismo; es el hombre que pretende otorgar carta de nobleza a las ciencias llamadas ocultas. Es el que ha querido hacer de los Martinistas obreros serios y apreciados. Era hombre de acción y de plegaria y que sintetizó y organizó una miríada de corrientes hasta entonces dispersas.
Es, en cierto sentido, el héroe de este periodo de la historia oculta, el  hombre al que un gran número de sociedades y de estudiantes deben mucho. Pero si él es el fundador, el héroe –decimos nosotros-, engendró indirectamente todos los defectos. Ciertamente, los hermanos que le rodeaban en aquella época, formaban con él un sólido grupo, coherente y activo.
Nada le impedía poner manos a la obra para « levantar montañas ». « El trabajo estaba por hacer y ellos ayudaron a su Maestro y amigo ». El despacho de sus casas siempre estaba activo con muchos asuntos por tratar. Aplicaban en sus vidas las ideas y la conducta que eran resultados de sus estudios y de su diligencia. Los ritos, los catecismos, estaban por establecer, ellos lo hicieron; pero para ellos no se trataba de un trabajo, una pesada labor. Era, al contrario, la natural consecuencia de su vida de hombres de deseo. Se trataba de trabajar, de buscar la iluminación, para poder guiar a sus hermanos.
Papus, el mejor de ellos, era el guía, el Maestro, el amigo y el hermano. Tales esfuerzos aparecen a menudo hoy en día como inútiles o anticuados. Ciertamente, es más fácil criticar lo que ellos hicieron que hacerse a sí mismo.
Papus va siendo relegado, poco a poco, al rango de las antigüedades, en este periodo de ensueño, en el que un estudio personal y sintético es aún posible.
Antes de aproximarnos un poco más a la creación y aporte de Papus, veamos qué es lo que él pedía a sus miembros en  el apéndice del « Ritual de la Orden Martinista », publicado en 1913.
Para el Martinista es inútil entretenerse con divagaciones sobre los estudios psíquicos, mientras que los hombres de ciencia, o espíritus «positivos», que se inician en el estudio del ocultismo, pasan la mayor parte de su tiempo especulando sobre si los hechos del magnetismo y de la mediumnidad son exactos.
En cambio, el Martinismo los considera como adquiridos. Deja, entonces a los demás las discusiones infantiles sobre  la buena fe de los mediums y sobre el trance de tales sujetos; se ocupa de problemas más elevados.
Lo que les falta a los Martinistas es tener una idea general del ocultismo, en sus dos tradiciones principales de Occidente o Kabalística y de Oriente o sánscrito, originarios los dos del antiguo Egipto.
Les falta a los Martinistas unas herramientas positivas de investigación de las ciencias antiguas para poder verificar los nombres propios y las palabras sagradas empleadas.
Estas herramientas son las lenguas sagradas de la antigüedad, o, sobre todo, sus primeros elementos, de forma que se pueda verificar cada término en un diccionario. El Martinista deberá, entonces, estudiar tres alfabetos:
1º El alfabeto Hebreo;
2º El alfabeto Sánscrito y
3º El alfabeto Egipcio.
Una vez en posesión de tales herramientas, será preciso aplicarlas al  estudio de la Cábala y del Hermetismo, para estudiar su simbolismo y el de la francmasonería en sus diversos ritos.
Es entonces cuando el Martinista será capaz de aplicar sus conocimientos para actuar sobre el plan invisible. El misticismo, la teúrgia y la psicología deberán atraer especialmente su atención.
Los libros no son más que instrumentos destinados a guiar la meditación cerebral y a preparar la digestión o asimilación intelectual. Ofrecemos seguidamente un modelo de ciclos de estudio, modelo que podrá ser modificado por cada estudiante y que servirá de guía general.
Cada ciclo puede abarcar un mes, si bien todos los estudios pueden ser hechos en 18 meses. Es evidente que cada ciclo puede ser prolongado o disminuido por el estudiante, según la velocidad de comprensión o por sus estudios anteriores.

I
Historias de las razas humanas, tradición, etc.
Teoría general y filosofía (Saint-Martín, Saint Yves, etc.)
Una lengua sagrada: el Hebreo.
Psicurgia (primeros elementos prácticos)

II
Historia y simbolismo (sociedades secretas y Masonería);
La Cábala;
Una lengua sagrada: el Sánscrito;
La magia y las adaptaciones (hipnosis, magnetismo, etc.)

III
Historia de la alquimia y de la Rosa-Cruz (Martinismo);
Las religiones de Oriente: Budismo, Brahmanismo y Taoísmo;
Une lengua sagrada: el Egipcio;

IV
El espiritismo: su transformación desde la Antigüedad; su adaptación.
Los cultos y su esoterismo en todas las religiones;
La antigua iniciación en Egipto, la Pirámide y el Templo;
El hermetismo; la alquimia; la astrología; el arqueómetro;
La masonería práctica: constitución de un rito; adaptaciones sociales diversas.
Así, en un año, el Martinista es capaz de buscar el significado de las palabras hebreas, sánscritas o egipcias,  es iniciado en la historia de la alquimia, de la Francmasonería y de la Rosa+Cruz, así como en las religiones de Oriente y de Occidente.
Como Papus precisa: « Es evidente que estos ciclos pueden ser alargados  o disminuidos por el estudiante según la velocidad de su comprensión o por sus estudios anteriores. » Hoy en día, la amplitud de semejante estudio haría rendirse a la mayoría de los susodichos iniciados. Aunque el programa de estudio puede ser revisado según ciertos desarrollos modernos de las investigaciones, tal esfuerzo es relegado al pasado y a menudo designado como inútil. Veremos más adelante el resultado de tal desinterés, pero digamos de momento que esto ha conducido en nuestros días a una ridiculización de las ciencias ocultas, cuyos susodichos iniciados a menudo no han sido capaces de mantener una conversación coherente e inteligente sobre tales cuestiones.
Esa es una manera de desacreditar, por su pasividad e incompetencia, los años de esfuerzos y de estudios de sus predecesores. Algunos opinan que no es necesario estudiar para obrar, para ser bueno, generoso y caritativo, en una palabra: en dejar hablar al corazón. « La vía Martinista no es una vía de eruditos y sus programas de estudio no son de ninguna utilidad ». Nosotros respetamos plenamente esto y nuestras críticas respecto a los esfuerzos para el estudio solo pretenden subrayar la inactividad subyacente. Papus, quién nos ha demostrado la importancia de la vía del estudio, escribió: « Un Martinista no es obligatoriamente un erudito o un sabio entregado al estudio de las fuerzas, de las ciencias o de las artes ocultas. Puede (...) ser un activo puro, un sembrador de verdades, un modesto y humilde en la ciencia profana, pero cuyo corazón ha iluminado el cerebro con la práctica de la devoción y de la caridad. »
No es, entonces, erudición lo que pide Papus, sino actividad, resultado del hombre de deseo.
Habiendo de este modo aclarado el parecer de Papus, vamos ahora a hablar sobre su aportación al Martinismo.
Como habíamos afirmado, la historia muestra que él no recibió más que una menuda herencia Martinista. Es a partir de su encuentro con Chaboseau que nace la voluntad de reunir a algunos iniciados Martinistas en una estructura, permitiendo de esta manera, suplir el desorden existente hasta entonces. Con el talento que se le reconocía, Papus atrae a su alrededor brillantes personalidades que formaran el primer consejo de la Orden. Las iniciaciones comenzarán inmediatamente y los cuadernos iniciáticos, los catecismos y las bases de estudio vieron la luz. Saint-Martín había desaparecido. Se trataba de que Papus colocara un fundamento que siempre le había faltado al Martinismo. Era conveniente orientar los esfuerzos individuales, canalizarlos, formar un marco alrededor del corazón de la doctrina Martinista. Como Papus era francmasón, él concibió una estructura de tipo masónico para el Martinismo. Otra razón, aun de mayor fuerza, era que el fundador e iniciador de Saint-Martin, Martínez, había comenzado a estructurar su orden según el sistema masónico. Los Martinistas anti-masones de nuestra época (si aún existen) deberían reconocer que Papus dio al corazón del Martinismo un apoyo que dos siglos de estabilidad han demostrado como el más seguro.
También aparecieron las condecoraciones, ritos y catecismos del Martinismo que se les calificará « de Papus ». Fueron, a nuestro entender, las mayores aportaciones y fundamentales que conoció el Martinismo. Es gracias a esta estructura que esta tradición pudo echar a volar, manteniéndose intacta hasta nuestros días. No creemos, sin embargo, que Papus hubiera colocado las bases de un nuevo sistema masónico. Él no hizo más que tomar lo que era bueno de este sistema y adaptarlo a la doctrina Martinista. Es necesario, antes de conocer el aporte que hizo, algunos detalles respecto a tales estructuras.
El Martinismo organizado por Papus no es una escuela o una clase superior dirigida por los Maestros. Gerard Encausse escribe al respecto : « Hay estudiantes, pero todos son iguales frente a la divinidad. » Sembrar, enseñar y cultivar,  decía  Papus,  pero  para  sembrar  es  preciso  haber  encontrado   la semilla y es sobre ella que va a colocar el acento como aquello que es el corazón del Martinismo.
Sin embargo, sin la aparición de un nuevo personaje nosotros tendríamos, ciertamente, hoy en día, una masonería Martinista o Martinezista como única corriente, pero no ha  sido así. Papus conoce al Maestro Philippe de Lyon. Su encuentro fue fundamental, transformando su espíritu e influenciando de una manera duradera su cristianismo, es decir su Martinismo.
Papus escribía al respecto: « Aquél que nuestro corazón añora siempre por las vivas palabras que nos enseña se llamaba el más antiguo espíritu de la tierra ; tenía poder especialmente sobre el rayo, que obedecía sus requerimientos, y dominaba también sobre el aire y el agua (...). Tenía una noción completa de la vida presente en todos sus detalles, de todos los seres terrestres con los cuales se encontraba en relación... ».
« Me ha enseñado a intentar ser bueno, me ha enseñado la tolerancia hacia todos y sobre los defectos de los demás; la necesidad de no maldecir, la absoluta confianza en el Padre, la piedad por el dolor ajeno, en fin nos ha demostrado que no se puede evolucionar más que participando en los sufrimientos de los demás y no encerrándose en una torre de marfil por temor a perder la pureza y la sabiduría.
He aquí porqué intento cambiar un poco la humanidad, de difundir alrededor de mí algunas ideas que no provienen de mi cerebro y propagar las  dos grandes virtudes que nos vienen del Cielo: la Bondad y la Tolerancia. »
« Es sobre esta tierra donde los seres excepcionales vienen aquí como el salvador y descienden a los infiernos, es decir libre y sin nada que pagar ; ellos son los enviados. Durante el curso de nuestra existencia terrestre hemos tenido la suerte de conocer algunos de tales seres y de haberlos tenido como amigos. Todos aquellos que los han conocido se han sorprendido de la irradiación maravillosa que emanaba de ellos (...). Serían necesarias páginas y páginas para decir todo aquello que hace un enviado del Padre sobre la tierra. Es un poco de sol sobre la piedra, es un rayo de luz en el egoísmo y la crueldad que nos rodea y ello nos conduce a amar la vida. » (Extractos citados por S. Hutin).
Se puede decir que la doctrina Martinista nació de Martínez, se volvió cristiana e interior con Saint-Martín, tomó forma ritual con Papus e inició su obra exterior e invisible gracias a la influencia del Maestro Philippe. El cristianismo Martinista fue, entonces, más acentuado y definido. Devino  pues, verdaderamente, una caballería cristiana. La Orden, convertida en sólida y viva emergió sobre la herencia del Filósofo Desconocido como « una escuela de caballería moral esforzándose en desarrollar la espiritualidad de sus miembros, tanto por el estudio de un mundo aún desconocido (...) como por el ejercicio de la devoción (...) y por la creación en cada espíritu de una sólida fe. » « El Martinismo de Papus consistía así en una caballería del altruismo opuesto a la línea egoísta de los apetitos materiales. »


Friday, April 13, 2018

Una Reforma Contemporánea Del Martinismo Papusiano

UNA REFORMA CONTEMPORÁNEA
DEL MARTINISMO PAPUSIANO
EL SAN-MARTINISMO DE LA SOCIEDAD DE LOS INDEPENDIENTES

Reunidos, casi dos siglos después del Nacimiento al Cielo del teósofo de Amboise, el 14 de octubre de 2003, para considerar honestamente el estado de la situación de la herencia sanmartiniana, nos pareció de una evidencia extrema la distancia que separa a la mayoría de círculos que reivindican del Filósofo Desconocido su pensamiento original, según la idea que se han impuesto para proseguir cada uno, en sus diversos grados, las metas y los objetivos que han tomado como propios, trabajando sobre sujetos bien distintos, al menos, de las intenciones primeras de este buen maestro que no dudó en definirse como “amigo de Cristo”.
Así pues, un examen serio de lo deseado verdaderamente por Saint-Martin para sus íntimos, nos muestra de inmediato la fosa, por no decir el abismo, que nos mantiene actualmente alejados de la obra “sanmartiniana” efectiva.
Es por esto que nos ha parecido imperativo, por la exigencia de nuestros deberes en tanto que discípulos sinceros que desean ser fieles y respetuosos con el espíritu y las intenciones del Filósofo Desconocido, emprender una clase de restablecimiento del espíritu sanmartiniano, y constituir, o más exactamente despertar, más allá pero también a partir de nuestras propias cualificaciones Martinistas, bendecidos y apoyados en ello por los bondadosos y valiosos consejos de nuestro añorado Hermano y Padre Robert Amadou (1924-2006), esta “Sociedad de los Independientes”, Sociedad imaginada y esperada antaño por Saint-Martin, de tal forma que en ella se pueda efectuar, lejos del ruido y del mundo, el lento proceso de purificación, de regeneración, de santificación y de reconciliación, proceso esencial fundamentado sobre la plegaria interior, nutrido por la oración y sustentado por la humildad del corazón.
Bajo los auspicios de esta “Sociedad de los Independientes”, “y de la profunda doctrina a la que se aplican sus diferentes miembros” (El Cocodrilo, Canto 15), fue edificada, bajo el respeto a los principios sanmartinianos, no una “Orden” Martinista[1] más entre las innumerables Órdenes que se declaran y se presentan como tales, sino la pequeña “Sociedad” deseada por el Filósofo Desconocido, a saber, la reunión de los Servidores Incógnitos, de estos “Independientes” que han acogido el mensaje del Evangelio considerándose, simplemente, como pobres discípulos de Cristo Jesús, Nuestro divino Maestro, Reparador y Señor, יהשוה .
Así pues, es nuestro deseo:

Ø Orar y “operar” con Saint-Martin, “purificándonos”, sabiendo que, según el Filósofo Desconocido: “No es la cabeza lo que debe romperse para avanzar en la senda de la verdad, sino el corazón”.
Ø Hacer un buen uso, “depurado” y limitado, de los símbolos legados por la Tradición Martinista, reforzando de esta forma la transmisión iniciática de las enseñanzas del Filósofo Desconocido, es decir, las que él dispensa en vida a sus escasos íntimos.
Ø Constituir, en cierta forma, una Escuela activa de teosofía[2] “sanmartiniana”.

Y tal es la obra que le es impuesta a los miembros de esta “Sociedad” pensada por Saint-Martin como una Fraternidad del Bien, una Sociedad cuasi religiosa, a saber, la Sociedad de los Hermanos, silenciosos e invisibles, que consagran sus trabajos a la celebración de los misterios del nacimiento del Verbo en el alma; círculo íntimo de los piadosos Servidores, reagrupados, según el deseo del Filósofo Desconocido, y a fin de responder a su voluntad inicial y primera, en “Sociedad de los Independientes”, que no tiene “ninguna especie de semejanza con ninguna de las sociedades conocidas” (El Cocodrilo, Canto 14); “Es esta Sociedad la que os anuncio como siendo la única en la Tierra que constituye una imagen real de la sociedad divina, y de la que os informo que soy su fundador” (El Cocodrilo, Canto 91).
En una fórmula de la que tenía incontestablemente el secreto, y que Robert Amadou gustaba a menudo repetir, Louis-Claude de Saint-Martin nos presenta los medios para realizar el largo trayecto en dirección al Santuario interior a fin de contemplar la incomparable Gloria del Eterno y prosternarse ante la infinidad de su Amor, fórmula que resume todo el programa sanmartiniano tal como lo practicamos: “Tenemos siempre el altar con nosotros que es nuestro corazón, al Sacrificador que es nuestra palabra y el sacrificio que es nuestro cuerpo” (Lecciones de Lyon, nº 76, 25 de octubre de 1775, SM).
Es por lo que, Saint-Martin, y aquellos que reivindican su pensamiento, se reúnen bajo el nombre de “Sociedad de los Independientes”, tal es la obra auténtica, tal es el itinerario en el cual nos hemos comprometido, alejando de nosotros las largas rutas espaciosas que conducen a los precipicios y a la ruina, pues conservamos con devoción en la memoria la pertinente sentencia del Filósofo Desconocido: “Desgraciado aquel que no funda su edificio espiritual sobre la sólida base de su corazón en perpetua purificación e inmolación por el fuego sagrado” (Retrato, 427).
Por lo tanto, se nos pide entregarnos por completo, abandonarnos y abalanzarnos con confianza en los brazos del Señor sin intentar querer seguir aferrándose a viejas ramas muertas, al igual que se nos exige igualmente, en un movimiento similar, someternos al misterio del Amor infinito y entrar en la pura comunión del Cielo, siguiendo en esto los valiosos consejos que nos da, más allá de la distancia de los siglos, Louis-Claude de Saint-Martin: “Alma humana, únete al Cielo que ha aportado sobre la tierra el poder de purificar todas las sustancias; únete a aquel que, siendo Dios, solo se da a conocer a los simples y a los pequeños, y se deja ignorar por los sabios” (El Hombre de Deseo, § 201).

La esencia espiritual del san-martinismo

El San-Martinismo, del que la Sociedad de los Independientes encarna su expresión, después de haberse ocupado de dar a conocer su sentido, respetuoso con la historia de la Orden Martinista en la cual se inscribe, es, no obstante, una reforma contemporánea del martinismo papusiano, reforma emprendida a fin de inscribir el proceso iniciático de las almas de deseo en la más pura tradición de Saint-Martin, para poder poner en práctica, efectivamente, el programa de la “vía según lo interno” fijada por el Filósofo Desconocido a sus íntimos, obrando por la meditación y la oración interior para la purificación del corazón, de tal forma que sea Dios mismo quien venga a orar en nosotros.
Como decía Saint-Martin: “Debemos atraer el modelo sobre nosotros y formar de este modo la más sublime unión que jamás podría hacer ninguna teúrgia ni ninguna ceremonia misteriosa de las que las otras iniciaciones están llenas… la teúrgia que emplea la naturaleza elemental, como tal, la creo inútil y extraña a nuestro verdadero teurgismo, donde no hay más llama que nuestro deseo ni más luz que la de nuestra pureza” (Carta a Kirchberger, 19 de junio de 1797).
Es cierto que subsiste una tradicional referencia a Saint-Martin en el espíritu de la gran mayoría de miembros de las Órdenes que se declaran “Martinistas”, apoyada y reforzada por la evocación ritual realizada, por su título de guía eminente y afortunado fundador, durante el encendido de las luminarias, pero está, desafortunadamente, desnuda por lo general de toda dimensión “operativa” y de consecuencia práctica, señalando, en la mayoría de los casos, una especie de reconocimiento sentimental respecto a un Maestro evidentemente venerado, pero singularmente ignorado desde el punto de vista doctrinal, incluso, desgraciadamente, totalmente abandonado y relegado a un segundo plano en favor de curiosas “vías” nada compatibles, ante toda evidencia, con las ideas y los principios fundamentales del teósofo de Amboise. Ante esta situación, resulta fácil pensar a cualquiera que haya frecuentado las múltiples estructuras Martinistas existentes (y sin ánimo de juzgar, con toda caridad fraternal, la sinceridad individual de los que las forman, sinceridad que en ningún momento ponemos en duda), que parece, no obstante, vital y necesario, a dos siglos del nacimiento al Cielo de nuestro Maestro, comprometerse en una investigación honesta ante estos planteamientos y cuestionarse, con toda franqueza y rigor, sobre la autenticidad de su evolución.
En este sentido, un examen serio de lo deseado verdaderamente por Saint-Martin para sus íntimos y lo que proponen los grupos actuales, nos demuestra inmediatamente la distancia que separa, a veces radicalmente, la actividad de los Martinistas contemporáneos de la obra “san-martiniana” efectiva.
Es por esto que nos ha parecido imperativo, por la exigencia de nuestros deberes en tanto que discípulos sinceros que desean ser fieles y respetuosos con el espíritu y las intenciones del Filósofo Desconocido, emprender una clase de restablecimiento del espíritu sanmartiniano, y constituir, o más exactamente despertar, más allá pero también a partir de nuestras propias cualificaciones Martinistas, bendecidos y apoyados en ello por los bondadosos y valiosos consejos de nuestro añorado Hermano y Padre Robert Amadou (1924-2006), esta “Sociedad de los Independientes”, Sociedad imaginada y esperada antaño por Saint-Martin, de tal forma que en ella se pueda efectuar, lejos del ruido y del mundo, el lento proceso de purificación, de regeneración, de santificación y de reconciliación, proceso esencial fundamentado sobre la plegaria interior, nutrido por la oración y sustentado por la humildad del corazón.

“Toda la Sociedad de los Independientes tenía también la mirada puesta en los grandes acontecimientos que estaban ocurriendo; cada uno de los miembros de la Sociedad resplandecía de exaltación al ver acelerarse así el reinado de un poder justo y el triunfo de la Verdad. Se oyeron entre ellos cánticos sagrados entonados con antelación, y nuevos anuncios proféticos sobre los éxitos aún mayores que estaban por venir para coronar la buena causa”.
(Saint-Martin, El Cocodrilo, Cántico 62)

“La única iniciación que predico (…), es aquella por la que podemos penetrar en el corazón de Dios, y hacer entrar el corazón de Dios en nosotros, para hacer un matrimonio indisoluble que nos haga el amigo, el hermano y la esposa de nuestro Divino Reparador”.
(Saint-Martin a Kirchberger, 19 de junio de 1797)

“Tenemos siempre en nosotros el altar que es nuestro corazón, al Sacrificador que es nuestra palabra y al sacrificio que es nuestro cuerpo”.
(Saint-Martin, Lecciones de Lyon, nº 76, 25 de octubre de 1775)





[1] “El Martinismo es la doctrina, la gnosis judeo-cristiana de Martines de Pasqually que se encuentra integralmente en el seno de la Orden de los Élus Cohen, y que fue desarrollada por sus dos discípulos más próximos, Jean-Baptiste Willermoz que la introdujo en el seno del Régimen Escocés Rectificado, y Louis-Claude de Saint-Martin, verdadero maestro espiritual y filósofo religioso, que firma con el seudónimo de Filósofo Desconocido sus valiosos libros de teosofía. Aunque Louis-Claude de Saint-Martin no fundó nunca ninguna Orden, Papus (el Dr. Gérard Encausse) lo hizo al comienzo del siglo veinte, atribuyendo la paternidad al Filósofo Desconocido, y todas las Órdenes Martinistas hasta hoy se remontan hasta esta creación de Papus. Digamos que se trata, en realidad, de una “filiación de deseo””. (Robert Amadou, Prefacio al Tratado de la Reintegración).
[2] Se debe entender esencialmente por “Teosofía”: la ciencia de los misterios.

Monday, April 9, 2018

EL VENERABLE HERMANO JEAN BRICAUD (1881-1943)


EL VENERABLE HERMANO JEAN BRICAUD (1881-1943)


Fue patriarca gnóstico, Rector de la Orden de la Rosa Cruz y
Gran Maestro de la Orden Martinista de Lyon,
así como Presidente de la Sociedad Ocultista Internacional.
Fue también Gran Hierofante,
para Francia del Rito Masónico de Menfis-Misraím,
asumiendo tal puesto el 10 de dic. de 1919,
pues dicho puesto había quedado acéfalo desde el 25 de septiembre de 1918,
por el fallecimiento del Hno. Dettré,
quien había sucedido al Gran Maestro PAPUS.

JEAN BRICAUD (1881-1943)

El Hno. Jean Bricaud es, casi en todo, el opuesto de Willermoz: Nace el 11 de febrero de 1881 en el pueblito de Thoy y su familia lo dedicó al sacerdocio, razón por la cual estudió en el Pequeño Seminario de Meximieux.
Basta mirar su fisonomía para reconocer en seguida las fases del místico, de salud delicada y de fuertes tendencias por lo psicológico y lo metafísico.
Desde 1897 abandona los estudios sacerdotales y se hace empleado de banco y estudiante de ocultismo. Frecuente centros espiritistas y estudia el magnetismo con el Maestro Phillipe Niziers (Amo), así como Cábala con Jacques Charrot, uno de los discípulos de Eliphas Levi.
El Gnosticismo le atrae y lo estudia con Sophronius (Dr.Fugairon), así como la filosofía sintética con Revel. Se hace iniciar en la Masonería y más tarde en el Martinismo, prefiriendo luego la vía willermozista, es decir, de tendencia masónica.
En 1901 abandona su primera vía gnóstica y da su adhesión a Synesius, patriarca gnóstico de gran valor. Publica sus primeros libros en 1902.
En 1904 publica “Primeros elementos de ocultismo”. Se casa en 1905 pero, sin felicidad en este matrimonio, se divorciará en 1911.
En 1906 crece su actividad y publica “Elementos de Astrología” y un folleto sobre la “Pequeña Iglesia Concordataria”.
Se liga más íntimamente con Sophronius, el doctor gnóstico que tendrá sobre Bricaud una influencia quizás desfavorable, pues le lleva a querer ver todo bajo el ángulo de la razón fría, tanto que en 1907, ambos se separan del místico Synesius por hallarlo más poeta que filósofo y más artista que teólogo; siente demasiado y no discute bastante, por lo visto.
Después sigue Bricaud trabajando en pequeñas obras destinadas a difundir la Gnosis, de una manera “racional”, ES DECIR, COMO DOGMA FILOSÓFICO.
En 1908, Bricaud, aún sin asistir, se interesa por el Gran Congreso Espiritual Internacional, organizado por Papus, bajo los auspicios del Martinismo, de cuya escuela Bricaud poseía el 3er. Grado desde 1903. Se había dedicado más, es verdad, como ya dije, al estudio de la parte willermozista, es decir, al filosofismo de logia y Bricaud se plegó a los que opinaban que Papus había reorganizado el Martinismo sobre bases deferentes del willermozismo, lo que era verdad, pues Papus hizo del Martinismo una escuela de Iniciación completa, mixta, mística y curando por millones.
Desde 1914, Bricaud recluta cada vez más adeptos de su vía martinista-masónica, en oposición a Papus, demasiado “ocultista” para la mentalidad masónica.
Viene después la guerra de 14-18, esa guerra terrible de la cual Papus dio su vitalidad y después su vida por los que sufrían. El Hno. Bricaud es también movilizado en el 10º Batallón de Cazadores; pero su salud frágil y su título eclesiástico de Patriarca Gnóstico hacen que sea designado para el servicio auxiliar y dedica sus noches al estudio y a la organización de su Iglesia. Publica dos libros durante la guerra: “Armenia que agoniza” (1915) y “La Guerra y las profecías célebres” (1916).
Papus habiendo fallecido en 25 de octubre de 1916, su sucesor, el Venerable Hermano Téder, nombra al Hno. Bricaud, Legado de la Orden Martinista para la provincia de Lyon y la amistad entre Téder y Bricaud se hace cada vez más íntima.
Después de la muerte de Téder, Bricaud toma en sus manos la dirección de la Iglesia Gnóstica Universal, de la Orden Kabalística de la Rosacruz Gnóstica y de la Orden Martinista y da toda la orientación que siempre había preconizado.
El Martinismo, orientado en la forma willermozista y masónica, con exclusión de la Iniciación Mixta y volviendo a las formas tradicionales de la rama de Lyon, se desarrolla en Francia y colonias y en los países extranjeros con un ritmo menor que el Martinismo de Papus, en virtud de la necesidad de reunir solamente masones y de excluir a las mujeres.
Publica aún varias obras, entre las cuales citaré. El Misticismo en la Corte de Rusia, La Misa negra Antigua y Moderna, El Maestro Phillipe, El Abate Boulan, Los Iluminados de Avignon.
Desde 1920 hace publicar “Les Annales Initiatiques”, pequeño boletín trimestral que sirve de órgano de sus agrupamientos.
En 1929 se casa nuevamente, esta vez, con una dedicada compañera que le acompañará hasta su muerte, acaecida el 21 de febrero de 1934, a la edad de 53 años. Antes de fallecer, había empleado sus últimos años en escribir un resumen de noticias históricas sobre el Martinismo, el Rito de Menfis-Misraím, y había creado el boletín del Rito de Menfis-Misraím. Nombró como sucesor al Venerable Hermano C. Chevillon.
Esta es la actividad, muy grande y variada en su forma, del Venerable Hermano. Que dirigió las diversas corrientes europeas que cité con una dedicación y entusiasmo muy notables.
Su vía iniciática puede ser resumida en la forma siguiente: hasta 1897, vía religiosa mística y búsqueda de su sentir.
En 1897, su contacto con Osvaldo Wirth lo lleva al estudio profundo del simbolismo. La Cábala, desde 1898, le atrae. En 1899 su correspondencia con el   brahmán
C.X. K. Robur, del Tíbet, le llevan al estudio de las cosas orientales. Desde 1901, la vía gnóstica se arraiga en él de manera definitiva, y será en su aspecto filosófico especialmente, su Sendero Personal más elevado. Se hace cada vez más espiritualista científico, apartándose de los ocultistas de aspecto más psíquico.
Es un místico cristiano de elevada fe y de trabajo. Venerable, que recordamos en cada 21 de febrero, pues, aunque su Rama Martinista no se orientará en el mismo sentido que la de Papus, de la cual tomamos nuestra orientación, todos los que trabajan por el mismo ideal, bajo la misma denominación y mismos auspicios espirituales generales, debe sentirse hermanos.