Tuesday, January 15, 2019

Buda



Buda


De todos los líderes espirituales de la humanidad, seguramente de Siddhartha Gauthama, El Buda, es de quien más evidencia histórica sólida existe.
Nació en Kapilavatsu al Norte de la India, en el área que hoy corresponde al Nepal, aproximadamente entre 600 a 500 años antes de la era cristiana.
De estirpe noble, hijo del rey Suddhodana, monarca del clan de los Sakyas de la región.
Cuenta la tradición que su madre, Maya, mientras estaba embarazada, fue visitada en un sueño por un elefante blanco que le augura que su hijo sería un salvador, un redentor de la humanidad. Su padre el rey, sin embargo, quería un príncipe de estirpe guerrera para que lo sucediera en el trono.
Fue así, que durante el parto de la reina, en una ceremonia especial que el mismo rey preparó para ese fin, el niño fue visitado por tres venerables sabios de la zona. Esto nos recuerda a los tres reyes magos del Cristo occidental. El rey se molestó a nueva cuenta por la visita de los sabios, pues insistía en que su hijo jamás sería una especie de líder espiritual o redentor de la humanidad
Se dice que el niño nació de pies y caminando, aludiendo a su conciencia despierta. Fue llamado Siddhartha Gautama.
Al poco tiempo del parto, la madre de Siddhartha Gautama enfermó y murió.
Su padre, el rey Suddhodana, empeñado en un líder guerrero para su pueblo, y para tratar de alejarlo de todo lo mundano, aisló a su hijo en diferentes palacios, uno para cada estación del año. Ahí, Siddhartha, estaría rodeado de lujos, belleza, salud y abundancia.
Cuenta la tradición que Siddhartha recibió todo tipo de formación intelectual y militar.
 Llegó a ser un experto arquero y disfrutaba practicando lucha y artes marciales con sus amigos en el palacio. Toda su juventud pasó aislado del mundo. Narra la leyenda, que Siddhartha contrajo matrimonio con una princesa, después de haber superado en pruebas de fuerza, armas y sabiduría, a otro príncipe rival.
Por fin los Dioses hicieron su llamado a Siddhartha, cuando este contaba con 29 años… mientras deambulaba por el palacio, escuchó mágicamente a una mujer tocar un instrumento musical y cantar sobre su tierra. Se acercó a ella y le preguntó conmovido qué cantaba; la mujer le dijo que sobre su tierra lejana. Siddhartha reflexionó sobre lo que había más allá de las paredes del palacio, y le exigió a su padre salir a conocer lo que había afuera.
Ante su insistencia tenaz, el rey accedió, pero poniéndole un fiel cochero y trazando el recorrido por la ciudad, donde solo había gente joven, un camino de flores, abundancia y felicidad.
Pero los Dioses también hicieron su jugada… Durante la primera salida, le presentaron a un hombre viejo. En la segunda, a un enfermo. Luego la pobreza y la muerte. En el último viaje le mostraron a un asceta, un hombre santo con una actitud contemplativa ante la vida.
Ante cada revelación, Siddhartha acudía molesto donde su padre, a reclamarle por no mostrarle la esencia de la existencia: el sufrimiento y la existencia condicionada. Discutió con su padre sobre su deseo de abandonar el palacio y averiguar la salida, la salvación a este valle de sufrimiento para todos los seres sintientes. Ante la determinación del príncipe, el rey decide doblar la guardia del castillo y cerrar las puertas.
Pero una noche, una niebla mágica cayó, haciendo que los guardias cayeran dormidos y que las puertas del palacio se abrieran solas.
Siddhartha caminó al exterior, había iniciado su sendero.
Se adentra en el bosque, donando sus sandalias y sus ropas de príncipe a cuanta persona necesitada encontró. Dicen que los árboles se doblaban tras su paso, conmovidos por la infinita compasión de Siddhartha.
Así buscó la verdad, uniéndose por siete o diez años a un grupo de ascetas en el bosque. Pretendió, a través del conocimiento de los yoguis y maestros, y sometiendo su cuerpo y su mente a todo tipo de restricciones y disciplina, conocer la verdad última. Pero enfermó, su cuerpo se desnutrió por completo y estaba a punto de morir. Comprendió que ningún asceta podría llevarlo más allá de cierto punto y que la disciplina severa no lo conduciría a la liberación.
Pidió a los Dioses una señal. Fue entonces cuando vio a una mujer lavando en un río, notando que una vasija que ella tenía, giraba mágicamente en contra de la corriente. Un remero iba al mismo tiempo con su hijo templando las cuerdas de un instrumento musical de cuerda y le decía ''si estiras mucho la cuerda, se rompe. Si no la tensas suficiente, no da la nota''
La mujer, el agua, representan con claridad la búsqueda de la iluminación a través del deseo mismo, a través de la sublimación de la energía creadora.
Comprendió Siddhartha con ello, el sendero del camino medio. Se alimentó, recobró la salud y decidió buscar por sí mismo la iluminación.
Cierta ocasión, mientras meditaba en el bosque, asombró a quienes lo acompañaban, cuando, al caer una lluvia imprevista, una cobra real subió por su espalda y extendió su cuello a la altura de la coronilla de Siddhartha para evitar que se mojara. La energía sexual transmutada en su ascenso glorioso, hacia adentro y hacia arriba, por la médula espinal.
Finalmente, Siddhartha se decidió a alcanzar la iluminación meditando bajo una higuera sagrada en la India, el árbol Boddhi, fiel alegoría de la fertilidad y de la energía sexual. No se levantaría hasta lograrlo.
Fue entonces cuando Mara, el demonio, le tentó con sus hijas: ira, lujuria, odio, avaricia, pereza, miedo…en forma de hermosas mujeres…una a una las venció, convirtiéndose todas en hojarasca a los pies de Siddhartha
El demonio, furioso, decidió atacar con un ejército (que representa los miles y miles de detalles que conforman un día cotidiano común y corriente) El ejército de Mara, el demonio, de miles de agregados (nuestro yo psicológico) tensó todas sus flechas y las lanzaron contra Siddhartha. Pero una a una cayeron convertidas en flores de loto antes de tocarle: el recuerdo de sí, el estado de plena atención y la auto observación psicológica.
Finalmente, Mara se presentó frente a Siddhartha, mostrándose en posición de meditación, adoptando la misma apariencia que Siddhartha. Le tomó de la mano y le dijo:
“adórame, yo soy tú, te ofrezco el mundo”
En diálogo exacto al que tuviera Jesús con el demonio en el desierto.
Siddhartha abrió los ojos y comprendió, y poniendo una mano sobre la tierra declaró:
“al fin te conozco arquitecto de mi propia casa…tú, mi propio YO, declaró ante la tierra que eres ilusión”
En este instante, Siddhartha fue EL BUDA, el iluminado, quien logró la unión del UNO con el TODO guiado por la compasión universal incondicional por todos los seres sintientes.
“Avanzando estos tres pasos, llegarás más cerca de los dioses: Primero: Habla con verdad. Segundo: No te dejes dominar por la cólera. Tercero: Da, aunque no tengas más que muy poco que dar”. Buda

DEL CONOCIMIENTO DE DIOS - Jean-Baptiste Willermoz





DEL CONOCIMIENTO DE DIOS

De la Unidad de la Trinidad de la cuatriple esencia Divina de los cuatro números co-Eternos Divinos

DE DIOS CONSIDERADO EN SU UNIDAD Y EN LA TRINIDAD DE SUS POTENCIAS CREADORAS




Jean-Baptiste Willermoz

1. Dios es puro Espíritu, incorporal, sin ninguna forma ni figura, Eterno e Infinito, sin comienzo y sin fin. Es el Ser de los seres. Existiendo por él mismo por toda la eternidad, es el principio único y absoluto de todo lo que existe. Es un hogar inmenso de Luz, de Gloria, de Beatitud, y un abismo infinito de Grandeza, de Sabiduría, de Poder y de todas las Perfecciones. Conteniendo en él mismo en su propia inmensidad todo lo que existe o puede existir; es el germen fecundo, la fuente inagotable de todas las Producciones y Emanaciones divinas, y nada de lo que existe ha podido existir fuera de él salvo por él. Siendo el principio de la vida y la vida misma, todo ser emanado inmediatamente de él es participante de su propia naturaleza, inmortal, indestructible, y no puede jamás dejar de ser, porque la vida no puede engendrar la muerte.

2. Dios es uno e indivisible en su Naturaleza esencial. Es esta unidad absoluta, concentrada en ella misma, que no puede ser ni conocida, ni comprendida por ninguna inteligencia creada; es ella la que es incomprensible a todo otro que a ella misma, en tanto que solo se manifiesta fuera de ella por sus producciones, a la que adoramos como siendo el Padre, el Principio eterno y el Soberano Creador de toda cosa.

3. Pero en esta unidad inefable existe una Trinidad de acciones distintas y creadoras, y una Cuaternidad de Potencia. Es decir, una Triple y cuatriple esencia divina, de las cuales la última nos muestra especialmente su unidad. Decimos una triple esencia de la unidad, y no tres esencias aisladas e independientes de la unidad, porque ellas no son tres Dioses. Las tres potencias creadoras de la unidad forman en la inmensidad de lo increado el Eterno Triángulo Divino, del cual ella es el principio y el centro. Son de tal manera inherente a la naturaleza esencial de la unidad, y de tal manera idénticas con ella, que aunque siempre distintas por su acción particular, forman junto con la unidad un solo Dios. Es por la acción y el concurso de sus tres potencias creadoras que la unidad se manifiesta fuera de ella misma en todas sus producciones divinas, y en todas las emanaciones que hace sin cesar de los Seres espirituales que contiene en sí misma por toda la eternidad; pero, no obstante, sin ninguna distinción ni individualidad, hasta el momento en el que le place darles fuera de su seno una existencia desde entonces eternamente distinta e individual, con el fin de que puedan darle en su inmensidad el culto y el homenaje que le deben. Es también por la existencia distinta de estos seres que estaban antes contenidos en potencia en Dios, que se manifiesta la cuatriple esencia divina, que completa el cuaternario divino.

4. La inmensidad divina, lugar increado, infinito y sin límites, que se incrementa sin cesar, y se incrementará sin fin para la multitud de los seres emanados, destinados a habitar allí, es la estancia de la unidad eterna que la llena con su Esplendor y con su divina Luz, que es su Centro, la Circunferencia y el todo. Es desde este Centro incomprensible que Dios lo ve todo, lo conoce todo, lo prevé todo, lo abraza todo, dirige y gobierna todas las cosas por su Voluntad, por su Sabiduría, por su Providencia, y manda soberanamente por su Verbo todopoderoso.

5. Las potencias activas por las cuales la unidad divina se manifiesta y opera todas las cosas, son sus propias facultades creadoras de Pensamiento o de intención, de Voluntad y de Acción divina operante, que personificamos y adoramos bajo los Nombres de Padre, de Hijo y de Espíritu Santo; forman el sagrado Ternario de estas potencias creadoras que nombramos como la Muy Santa Trinidad: misterio inefable del cual el hombre degradado no puede sondear toda su profundidad, pero cuyo conocimiento es tan importante para él que, con el fin de que no lo pierda y que pueda concebir este gran misterio, Dios lo ha grabado en caracteres indelebles en su ser, como en la Naturaleza entera, y lo vuelve de alguna manera sensible a su inteligencia imprimiendo en el hombre mismo, que a pesar su degradación permanece siempre como su imagen, una trinidad de facultades activas e inteligentes de Pensamiento, de Voluntad y de Acción, en similitud a la Trinidad divina, por las cuales puede, así como hace Dios, producir resultados análogos a su propia naturaleza, y sin las cuales estaría respecto a todos los seres que le rodean como nulo y no existente.

6. Pero en Dios, estas tres facultades poderosas son iguales en todo, y operan por toda la eternidad su acción particular simultáneamente, aunque en un orden distinto, para todos los actos de Emanación, de Producción, y de Creación divina, a las cuales concurren las tres igual y distintamente, pero siempre en unidad de acción, porque Dios, siendo el Ser de sabiduría y de perfección infinita, la Voluntad divina quiere siempre lo que el Pensamiento divino ha concebido, y la acción divina opera siempre lo que el Pensamiento ha concebido y lo que la Voluntad ha determinado. Porque es cierto que Dios piensa, quiere y actúa, y que estas tres facultades de la unidad divina producen necesariamente resultados de Vida espiritual análogos a su propia naturaleza. Así, no se puede concebir43 tres en Dios, sin reconocer ahí al mismo tiempo cuatro: a saber: las tres potencias creadoras operantes, y los seres espirituales emanados cuya existencia, fuera del seno de la unidad, es operada por ellas.

7. Es, por lo tanto, con razón que la religión presenta sin cesar al hombre las tres potencias divinas creadoras como siendo el objeto constante de su culto y de su adoración; porque el Pensamiento divino es verdaderamente Dios, en44 Dios y de Dios. La Voluntad divina y su Acción operante son también cada una verdaderamente Dios, en Dios y de Dios, estas tres poderosas facultades innatas en Dios son de tal manera idénticas con su naturaleza esencial que sin ellas Dios no sería Dios; como también sin ellas, o mejor dicho, sin su similitud, el hombre, imagen de Dios, no sería hombre.

8. Todo, tanto en la naturaleza divina como en la naturaleza espiritual, lleva consigo un Número característico, que en la primera designa el rango en el cual cada una de las potencias divinas opera su acción particular, un Nombre que caracteriza también la naturaleza de45 la acción de cada una de las potencias, y un atributo distintivo especialmente propio a cada una de ellas.

9. El Número 1 pertenece esencialmente a la primera potencia creadora, el Pensamiento o la intención divina, que es el primer agente de la unidad; esta potencia, siendo el principio único, el eterno generador de todo lo que es concebido por ella, será necesariamente realizada por los dos que le suceden. La llamamos el Padre creador de todas las cosas y le atribuimos especialmente el ser todopoderoso.

10. El Número 2 pertenece esencialmente a la segunda, que es la Voluntad divina, segundo agente de la unidad. Es el Verbo y la expresión de la intención divina, y como engendrado por ella, porque no puede ejercer su acción segunda sino sobre el sujeto que le es presentado y transmitido por la primera. Es por esto que la llamamos el Hijo, el hijo único del Padre creador de todas las cosas, y le atribuimos especialmente la Sabiduría que conoce, dirige y determina todo, conforme a la intención del Padre.

11. El Número 3 pertenece esencialmente a la tercera, que es la Palabra, o la acción directa y operante, divina, tercer agente de la unidad. Como no opera salvo lo que el Pensamiento divino del Padre ha concebido, y lo que la Voluntad del Hijo ha determinado, procede muy realmente del uno y del otro. Le46 llamamos Espíritu Santo, que es la acción directa, operante del Padre y del Hijo, y le atribuimos especialmente el amor divino creador y conservador de todas las producciones divinas, y la dispensación de todos los dones que le son necesarios.

12. El Número 4 que sigue inmediatamente a los tres números precedentes, no entra en la clase de las potencias creadoras; manifiesta solamente la Potencia innata en Dios de operación divina, es decir, de las cosas operadas por sus tres potencias creadoras y existentes fuera de él; es por esto que este número 4, por el cual se manifiesta la cuatriple esencia divina, caracteriza esencialmente a todos los seres espirituales, tanto de las clases angélicas, como de las inteligencias humanas, emanadas del seno de Dios, y anteriormente contenidas en potencia e indistintamente en él. Este número, característico de su origen, es y permanecerá eternamente grabado en cada uno de ellos; tanto sobre los que han permanecido fieles, como sobre los que han prevaricado, e incluso sobre los más culpables, porque es el sello eterno e indeleble de la pureza de su origen divino, sello48 que será para siempre, para los culpables obstinados, la prueba irrecusable de su crimen y el objeto siempre presente de su desesperación.

Los Elus-Cohen De “El Martinismo, Historia de una Orden Tradicional” Por Christian Rebisse


Los Elus-Cohen

De “El Martinismo, Historia de una Orden Tradicional”
Por Christian Rebisse

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Louis Claude de Saint-Martin fue discípulo de Martínez de Pasqually. Este había creado, hacia 1754, la “Orden de los Elus-Cohen”. Martínez de Pasqually proponía a sus discípulos trabajar para su reintegración a través de la práctica de la teúrgia.
Esta ciencia se basaba en un ceremonial de gran complejidad, y aspiraba a lo que Martínez de Pasqually llamaba la reconciliación del “menor”, el hombre, con la Divinidad.
Esta teúrgia se basaba en la relación del hombre con las jerarquías angélicas. Los ángeles constituían, según Martínez de Pasqually, el único apoyo de que disponía el hombre después de su caída para conseguir la reconciliación (reintegración) con lo Divino.
Contrariamente a lo que se piensa, el Martinismo no es la prolongación de la orden de los Elus-Cohen y, con mayor motivo, Martínez de Pasqually no debe considerarse como el fundador de la Orden Martinista.
En 1772, incluso antes de haber concluido la organización de su propia orden, Martínez de Pasqually parte para Santo Domingo.
De ese viaje no regresará, pues muere en 1774. Después de la desaparición de Pasqually, algunos de sus discípulos continuaron la labor de difundir las enseñanzas dándoles un tono particular.
Entre esos discípulos se distinguen dos, Jean-Baptiste Willermoz y Louis-Claude de Saint-Martin. Jean Baptiste Willermoz, un ferviente adepto de la franc-masonería y de la teúrgia, entró en relación con la “Estricta Observancia Templaria” alemana. En 1782, con el congreso masónico que esta orden celebró en Wilhelmsbad, J. B. Willermoz hizo integrar las enseñanzas de Martínez de Pasqually en los grados altos de esta orden, los de “Profeso” y “Gran Profeso”. Sin embargo, él no transmitió a esta orden las prácticas teúrgicas de los Elus Cohen.
Durante ese congreso, la Estricta Observancia Templaria cambió su nombre por el de los “Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa”. En cuanto a Louis Claude de Saint-Martin, abandonó la franc-masonería. Dejó a un lado la teúrgia, la vía externa, a favor de la vía interna.
En efecto, juzgaba que la teúrgia era peligrosa, y la invocación angélica la juzgó como poco segura cuando sale al exterior.
Por otro lado, se podría poner en boca de Saint-Martin la frase de Angelus Silesius que, en su poema Queribínico, dice:
  • “Alejaos, Serafines, ¡no podéis reconfortarme! Alejaos, ángeles, y todo lo que se puede ver relacionado con vosotros; yo me lanzo solo en el mar increado de la Deidad pura”.
La herramienta y el crisol de esta misteriosa comunión deben ser, según Saint-Martin, el corazón del hombre.
Quería “entrar en el corazón de la Divinidad, y hacer entrar la Divinidad dentro de su propio corazón”, y con este sentido es por lo que se llamó a esta vía, preconizada por Saint-Martin, la “vía cordial”.
La evolución en la actitud de Saint-Martin se debió en gran parte al descubrimiento de la obra de Jacob Boehme.
En su diario personal, dice:
  • “A mi primer maestro es a quien debo mis primeros pasos en la vía espiritual, pero es al segundo a quien debo los pasos más significativos que he conseguido dar”.
Enriqueció las ideas de su primer maestro y las de su segundo maestro para construir con ambas un sistema personal.
Louis Claude de Saint-Martin transmitió una iniciación a algunos discípulos escogidos. (1)
Recordemos igualmente que tampoco Louis Claude de Saint-Martin es, él mismo, el creador de una asociación que lleva el nombre de Orden Martinista.
Por el contrario, se sabe que se constituyó alrededor de él un grupo (sobre 1795) al cual algunos de sus amigos se referían como “Círculo íntimo”, “Sociedad de los íntimos”. Balzac, en “El lirio en el valle”, nos da testimonio de la existencia de grupos de los discípulos de Saint-Martin:
  • “Amiga íntima de la Duquesa de Borbón, Mme. De Verneuil formaba parte de la sociedad santa cuya alma era M. Saint-Martin, nacido en Touraine, y llamado el Filósofo Desconocido. Los discípulos de ese filósofo practicaban las virtudes aconsejadas por las altas (especulaciones) de la iluminación mística” (2).
La iniciación transmitida por Louis Claude de Saint-Martin perduró hasta principios de siglo a través de diferentes filiaciones.
A finales del siglo XIX, dos hombres eran depositarios de esa iniciación:
  • El Doctor Gérard Encausse y Augustin de Chaboseau, cada uno para una filiación diferente. Examinemos rápidamente esas filiaciones.




Notas

(1) No todos los historiadores del Martinismo están de acuerdo sobre este punto. Algunos consideran que Saint-Martin no ha transmitido iniciaciones en el sentido en el que se entiende habitualmente. Según ellos, es a Papus a quien hay que considerar como el creador de la Iniciación Martinista. Sobre esto, ver “Le Martinisme” de Robert Amadou, ed. De l’Ascèse
1979, Chap. IV. Hasta ahora, ningún elemento permite aportar un juicio definitivo en un sentido o en otro.

(2) “Le Lys dans la Vallée”, H. De Balzac, Nelson 1957, pág. 64.



Portal delRégimen Escocés Rectificado del Guajiro


Saturday, January 5, 2019

El Simbolismo de los Números 3, 6 Y 9 en el Rito Escocés y Rectificado


EL SIMBOLISMO DE LOS NÚMEROS 3, 6 Y 9 EN
EL RITO ESCOCÉS Y RECTIFICADO

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Los números tienen en el Régimen Escocés & Rectificado significaciones específicas estrechamente ligadas a la inspiración Martinesista del Rito, y particularmente a la doctrina martinesista de la materia.
Tomemos en primer lugar el número 3. En el capítulo precedente hemos puesto en evidencia una primera significación de este número, relativa a las tres facultades divinas fundamentales, y no es necesario insistir más sobre ello en el marco de este artículo.
Esta primera significación se extenderá indistintamente a todos los grados, tal como señala la Instrucción por preguntas y respuestas del Maestro Escocés de San Andrés. Pero en otro aspecto el número 3 se relaciona más particularmente con el primer grado. Entra así en una serie coherente con los números 6 y 9, vinculados respectivamente al segundo y al tercer grados, y la significación de esta serie está directamente ligada a la doctrina martinesista de la materia. Esta significación está claramente y sintéticamente explicada en la Instrucción Secreta de los Grandes Profesos, y lo mejor que podemos hacer es citar el pasaje correspondiente de este texto, cita algo extensa, pero muy edificante:
“La naturaleza de los cuerpos de materia aparente ha estado determinada por una ley superior. Se han formado y hecho ostensibles a nuestra vista por la reunión de tres principios corporales, provenientes del concurso de tres elementos, constitutivos invisibles e impalpables. Cada uno de estos elementos es un mixto ternario, en una proporción respectivamente desigual en números, pesos y medidas de los tres principios fundamentales de toda corporación temporal material. Lo que explica los números misteriosos y fundamentales de la francmasonería primitiva de 36 y 9, que son para el iniciado el signo representativo del comienzo, la duración y el fin de todas las cosas temporales, como veréis en su momento".
En efecto, el número del primer grado designa los tres principios fundamentales de toda corporización, en su estado de simplicidad e inacción primitiva.
El número 6 del segundo grado, designa el principio de vida pasajera, que se le ha unido por una potencia secundaria, para hacer a estos tres principios susceptibles de amalgamarse y reunirse a fin de producir juntos una acción temporal.
El número 9 del tercer grado designa el ensamblaje de los tres mixtos ternarios o elementos impalpables, cuya reunión operada por un nuevo trabajo del principio vital, que los compone, constituye la materia y los cuerpos materiales en la forma asignada a cada uno por la ley original, que preside su formación. Este número nueve designa el fin de las cosas temporales, porque la forma de los cuerpos materiales solo es conservada por la presencia de esta vida particular y momentánea, que sostiene la existencia a lo largo de la duración prescrita para cada especie. Dado que en el universo todo es vida, el menor grano de arena tiene su principio vital, sin el cual, pronto dejaría de ser, y se reuniría con la magia invisible de los elementos de donde proviene. Este principio vital, existiendo separadamente del cuerpo al que está unido, une su número particular al número 9 del cuerpo material, y es solamente por esta unión que el individuo existe bajo su forma individual; pero inmediatamente que el principio de vida pasiva y pasajera, que tenía estas partes en unión, es retirado, este cuerpo queda entregado a su número novenario, que a falta de atadura, tiende rápidamente a su descomposición y disolución final. Entonces los elementos, los principios y los mixtos, con los que estaba formado, vuelven sucesivamente a su fuente.
En el punto en que nos encontramos, este texto realmente no tiene necesidad de más explicaciones. Sólo nos queda extraer algunas intenciones, precisar algunos detalles y sacar algunas aplicaciones.
El número 3, se nos ha dicho, designa las tres esencias espirituosas “en su estado de simplicidad y de inacción primitiva”. Hay aquí evidentemente una alusión al caos, eco de la Instrucción moral del Aprendiz que dice al nuevo iniciado: “Las tinieblas que os rodean os designan también las que cubrían todas las cosas en el principio de su formación”.
¿Por qué esta alusión al caos? En primer lugar porque el caos nos remite a la caída, a la gran perturbación inicial que ha quebrado la armonía de la inmensidad divina y lanzado el proceso cosmogónico. Se trata, desde el comienzo de la marcha iniciática, de definir exactamente el marco y de situarlo en su verdadera perspectiva metafísica y gnóstica - mucho antes de que el aprendiz pueda comenzar a sondear la profundidad de esta perspectiva.
Después porque el aprendiz es él mismo un caos, simbolizado por la piedra bruta. De este caos no se espera en su grado que se aparte demasiado. Ciertamente, se le ordena “trabajar sin descanso en desbastar” su piedra, pero no se espera que haga grandes progresos, y cuando se presente para ser recibido al grado de Compañero, el Venerable Maestro no le disimulará que “su trabajo no está muy avanzado”. El primer grado aún no está consagrado a la transformación de sí mismo: lo que se le pide al aprendiz es una toma de conciencia de su situación y de sus necesidades espirituales, toma de conciencia a la cual la Instrucción moral de su grado le llama elocuentemente, indicándole los puntos de apoyo. De esta forma el introductor le dirá al postulante al segundo grado: “Como Aprendiz, habéis debido buscar conocer vuestros deberes, e intentar cumplirlos”.
Al contrario, el grado de Compañero está centrado en la transformación de sí mismo. La piedra cúbica “es el emblema del hombre que, comenzando a conocerse, trabaja con provecho bajo la dirección de sus maestros en adquirir la perfección de la que su ser es susceptible”, dice la Instrucción moral del grado, e insiste sobre los instrumentos masónicos, símbolos de las herramientas espirituales del trabajo iniciático. Es por lo que el segundo grado se sitúa bajo el signo de la permanencia de las cosas temporales, siendo esta vida terrestre la permanencia que nos es impuesta para preparar nuestra reintegración.
Es muy difícil precisar la significación del número 6 para Martines. En el Tratado este número es sin duda el de la permanencia, pero solo de forma secundaria. En primer lugar es el número de los “seis inmensos pensamientos que [el Creador] había empleado para la creación de su templo universal y particular [es decir, del universo y de los individuos en él incluidos]” (Tratado, p. 138). Estos pensamientos debían por otra parte ser “operados” para llegar a ser efectivamente creadores, y Martines habla también de las “seis operaciones de la creación” (p. 508). Estos seis inmensos pensamientos u operaciones, que son evidentemente el corazón del proceso cosmogónico, y que Adán utiliza de forma perversa cuando su prevaricación, Martines ha puesto cuidado en velar su naturaleza exacta, y los Élus Cohen lyoneses parecían estar reducidos a las conjeturas sobre este punto. Nos presentan diversas ejemplificaciones del escenario sin poder precisar la significación radical:
“El número senario es dado a la creación universal así como a todos los seres de vida pasiva que están contenidos en ella, porque él es la imagen de la acción y de la reacción que le son dadas manteniendo en ellos la vida y el movimiento. Sea que veamos este número como la imagen de las seis potencias divinas o de los seis actos divinos que han operado la ejecución del universo, sea que lo veamos como el resultado de la adición misteriosa de las tres facultades divinas que lo han operado, sea finalmente que lo veamos como imagen del principio ternario que tiene innato el principio de la acción en las formas, y la del espíritu mayor que, cuando su descenso en el caos, por sus tres facultades potencias divinas sobre este principio ternario opera en él una reacción que da la vida y el movimiento a todo lo que él contiene, lo que nos es representado por el triángulo inferior y por el triángulo superior, encontraremos en ello igualmente este número senario de formación de los seres y de su permanencia”.
Aunque este texto no nos enseña nada sobre la naturaleza de los “seis inmensos pensamientos”, muestra bien que el rol del senario en la creación no concierne principal- mente, o incluso en absoluto, a la producción de las esencias espirituosas, pero sí a su organización en formas corporales y a la animación de estas últimas. Por otra parte, la adición aritmosófica, a la que el mismo texto hace alusión, por la que Martines hace salir los “seis pensamientos de creación” del número ternario de creación, muestra que estos seis pensamientos proceden, a través del Verbo, de tres facultades divinas fundamentales.
Es por su rol en la animación de las formas creadas que el número se convierte de forma natural en el número de la permanencia. La articulación se hace en el misterioso Hexamerón, esos seis días de la creación de los que Martines nos advierte para no entenderlos de forma literal:
“El número senario es aquel por el que el Creador hizo salir de su pensamiento toda clase de imágenes de formas corporales aparentes que subsisten en el círculo universal. ¿No enseña el Génesis que todo fue creado por Dios en seis días? Con esto no debemos pensar que el Génesis quisiera limitar el poder de la divinidad delimitando un tiempo, ya fuera de seis días o de seis años. El Creador es un espíritu puro superior al tiempo y a las divisiones temporales, pero pudo haber operado seis pensamientos divinos para la creación universal, y este número seis pertenece efectivamente a la creación de toda forma de materia aparente. Por este mismo número, el Creador da a conocer a su criatura, tanto espiritual como temporal, la duración del tiempo que deberá subsistir la creación universal”.
Sobre los seis días del Génesis, símbolo de las seis operaciones creadoras, la permanencia universal se modela. Esto hace decir a Martines, recordando aquí una tradición tan extendida que se trata más bien de un tópico, que el mundo material debe permanecer seis mil años (Tratado, p. 508). Más notable es el hecho de que Martines divida el día en cuatro periodos de seis horas (Tratado, pp. 350-352). Esta división, que acompasaba las plegarias cotidianas de los Élus Cohen (AF, pp. 80-81, ha dejado huellas en el Régimen Escocés y Rectificado (Instrucciones por preguntas y respuestas del Grado de Aprendiz, preguntas/ respuestas 100/102).
En lo que respecta al número 9, se halla igualmente en Martines una cierta oscuridad. Martines atribuye a este número un carácter demoníaco que no está perfectamente claro. Lo califica de “demoníaco perteneciente a la materia” (Tratado, p. 208). Parece que esto se refiere a la posesión, que Martines imagina, siempre penetrando su pensamiento, como una “unión” de tres potencias espirituales pervertidas del espíritu demoníaco con la vida animal senaria del hombre.
Este aspecto demoníaco del novenario no parece haber sido recogido por el Régimen Escocés y Rectificado, que ve solamente en este número el signo del carácter compuesto e inerte de la materia, incapaz de mantener su cohesión sin el concurso de un agente superior.
La Instrucción Secreta de los Grandes Profesos recoge una ilustración sorprendente de la “inercia” del novenario en la propiedad del número 9, que sus múltiplos se reducen siempre a este mismo número por la adición de sus cifras:
“Por el número 9 [de Maestro] se le enseña que la materia universal es inerte, que no tiene acción y que nada puede producir, sean cuales sean las combinaciones que quieran hacerse, si no hay en ella un principio de vida superior [?]. El número 9es el emblema de esta materia, teniendo como ella una apariencia muerta y pasajera; es por esto que es multiplicado ante el candidato, por la 7 (siete) baterías de tres veces nueve, que le dan siempre el mismo producto de 9; porque este número multiplicado hasta el infinito por sí mismo, o por otro número, no puede producir jamás otro número que no sea el 9”.
Terminaremos dando la interpretación del mausoleo del tercer grado. Recordemos en primer lugar su descripción: Tipharet, Netzaj, Hod y Yesod, que en la cábala forman junto con Malkut el “pequeño rostro” responsable de la manifestación ad extra y en particular de la creación temporal. El Zohar pone estos seis Sefirot en correspondencia con los seis días del Génesis, Malkut correspondiendo al Sabbat.
Pudiera ser que en ello haya lugar para que Martines haya recordado un elemento de tradición, no solamente hebraica, sino más precisamente cabalística no se puede evitar aproximar los “seis inmensos pensamientos” de Martines a los seis Sefirot inferiores: Jesed, Geburah. La batería del tercer grado, repetida por los dos Vigilantes, da en efecto un total de 3 x 9 = 27 golpes, y 27 ? 9 [2 + 7 = 9].
Por otra parte, el tapiz del grado recoge ochenta y una lágrimas (9 x 9 = 81 ? 9).
La propiedad del número invocada aquí es señalada por Martines en el Tratado (p. 222), pero ahí parece que se refiere al signo de la perpetuación de la raza no reconciliada de Caín.
“A Occidente, un poco más adelante de la puerta de entrada, habrá en relieve, o pintado cuando el local no lo permita hacerlo en relieve, un monumento o mausoleo, sobre una base triangular, que estará sobre tres peldaños. En cada uno de los tres ángulos de la tumba habrá tres pequeñas bolas juntas, de color amarillo, lo que hará un total de nueve bolas. Sobre la tumba, que estará coronada por una pirámide triangular, reposará una urna sepulcral, de la que se verá elevarse un vapor inflamado y separado de la urna. Se leerán estas palabras en la parte superior: DEPONENS ALIENA ASCENDIT UNUS. Y estas otras en la parte inferior: TERNARIO FORMATUS NOVENARIO DISSOLVITUR”
La inscripción “Ternario formatus novenario dissolvitur” está relacionada con el cuerpo material, formado por el ternario de las esencias espirituosas que se disuelve cuando “es liberado a su número novenario” por la retirada del alma vital. Este “número novenario” está indicado por los tres grupos de tres bolas situadas en los ángulos de la tumba; estos tres grupos ternarios representan más precisamente los tres elementos fuego, agua y tierra, que son los “mixtos ternarios” de las esencias espirituosas. La retirada del alma vital es evocada por el vapor inflamado escapando de la urna funeraria, esta urna siendo probablemente una imagen del corazón que es el “hogar” de la vida pasiva; pero esta misma llama simboliza también el vuelo fuera de la materia del alma espiritual o espíritu, con el que se relaciona la segunda inscripción “deponens aliena ascendit unus”, así que el Venerable Maestro enseña al recipiendario cuando le habla sobre el mausoleo:
“Todo hombre, por el mismo hecho de su nacimiento, es ya una víctima de la muerte. Pero el sabio ve aproximarse sin temor el instante en que la muerte le despojará de lo que le es extraño para devolverlo a sí mismo”.
Este mausoleo es pues una resumida imagen muy precisa de la doctrina martinesista y willermoziana concerniente a la materia, la incorporización y la descorporización del hombre.
Ya hemos dicho que la muerte corporal es una etapa necesaria, pero no suficiente, de la reintegración. Con más precisión puede decirse que, después de la vida terrestre consagrada a la preparación de la reintegración por el trabajo iniciático -este es el tema que concierne al grado de Compañero- la muerte marca el principio del proceso que conduce a la reintegración efectiva. Es en tanto que fase inicial de este proceso que la muerte es el tema particular del grado de Maestro.



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Friday, January 4, 2019

El Poder del Perdón Carmelo Ríos


El Poder del Perdón

Carmelo Ríos

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Tal vez el perdón sea el acto más sabio, mas profundo y más liberador que un ser humano pueda realizar en esta vida, y a la vez el que mas le acerca a Dios, que es perdón absoluto, absolución eterna y eternidad liberadora. 

Al candidato en el umbral de la Iniciación se le pide que haga tabla rasa con su pasado, que perdone, que olvide, para abrirse a una nueva posibilidad de vida en esta misma existencia que se ofrece ahora, a cambio de la capitulación del yo mismo, de la rendición incondicional ante una fuerza o luz infinitamente mas poderosa que el ego. 

Acaso el perdón sea el único gesto soberano que el ser humano puede hacer antes de morir y renacer en vida por el proceso mismo de la alquimia del espíritu. Perdonar es un acto de sacrificio, pues renunciamos a la venganza, al desquite, a la justa o injusta compensación.

Hay varias formas de perdón. Primeramente está el valeroso acto de pedir perdón, no solamente a los seres humanos, sino a la Naturaleza y al Universo visible o invisible. Elevar nuestra mirada y nuestras manos hacia la noche estrellada y pedir perdón al Infinito por nuestra mediocridad, por nuestra ingratitud, por nuestra ignorancia y nuestra falta de amor. 

Pero, cuan a menudo nuestro orgullo, que es el adversario por excelencia del amor y de la luz, nos ha impedido pedir perdón, no como un gesto de cortesía o de superflua e hipócrita norma social, sino desde una profunda contrición, desde una sincera humildad, desde la urgente necesidad de reconciliarse, de redimir, de establecer la paz, la tregua o el armisticio de las situaciones mas imperdonables aun en medio del campo de batalla de las difíciles relaciones humanas, y decir desde los mas hondo de nuestro sentir: lo siento, lo siento mucho, te pido perdón. 

Acaso pedir perdón, con valor, con humildad, con absoluta entrega y desde el corazón roto sea otro acto soberano que caracteriza al verdadero buscador espiritual, al peregrino del Amor, al genuino capitán, al auténtico líder de los hombres, pues nuestra capacidad de perdonar y de pedir perdón es sinónima de nuestra grandeza de alma.

Martin Luther King dijo que aquel que es incapaz de perdonar es incapaz de amar. El perdón renueva nuestra vida y pone fin a los asuntos pendientes, nos da otra oportunidad, nos ofrece la posibilidad de redimir lo pasado, nos saca del infierno en vida del rencor, del resentimiento, de la cólera, de la idea de venganza, e incluso de justicia, y nos permite la entrada libre en el Reino de los Cielos, que no es un lugar allende de las estrellas, sino un estado de la mente y del corazón compasivo, expandido y redimido. 

Los Maestros de todas las tradiciones espirituales nos recuerdan constantemente que pidamos perdón y que perdonemos antes de que sea demasiado tarde, pues el perdón es un acto primordial de inteligencia espiritual y de compasión hacia nosotros mismos, y acaso sea la compasión la lección que todos los seres venimos aprender a esta tierra. Perdonar es también un acto de profunda sabiduría, pues como dijo León Tolstoy:"comprenderlo todo es perdonarlo todo".

Perdonar es olvidar. Solo alguien muy oscuro o ignorante puede decir "perdono pero no olvido". Precisamente la ciencia ha descubierto que una de las funciones principales de la memoria es su capacidad de olvidar. ¿Y cuantas veces deberemos olvidar las ofensas, perdonar a nuestro hermano, a nuestro prójimo como a nosotros mismos? El Maestro del Amor nos dice categóricamente: ¡setenta veces siete¡ 

¿Pero existe aun algo más difícil, mas salutífero y mas redentor que perdonar o pedir perdón? Si, perdonarse a uno mismo. Un viejo axioma de Confucio dice: "Perdonárselo todo a aquel que es incapaz de perdonarse a sí mismo". 

¡Perdonarme a mi mismo¡ Eso es algo para lo cual uno no se siente nunca suficientemente preparado, ni entrenado, ni incluso "autorizado". Preferimos vivir en el purgatorio moral del desaliento, de la mortificación, de la auto-culpa, no perdonarnos y como consecuencia, no perdonar, alimentando con la memoria el hedor lúgubre de la pena, del remordimiento y la tristeza, que marchitan nuestras vidas y nos arrebatan el precioso don de la alegría, tal vez esperando que algo o alguien, quizás un sacerdote, un santo, un ángel o una fuerza sobre-natural haga por nosotros lo que nadie puede hacer por nosotros.

¿Alguna vez nos hemos atrevido a decirnos frente al espejo, pronunciando nuestro nombre: ¡te perdono¡ Te perdono de corazón, total y absolutamente, y te dejo libre?, como se lo diríamos a nuestro único hijo adolescente que se hallara apesadumbrado por las consecuencias de una decisión errónea o de un acto equivocado 

Y aun en la distancia, podemos pedir perdón y perdonar, pues la energía sigue al pensamiento y estas imágenes, clichés y vibraciones sutiles de perdón y de anhelo de reconciliación, viajarán por el éter en busca de la unidad con el otro y de la Divina Armonía que ponen fin al dolor y al sufrimiento, a veces de muchas vidas pasadas. 

Pero, nos preguntaremos, y si el otro- si es que existe un "otro" que no sea yo mismo fuera de mi- no desea la paz, no busca la reconciliación, la curación de lo incurable? El Maestro Philippe de Lyón nos dice que hablemos entonces con nuestro Ángel de la Guarda para que hable con el Ángel Guardián nuestro "adversario" y que ambos lleguen a un acuerdo. 

El Maestro Philippe daba una importancia extraordinaria al perdón. En muchas de sus enseñanzas hacía referencia a la necesidad absoluta de perdonar y de pedir perdón:

- "En la vida progresamos sin cesar, y en la medida en que progresamos, cambiamos de guía. De ahí la necesidad de hacer la paz INMEDIATAMENTE con los enemigos, pues, ofendiendo a los enemigos, ofendemos a su guía, y la paz solo puede ser hecha entre los mismos interesados. Sino, habrá que esperar a que en una serie de reencarnaciones el mismo periodo se produzca y que el perdón sea acordado. Es necesario, incluso, que el ofendido rece por el ofensor". 

Que redención, que alegría, que júbilo el perdonar y pedir perdón, ¡pero que gloria aun mayor es perdonarse a sí mismo¡ Si no me perdono, si no me olvido, si me juzgo, si me condeno y no me exculpo, me aferro al dolor, a la necesidad de sufrir, a la culpa, y consecuentemente, espero el castigo o el mal karma. ¿Y que puedo crear, en que puedo creer, como puedo crecer si me aferro al dolor, a la culpa y al sufrimiento que conllevan los supuestos errores cometidos en un pasado sobre el cual ya no tengo ningún imperio? ¿Que ha ocurrido en la historia de la humanidad cuando los hombres han erigido ideologías, religiones y filosofías basadas en el dolor, el miedo y la culpa? 

Se cuenta que en una ocasión, un prisionero de un campo de concentración le preguntó a otro: ¿has perdonado a los nazis? Y este le contestó: ¡nunca! El otro le respondió:¡entonces, aun te tienen prisionero!.

Los sufíes dicen: "El enemigo está agotado de ti". Y busca también su redención, su absolución, su perdón. Pues el perdón libera al que es perdonado y con frecuencia también al que perdona. Los Evangelios dicen que el propio Jesús el Cristo perdonó a sus verdugos, pues como la mayoría de de los hombres, en todas las épocas, reinos y dimensiones de consciencia, no sabían lo que hacían.

¡Que fuerza tan extraordinaria, que alquimia sublime del Amor glorificado y expandido, y que belleza del corazón secreto se encuentran en el perdón¡. El perdón permite que nuestro corazón se rompa por todos los corazones que rompió, y la redención que surge de ese acto de compasión dinámica lo reconstruye despacio, fragmento a fragmento, para resucitar a la verdadera vida como el cuerpo desmembrado de Osiris, de Orfeo o de Mitra.

El poeta inglés William Blake dijo: "Es más fácil perdonar a un enemigo que a un amigo", pues del amigo solo esperamos comprensión, apoyo, y afecto, y del enemigo aguardamos solo lo peor, la traición, el oprobio o el ataque. Así que el desafío del discípulo, del verdadero buscador espiritual es perdonar también a su amigo, a su hermano, indultarle de las ofensas, de los actos y aún de los pensamientos, antes incluso de que los realice. 

El perdón del corazón es una suerte de presagio del Cielo en la Tierra que no puede ser provocado, pues llega a veces como el deletéreo vuelo de una Presencia angelical que nos acerca al misterio insondable de la Gracia. Como consecuencia de la llegada de esa bendición sutil, es perdonado lo imperdonable, es olvidado lo inolvidable, es amado lo poco amable y es redimido lo irremediable. 

Sueño con el día en que el ángel dormido que soy yo, tenga el valor de erigirse ante la Presencia de Dios, y pedir perdón en nombre de todos los seres sensibles, por los millones de años de separación de la Luz y del Amor. 

Así, concluyo que el Cielo en la Tierra ha de edificarse sobre la misericordia, la compasión y el perdón, y que todo, absolutamente todo, ha de ser perdonado. 

Siddharta el Buda nos aconsejó: "Sed como el sándalo que perfuma la hoja que le infiere corte". Y el escritor Mark Twain dice en uno de sus poemas:
"El perdón es el perfume
Que la violeta deja
en el pie que la pisa".
Bibliografía:
  1. Le Maître Philippe de Lyon, Thaumaturgue et Homme de Dieu", por Philippe Encause. Ediciones Tradicionales, Paris, 1985.
  2. "El Maestro Philippe", de Alfred Hael. Ediciones Escuelas de Misterios. Barcelona.
  3. "Un año de Vida" de Stephen Levine. Ediciones Libros del Comienzo.
  4. "La Sabiduría del Perdón". S.S. Dalai Lama. Ediciones Oniro.

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Hermano, ya llegaste a la Puerta del Templo


Wednesday, January 2, 2019

El Santo Grial & El Grial, Símbolo Universal Carmelo Ríos


El Santo Grial & El Grial, Símbolo Universal

Carmelo Ríos

¡EL Santo Grial! Objeto de búsqueda eterna de los hombres de deseo a través de los tiempos. Piedra del Exilio o Piedra angular del templo de la Verdad perdida que, a pesar de los siglos, ha de ser reencontrada. Sagrado símbolo de la culminación de aquella Gran Obra que ha de ser realizada en el crisol de la propia Alma. Punto de convergencia de las más antiguas tradiciones sagradas de Oriente y Occidente. Símbolo místico por excelencia de la Gracia de Dios, el Grial es el depositario del secreto mismo de la unión con la Divinidad; para algunos, vehículo de un poder cósmico más allá de lo imaginable. Cáliz de Cristo, su búsqueda nos lleva a reinos de magia y misterio, de iniciación y de peregrinación alquímica, en el que ambos hemisferios, Oriente y Occidente, se unen dentro y fuera del propio ser, el hombre mortal y el hombre Divino.



EL GRIAL, SÍMBOLO UNIVERSAL

Tratándose de un símbolo común a todas las tradiciones, intentaremos seguir sus pasos, ya que únicamente queda testimonio de tan preciada reliquia una vez que ésta deja de existir visiblemente en los lugares que antaño fueron su secreta morada. Aunque su origen sigue siendo un misterio insondable, el Cáliz como símbolo sagrado irrumpe en medio de la tradición céltica como el célebre Caldero de Keridwen, mujer de linaje y madre de un hijo poco agraciado que decidió preparar un elixir a fin de convertirlo en el más hábil de los hombres. Para ello, se entregó a la elaboración de una mixtura a base de ciertas plantas, a las que confirió el evocador nombre de Greal, pidiendo al enano Guyon que vigilara la obra durante su ausencia. Una noche el líquido se desbordó, y el guardián del caldero vertió tres gotas sobre su dedo, que poco después llevó a sus labios. La leyenda nos cuenta que entonces tomó conciencia de su verdadero estado y alcanzó el más alto conocimiento. 


Al parecer, sólo unas gotas permitían la adquisición de esa visión interior, mientras que una dosis mayor resultaba letal, pues si hay un Grial que concede la Vida Eterna, hay también un cáliz que la arrebata. Como más adelante veremos al evocar los relatos de la búsqueda del Santo Grial del medioevo europeo, el Grial ha de ser custodiado, como fuente de poder y de iluminación, por hombres puros de corazón, y su sola visión, aun de lejos o cubierto con un velo, es más que suficiente para colmar todos los deseos humanos o divinos. 

Ello nos lleva también a pensar en el Haoma de las tradiciones iraníes. En el Yadna mazdeista está escrito: ¡Oh, Zaratustra, yo soy el Haoma, el puro, aquel que aleja la mortalidad! 

¡Homenaje a Haoma -responde Zaratustra-, el Santo, el Perfecto y muy Justo. Cura todos los males, concede la salvación y es la medicina del Alma! ¡Honor a Haoma que vuelve al pobre tan grande como al rico, que eleva el espíritu del ignorante a la altura de la sabiduría de los grandes! 

A este misterioso recipiente se le denomina en la tradición persa Djenschyd. Es de color blanco y amarillo, el primero de los cuales representa el sacrificio ritual del Avesta, emanado del árbol Yadbesh, de donde emana el elixir de la larga vida, ese mismo elixir de la inmortalidad buscado por los caballeros de la tabla redonda, que confería la Vida Eterna. 

¡Pero la Vida Eterna es sólo patrimonio del Alma! Ya que el Grial designa ante todo una vía de acceso hacia lo divino, hacia una comunión del hombre interior con una realidad que está más allá de los límites de la materia o del espíritu. Beber el brebaje de la inmortalidad hace descender de las alturas o fluir desde adentro la Luz de la Transfiguración. Experiencia trascendental que ha sido cantada por poetas y místicos de todos los tiempos y que hiciera exclamar al poeta Rumi: Estaba crudo, fui cocido. Me consumí... O más cerca de nosotros a Jacob Boheme: "No puede ser descrita ni dicha, solo puede ser comparada con la vida que nace en medio de la muerte, como la resurrección de entre los muertos". O que hiciera cantar a Rabin- dranath Tagore: "Gusté la miel de lo ilimitado en la Copa del Loto Eterno. Crucé el túnel de los padecimientos y hallé el recóndito camino de la dicha. Y vi unos rayos de luz cruzar el desierto mudo de la noche". 

En innumerables tradiciones, separadas por espacios y por siglos, vemos emerger cíclicamente la leyenda de un cáliz perdido, un recipiente maravilloso que contiene un Sagrado Licor de Vida. Según el cristianismo, el Cáliz habría sido tallado por los ángeles de una esmeralda caída de la frente de Lucifer, cuando luchaba con el arcángel San Miguel sobre el cuerpo de Moisés. Esta Piedra bien nos evoca el Tercer Ojo de los orientales, el sentido de eternidad o la facultad de percibir lo divino que el hombre ha perdido, sumergido ahora en la materia y convertido en un ser ciego e ignorante de su pertenencia a otro Universo. Cristalizado, yerra a través del desierto de la vida a la búsqueda de una respuesta a su eterna pregunta: Millones de veces formulada, jamás del todo contestada. 

Esta Caída del Hombre a los abismos insondables de la materia, causada por una desobediencia al mandato divino, nos lleva a pensar en el misterio cristiano del pecado original, íntimamente unido al secreto del Grial. A pesar de que para la espiritualidad oriental el alma nace libre e iluminada, cubierta únicamente por el espejismo de Maya, del cual ha de liberarse, para la teología del cristianismo de la Iglesia de Piedra el Hombre nace culpable de un error cometido por ancestros que nos son muy lejanos en el espacio y en el tiempo. Pero a la luz de la Tradición Iniciática, el misterio de la simbólica Caída provocada por Adán (el hombre arquetipo) tras comer de los frutos del Árbol de la Vida, no se presenta como un error en sí, sino como una condición necesaria para un proceso cósmico. El hombre divino se encarna por un acto de amor, para que Dios, la unidad, el Ser Supremo, como dice la Kábbalah, se contemple a sí mismo. 

Pero Dios no deja solo al Hombre, y el Grial, la joya perdida, aparece entonces como un vínculo eterno e indisoluble, como el símbolo de una Gracia accesible al ser humano en su sendero de Retorno hacia la eternidad. Unidad reencontrada que en la alquimia es representada por las nupcias místicas del Rey y de la Reina, y en los relatos de caballería como la unión idealizada del caballero con la dama, deseo inconsciente de unidad consigo mismo, de matrimonio sagrado del alma y la mente. 

En la Eucaristía Cristiana, el Cáliz ocupa un lugar fundamental. Sobre El y a través del vino se vierte el poder del Amor del Cristo en el instante de la Consagración y de allí a través del sacerdote -debidamente protegido con mantos, joyas y piedras, en la antigua liturgia- a los fieles, que con la cabeza inclinada reciben el Soplo Divino. Sin embargo, la Iglesia nunca ha pretendido desarrollar el alto simbolismo del Grial, quizá por relacionarlo con ciertas herejías que alrededor de él han ido modificándose a lo largo de la historia, a pesar de que la Iglesia misma había sido construida sobre una simbólica piedra. Pero si existe una Iglesia de Pedro, exotérica, visible, mortal, existe igualmente una Iglesia de Juan, esotérica, iniciática, invisible e inmortal, edificada sobre el propio Grial y accesible únicamente a través del estrecho portal de la Iniciación Mayor. A esa Iglesia Interior, Griálica, pertenecieron los más ilustres Maestros del Pasado. 

La tradición nos enseña que para el corazón sincero y valeroso pueden abrirse los portales de ese Castillo Venturoso, ciudadela del Grial, que según la leyenda puede aparecer en cualquier momento y en cualquier lugar. Mont-Salvage, montaña de la salvación, centro del mundo o montaña cósmica, pero ante todo centro de sí mismo y morada del Alma humana. 

Todo nos revierte una y otra vez al misterio mismo de la encarnación del Alma y la búsqueda de "algo que está perdido", ya sea el Cáliz de la Última Cena, los Planos del Templo de Salomón, la Tumba de Christian Rosentkreuz, o la misteriosa Palabra Perdida de los Rosa+Cruces. Unidad del Ser representada también en la tradición Artúrica por el misterioso símbolo de la espada hundida en la Piedra. Arma de poder iluminador que en numerosas tradiciones representa a la sabiduría que ilumina las tinieblas. Prueba caballeresca por excelencia y condición fundamental para acceder al Santo Grial, se dice que apareció súbitamente la noche de Navidad, durante la misa. Hondamente hundida en una mágica Piedra, iba acompañada de un mandato profético: Aquel que extraiga esta espada de esta piedra será rey por derecho de nacimiento. 

Pero el alto significado místico de la espada, también común a innumerables tradiciones, nos lleva aún más lejos en nuestra búsqueda. En la leyenda de los Nibelungos, Siegmund, padre de Sigfrido, rompió la espada que había extraído del Árbol del Mundo contra el yelmo de Odín. Antes de morir, Siegmund entregó a su esposa ambos fragmentos de la espada rota que ésta debía transmitir a su hijo. Sigfrido logró recomponerla, volviéndola a forjar, y con ella dio muerte, instado por el Rey Regín, al dragón, quien también le ordenó cocer el corazón del monstruo. Por azar, Sigfrido probó el corazón del dragón, y se dice que inmediatamente comprendió el Lenguaje de los Pájaros (la lengua primordial no escrita ni dicha) quienes le advirtieron de la traición del Rey... 

Excalibur, la célebre espada del Rey Arturo, forjada por los dioses cuando el mundo aún no existía, según la leyenda, es entregada a Arturo por la Dama del Lago. La sabiduría, una vez más, es extraída de un medio acuático. Pero la espada es también otro símbolo del centro del mundo, del Axis Mundi o interior del Ser. Fuerza poderosamente vertical que desciende sobre la materia virgen fecundándola y creando la vida. La espada como vehículo iniciático por excelencia y objeto -como el cetro- transmisor de poder, posee una importancia primordial en la iniciación caballeresca de todos los tiempos.