Wednesday, July 14, 2021

El Origen del temor a los viernes 13 - La Maldición de los Templarios

 

El Origen del temor a los viernes 13 - La Maldición de los Templarios

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La aversión al número 13 está fuertemente arraigada en la cultura occidental. En la Última Cena había trece personas (doce apóstoles y Jesús), siendo Judas el traidor, el número 13. En el Apocalipsis, el capítulo 13 corresponde al anticristo y a la bestia. A su vez, la Cábala –una disciplina de pensamiento esotérico relacionada con el judaísmo– enumera a 13 espíritus malignos; al igual que las leyendas nórdicas, donde Loli, el dios de las travesuras, aparece en ocasiones citado como el invitado número 13. Por su parte, el viernes según la tradición cristiana es el día que Jesucristo de Nazaret fue crucificado. Además, algunos estudiosos de la Biblia creen que Eva tentó a Adán con la fruta prohibida un viernes y que Abel fue asesinado por su hermano Caín el quinto día de la semana. Cabe recordar que los siete días de la semana –establecidos en función del tiempo en el que transcurre un ciclo lunar– son definidos por las religiones judeo-cristianas y musulmanas como el tiempo que tardó Dios en crear los cielos y la tierra, y todo lo que hay en ellos.


El viernes, considerado por las razones anteriores un día aciago por la tradición cristiana, coincide entre 1 y 3 veces por año con el número de la mala suerte, el 13, dando lugar a la fecha más «maldita», de la que cine y literatura han dado buena cuenta. No en vano, el miedo por los viernes 13 tiene su epicentro histórico en una fecha que quedó marcada por el misterio y la traición: el viernes 13 de octubre de 1307. En la madrugada de este día, el Rey francés Felipe IV inició una brutal persecución contra la Orden de los Caballeros Templarios que provocó el arresto masivo de sus miembros.


Felipe IV persuadió al Papa Clemente V para que iniciase un proceso contra los templarios acusándolos de sacrilegio a la cruz, herejía, sodomía y adoración a ídolos paganos a través de la práctica de ritos heréticos. Especialmente humillante –bajo el prisma de la época– era la acusación de practicar actos homosexuales entre los caballeros de la Orden del Temple, que vivían a medio camino entre la austeridad de un monje y las exigencias de un guerrero. No obstante, se trataban de falsedades sin base alguna para ocultar las verdaderas causas de carácter económico. El Rey de Francia –donde los templarios vertebraban la mayor parte de la influencia y el patrimonio adquiridos durante las Cruzadas– coaligado con el papado y los dominicos ambicionaban acabar con la poderosa y acaudalada orden militar, convertida en el principal prestamista de la Corona francesa y de otros países europeos.

Las calumnias se convierten en acusaciones

Clemente V, pese a ser francés y antiguo arzobispo de Burdeos, mostró inicialmente su oposición a la guerra que Felipe IV pretendía desencadenar contra los templarios, puesto que necesitaba de su ayuda militar para iniciar una nueva cruzada en la zona de Palestina. Sin embargo, la negativa del último gran maestre, Jacques de Molay al proyecto Red Bellator –impulsado por la Corona de Aragón para fusionar todas las órdenes militares bajo un único rey soltero o viudo– predispuso al Papa en contra de la Orden.


En 1307, Jacobo de Molay, secundando los deseos papales de Cruzada, llegó a Francia para reclutar tropas y abastecerse de vituallas. A su paso por el país escuchó las calumnias propagadas contra su Orden por el Monarca francés. Para ello se sirvió de las acusaciones de Esquieu de Floyran, un espía al que Jaime II de Aragón había expulsado de su corte por verter falsedades contra los templarios pero que fue recibido con los brazos abiertos por el Rey galo, deseoso de provocar su caída a cualquier precio.


Ofendido por la campaña de desprestigio contra la Orden del Temple, Jacobo de Molay acudió ante el Papa solicitando un examen formal para desacreditar las burdas calumnias. Accedió Clemente V a sus deseos y así se lo comunicó al Monarca francés por carta del 24 de agosto de 1307. Pero Felipe IV, quien había intentado entrar sin éxito entre las filas templarías cuando se quedó viudo, no estaba dispuesto a dilatar el asunto y cerró el puño sobre su presa. Aconsejado por su ministro Guillermo de Nogaret, Felipe IV despachó correos a todos los lugares de su reino con órdenes estrictas de que nadie los abriera hasta la noche previa a la operación: el jueves, 12 de octubre de 1307. Los pliegos ordenaban la captura de todos los templarios y la requisa de sus bienes.


El 12 de octubre de 1307, a la salida de los funerales de la condesa de Valois, el maestre Molay y su séquito fueron arrestados y encarcelados. Y durante la madrugada del viernes 13, la mayoría de los templarios franceses fueron apresados y sus bienes confiscados bajo pretexto de la Inquisición. La resistencia militar fue mínima a causa de la avanzada edad de los guerreros que permanecían en Francia. Los jóvenes se encontraban preparando la inminente cruzada en la base de Chipre.
Para mitigar el escándalo, el Rey publicó un manifiesto donde involucraba al Papa en la decisión. Cuando Clemente V se enteró de la detención, reprendió al Monarca y envió dos cardenales, Berenguer de Frédol y Esteban de Suisy, para reclamar las personas y bienes de los encausados. Tras pactar con el Papa las condiciones del proceso, Felipe IV consiguió la facultad de juzgar a los miembros franceses de la Orden del Temple y administrar la mayoría de sus bienes. No obstante, el proceso fue del todo irregular. Sin ir más lejos, los templarios habían de ser juzgados con respecto al Derecho canónico y no por la justicia ordinaria de Francia. Asimismo, Guillermo de Nogaret –mano ejecutora del Rey– estuvo bajo la excomunión formal de la Iglesia desde el principio hasta el fin de los procesos.

Una amenaza, que resultó ser una profecía

Por medio de la tortura, la Inquisición obtuvo las declaraciones que deseaba, incluso del Gran Maestre, pero estas confesiones fueron revocadas por la mayoría de los acusados posteriormente. Mientras el Papa tomaba una decisión definitiva sobre la Orden y el futuro del Gran Maestre y el resto de cargos superiores, un goteo de templarios fue pasando por la hoguera en medio de un sinfín de irregularidades y el recelo del pueblo llano. En 1314, Jacobo de Molay, Godofredo de Charney, maestre en Normandía, Hugo de Peraud, visitador de Francia, y Godofredo de Goneville, maestre de Aquitania, fueron condenados a cadena perpetua, gracias a la interferencia del Papa y de importantes nobles europeos. No en vano, encima de un patíbulo alzado delante de Notre-Dame, donde se les comunicó la pena, los máximos representantes de la orden renegaron de sus confesiones: «¡Nos consideramos culpables, pero no de los delitos que se nos imputan, sino de nuestra cobardía al haber cometido la infamia de traicionar al Temple por salvar nuestras miserables vidas!». El desafío de los líderes templarios, rompiendo lo pactado, les condenó a muerte.
Aquel mismo día, se alzó una enorme pira en un islote del Sena, denominado Isla de los Judíos, donde los cuatro dirigentes fueron llevados a la hoguera. Según se cuenta entre el mito y la realidad, antes de ser consumido por las llamas, Jacobo de Molay se dirigió a los hombres que habían perpetrado la caída de los templarios: «Dios conoce que se nos ha traído al umbral de la muerte con gran injusticia. No tardará en venir una inmensa calamidad para aquellos que nos han condenado sin respetar la auténtica justicia. Dios se encargará de tomar represalias por nuestra muerte. Yo pereceré con esta seguridad». Fuera real la frase o un adorno literario añadido posteriormente por los cronistas, la verdad es que antes de un año fallecieron tanto Felipe IV como Clemente V.


En el resto de Europa, la persecución Templaria no fue tan violenta y sus miembros fueron absueltos en la mayor parte de los casos. Sus bienes, no en vano, fueron repartidos entre la nobleza o integrados en otras órdenes militares como la de los Hospitalarios.


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Thursday, July 8, 2021

Características más Relevantes del Ritual de Emulación

 

Características más Relevantes del Ritual de Emulación

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El Ritual de Emulación es claro y sencillo. Traza un camino a practicar que es independiente de análisis y explicaciones. La experiencia del Ritual y las Tenidas es vivencial. El trabajo masónico se representa como un psicodrama destinado a dejar una profunda huella en la mente y corazón del hermano. La progresión de Aprendiz a Maestro se funda en el estudio del catecismo, su comprensión, la introspección y el conocimiento profundo de las herramientas del grado. La simbología representa el trabajo personal de la piedra bruta, símbolo del compromiso moral y su perfeccionamiento.

De una profunda orientación espiritual, le otorga gran importancia a la moralización de la vida del iniciado. Lo invita a tener un comportamiento fraterno, benéfico y solidario con su entorno. Su transmisión es de boca a oído, vinculando al maestro con su aprendiz. Se enfatiza la memorización de las ceremonias, no solo con el fin de protección de nuestros secretos, sino también como un instrumento para la transformación interior que catapulte su accionar al exterior. En el grado de maestro masón se completa en su forma original accediendo al Arco Real, donde se encuentra lo que originalmente constituía el sublime grado de M.·.M.·. en su totalidad. En el Rito de Emulación se asignan objetos de estudio por grado, encontrándose estos en los ritos de iniciación y el catecismo de cada grado. Lo cual se profundiza con la internalización de las enseñanzas esotéricas vinculadas con las herramientas del grado.

Estas herramientas son en primer grado:

El martillo, cincel y la regla de 24 pulgadas en el grado de compañero son:

La escuadra, nivel y la plomada y
en el grado de M.·.M.·.
El compás, la lienza y el lápiz

Cada uno de estas herramientas tienen una significancia con respecto a los objetos de estudio del grado que puede observarse desde lo práctico y evidente hasta lo velado y metafísico. Como hemos visto, la temática que inspira el Rito de Emulación está basada en la leyenda de la construcción del templo de Salomón. De aquí derivan las palabras, toques y signos, diálogos de apertura y cierre de los trabajos en cada grado.

Una hermosa alegoría se encuentra en el grado de M.·.M.·. en la leyenda de Hiram Abif, el maestro constructor. De aquí se obtienen los secretos substitutos perdidos de la masonería. Destacan los cinco puntos del compañerismo y las obligaciones que ilustran los principios de Amor fraternal, Asistencia y Verdad.
Estos son a saber:

  • Mano con mano os saludo como hermano.

  • Pie con pie, Os ayudaré en todas vuestras empresas loables.

  • Rodilla con rodilla la posición de mis súplicas cotidianas me recordará constantemente vuestras necesidades.

  • Pecho contra pecho, guardaré vuestros secretos legítimos que sean confiados a mi custodia como tales, cual si fueren los míos propios.

  • Mano sobre hombro, defenderé vuestro honor tanto en vuestra ausencia como en vuestra presencia.

También son significativos los secretos substitutos de la leyenda Hirámica.

Estos son aquellos encargados por el Rey Salomón para reemplazar los perdidos con la inoportuna desaparición del maestro constructor, el hijo de la viuda. Se obtienen del rescate del cadáver del mismo por los compañeros constructores. Son a saber: - Signo de horror, ante la visión del cadáver del maestro. - Signo de simpatía, ante la visión de su lesión mortal. - Signo de penalidad, en alusión a la penalidad de la obligación del maestro. - Signo de asistencia, dado por el maestro en su intento de escape del templo. - Signo de gloria, en alusión a la asistencia del Más Alto. Estos signos y símbolos se repiten en la clausura del tercer grado en cada ceremonia del Rito de Emulación.

EL TEMPLO DE EMULACIÓN

Al ingresar a un Templo de Emulación, se puede apreciar que todas las luces del templo están encendidas. El Ara no se sitúa al centro de la Logia, sino que es una continuación del pupitre del V.·.M.·.. Todos los hermanos están a nivel, no existen gradas para subir al sitial del V.·.M.·. ni al Primero o Segundo Vigilante. El arreglo del Templo corresponde a la orientación durante la construcción del Templo del rey Salomón El arreglo del Templo, corresponde al llamado sistema Pitagórico.

  • El V.·.M.·.se ubica en el Oriente con el Ara en frente suyo, donde descansan el Volumen de la Ley Sagrada, el compás y la escuadra.

  • El primer Vigilante se sitúa frente al V.·.M.·.en el Oeste y el segundo vigilante se sitúa al Sur.

  • Las columnas se sitúan en la esquina noroeste del templo, a la izquierda del primer vigilante.

La oficialidad de la Logia es la siguiente:

Venerable Maestro (WM)
Ex Venerable Maestro (IPM)
Primer Vigilante (SW)
Segundo Vigilante (JW)
Secretario (Sec)
Tesorero (Tres)
Primer Diácono (PD)
Segundo Diácono (JD)
Guarda Templo Interno (IG)
Tyler o Guarda Templo Externo (T)
Capellán (CS)
Organista (Org)
Sterward o asistente
Un Almoner o Limosnero (Alm) - y el
Director de Ceremonias (DC).

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Hay tres oficios característicos del Ritual Emulación: los dos diáconos, que portan un bastón y guían todos los desplazamientos en el templo, y el tejador "exterior” o Tyler, que está sentado en el exterior, ante la puerta y que encarna al "guardián del umbral". El también llamado Guarda Templo Externo, realiza una labor muy importante en la antigüedad, y en premio a este esfuerzo de entrega y valor, tiene hasta nuestros días, la misión de cerrar los trabajos en su parte formal, durante el Ágape Fraternal con el último brindis oficial de la noche llamado “Tyler Toast”. Un dato importante es que este rito es el más practicado en los países anglosajones. Exige que las ceremonias sean conocidas de memoria. El ritual no se lee en Emulación, sino que se recita o declama, utilizando los catecismos como método de enseñanza en los diferentes grados. En referencia al Ágape Fraternal en el Rito de Emulación, este es considerado no una simple cena cordial entre camaradas, para terminar la jornada. Por el contrario, el Ágape contiene elementos esotéricos que aportan y complementan el trabajo ritual realizado en Logia. Este transcurre en un ambiente cálido pero formal, donde los temas de conversación están dirigidos al intercambio de impresiones sobre temas masónicos o de mutuo conocimiento fraternal entre los hermanos. En su concepción, el ágape tiene un carácter ritual y es parte inseparable de la Tenida, de ahí su carácter obligatorio, ya que es la continuación de los Trabajos bajo otra forma. Este comienza con un agradecimiento y bendición de los alimentos. A continuación se toma asiento en la mesa fraterna según protocolo, haciendo uso de la palabra en un orden preestablecido, incluidos los brindis de rigor, que culminan con el brindis del retejador o “tyler toast”.

Wednesday, June 23, 2021

Hugo de Payns

 

Hugo de Payns



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No existe una biografía temprana de Hugo de Payns, ni los escritores posteriores citan dicha biografía. Ninguna de las fuentes en su carrera posterior da detalles de sus primeros años de vida. La información es, por lo tanto, escasa e incierta. Las afirmaciones hechas dependen en parte de documentos que pueden no referirse al mismo individuo y de historias escritas décadas o incluso siglos después de su muerte (Ver artículo: Julio Cesar)
El nacimiento de Hugo de Payns, primer Maestro y fundador de la Orden del Templo, está envuelto en el misterio. Algunos historiadores lo ubican en Ardeche, pero la mayoría está de acuerdo en que proviene de Champagne.
Nació alrededor de 1070 en las tierras de Payens, ubicado a unos 10 km de Troyes.
La única declaración tardía de que el fundador de los Caballeros Templarios vino de «Payens cerca de Troyes» tiene alguna confirmación circunstancial ya que una comandancia Templaria fue construida en Payens, sin embargo, algunos estudiosos han buscado los orígenes de Hugues en otros lugares.

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Hubo un reclamo temprano de que venía de Vivarais, distrito de Viviers en el departamento moderno de Ardèche. Hugo también ha sido identificado como Hug de Pinós, tercer hijo de Galceran I, señor de Pinós en Cataluña, no obstante, Galceran se casó solo en 1090, una fecha demasiado tardía para ser el padre del fundador de los Caballeros Templarios. (Ver artículo: Francisco Franco)
Hugo de Payns parecía ser una persona importante en el Tribunal del Conde de Champagne. Su nombre se menciona varias veces como testigo de las donaciones hechas por el Conde de Champagne. Nadie puede decir con seguridad si el caballero participó en la Primera Cruzada o no, sin embargo, es interesante notar que su nombre está ausente de los actos de donación hasta el regreso de los primeros cruzados.
Con un elemento de seguridad podemos decir que de Payns acompañó al Conde de Champagne en su peregrinación a Jerusalén en 1104. Regresó a Francia el año siguiente sólo para visitar Tierra Santa en 1114 con otros caballeros seculares, apoyados por el Conde.
Los cronistas posteriores escriben que Hugo de Payns se acercó al rey Balduino II de Jerusalén, cuyo reinado comenzó en 1118, con ocho caballeros, siendo todos parientes por sangre o matrimonio, con el fin de formar la Orden de los Caballeros templarios. Los otros caballeros fueron Godfrey de Saint-Omer, Payen de Montdidier, Archambaud de St. Agnan, André de Montbard, Geoffrey Bison y dos hombres registrados solo con los nombres de Rossal y Gondamer. Balduino aprobó la fundación de la Orden y confió el Templo de Jerusalén a su cuidado.

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Hugo de Payns y sus compañeros se pusieron al servicio del Canon del Santo Sepulcro para cuidar y proteger a los peregrinos que vinieron a meditar a Jerusalén.

Con este fin, una de sus primeras acciones fue construir la torre de Destroit, en la carretera de Cesaree a Haifa. En 1118, crearon la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo que, en 1119, después de haber tomado sus votos monásticos frente al Patriarca de Jerusalén, asumieron el nombre de «Caballeros del Templo de Jerusalén», o más simplemente, Caballeros del Templo, o solo los Templarios. Hugo de Payns fue el primer Maestro de esta Orden floreciente.

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Hasta 1127, Hugo de Payns y sus compañeros proporcionaron protección a los peregrinos que iban a Jerusalén. En otoño de este año, Balduino II, rey de Jerusalén, y el patriarca Goromond decidieron enviar a Hugo de Payns y cinco de sus compañeros al Oeste para pedir ayuda.
Al mismo tiempo, Balduino II envió una misiva a Bernard de Clairvaux por dos razones. Primero, era importante establecer reconocimiento para los templarios.
Segundo, la nueva Orden requería una Regla para vivir y, por lo tanto, alguien para escribirla.
Durante los siguientes dos años, Hugo de Payns y sus compañeros viajaron por Francia desarrollando su floreciente Ejército. Sus viajes también sirvieron para asegurar las provisiones indispensables para su funcionamiento en Tierra Santa.
En la primavera de 1129, Hugo de Payns se embarcó desde Marsella para el viaje de regreso a Tierra Santa. Fue acompañado por sus compañeros y numerosos nuevos Caballeros.
Hugo de Payns murió, aparentemente en Palestina, en 1136. Las circunstancias y la fecha de su muerte no están registradas en ninguna crónica, aunque los Templarios lo conmemoraron todos los años el 24 de mayo, y se presume que murió de viejo. El historiador del siglo XVI, Marco Antonio Guarini afirmó que Hugo fue enterrado en la Iglesia de San Giacomo en Ferrara. Fue sucedido como Gran Maestro por Robert de Craon.






El Calendario Masónico

 

El Calendario Masónico

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Los masones usan fechas especiales

Anno Mundi (A. M.) en el año del mundo

Anno Lucis (A. L.) En el año de la luz

Anno Domini (A. D.) en el año del Señor

Los masones de los ritos de York y Francés (es decir, masones de Inglaterra, Escocia, Irlanda, Francia, Alemania y América) datan de la creación del mundo; llamándolo Anno Lucis, que se abrevia A. L. que significa "¡En el Año de la Luz!" Por lo tanto, 1801 es A.L. 5801. Esto tiene una referencia simbólica a la Luz de la Masonería.

En el Rito Escocés, (ahora conocido como Rito Escocés Antiguo y Aceptado), la Era también comienza desde la fecha de la Creación; pero los masones de ese Rito, usando la cronología judía, llamarían al año 1801AM o Anno Mundi (en el año del mundo), 5541. A veces se usan las iniciales AH, que significan Anno Hebraico, o "en el año hebreo! ' También han adoptado los meses hebreos, por lo tanto, el año termina con ellos el 16 de septiembre y el nuevo año comienza el 17 del mismo mes, que es el primero de Tisri. El Rito A. y P usa el Calendario Egipcio. y la Era 000000,000 para denotar un período indefinido de vasta extensión.

En el Rito de York, el año comienza el 1 de enero; pero en el rito francés comienza el 1 de marzo, y en lugar de que los meses reciban sus nombres habituales, se designan numéricamente, como primero, segundo, etc. En un documento masónico francés, el 1 de enero de 1801 se llamaría así el primer día del undécimo mes masónico, Anno Lucis, 5801. Los franceses a veces usan L'an de la V. L, Vraie Lumdre, que significa "Año de ¡Luz verdadera!"

Los masones del Real Arco datan del comienzo del Segundo Templo, que fue 530 años antes de la Era Cristiana; por lo tanto, el año 1801 d.C. estaría representado por Anno Inventionis (A. INV.), 2331 en la masonería capitular.

Los Caballeros Templarios también tienen su modo de cronología, tomando su año uno de la organización de la Orden, 1118 d.C. para que Anno Ordinis fuera A.O. 683, en lugar de 1801 d.C.

Otros grados tienen su cronología fantasiosa, pero los anteriores son los únicos estilos de consecuencia.



El Rito Escocés

 

El Rito Escocés

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Según el historiador de la Francmasonería Albert Mackey, el siglo XVIII vio actuar a un tal Chevalier Ramsay, presbiteriano escocés educado en la universidad de Edimburgo y apóstata protestante cuando decidió abrazar la iglesia de Roma. La huida de Jacobo II a Francia le hizo marcharse también a él. Posteriormente se convertiría en tutor del pretendiente al trono inglés, Carlos II, introduciéndose en los círculos de conspiradores para recuperar el trono de Escocia. La nobleza francesa aceptó de buena gana el rito que, según Ramsay, había sido traído de Palestina por los príncipes, sacerdotes, caballeros y nobles a su regreso de las Cruzadas.

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Albert G. Mackey

Es cierto que, durante los sucesos revolucionarios que tuvieron lugar en Inglaterra y Escocia a lo largo de los siglos XVII y XVIII, muchos masones escoceses huyeron a Francia. Ello pudo haber dado origen a la popular creencia de que el Rito Escocés nació en Escocia. En realidad, hasta 1846 no se estableció un Supremo Consejo en esta región del actual Reino Unido de Gran Bretaña.

El Rito Escocés creció en Francia a partir de 1754, en el interior del seminario jesuita de Clermont, formándose un capítulo (o Colegio) con siete grados. Existe un documento anterior de un Capítulo Rosacruz de Arras (Francia) instaurado en 1747 por Carlos Eduardo Estuardo. Hacia 1758 el sistema se había convertido en un Rito de 25 grados conocido -en lenguaje jesuítico- como Rito de Perfección de la denominada Orden del Secreto Real, cuyas “Grandes Constituciones” se dictaron en 1762.

En 1761, un judío llamado Stephen Morín, miembro del denominado “Consejo de Emperadores de Oriente y Occidente”, recibió el encargo de introducir el Rito en el Nuevo Mundo. Primero lo estableció en Jamaica y Santo Domingo. Posteriormente abrió cámaras en Nueva Orleans 1763, Albany (Nueva York, 1782), Filadelfia (1782) y Charleston (Carolina del Sur, 1783). Se dice que de los dieciséis “Diputados Inspectores Generales” nombrados por Morín, trece eran judíos como él.

En 1786 se ratificaron las Grandes Constituciones para poner orden en la caótica situación de los grados europeos. Éstas fueron las Constituciones que trajeron “El Rito Escocés Antiguo y Aceptado”, ampliando hasta treinta y tres el número de grados, con el 33 (cifra que se representa, como el resto de los grados, con el símbolo º junto al número) como Supremo Consejo, es decir, como órgano de gobierno. Algunos historiadores alegan que las citadas Constituciones fueron falsamente atribuidas, para conferirles mayor grandeza y legitimidad, al prusiano Federico el Grande, cuya muerte tuvo lugar ese mismo año, en 1786.

En 1801 se abrió un Supremo Consejo en Charleston bajo las citadas Constituciones, absorbiendo al anterior Rito de Perfección. Este Supremo Consejo emitió posteriormente certificados de autenticidad a otros Supremos Consejos. Todos los Supremos Consejos actuales se derivan, directa o indirectamente, del ya citado Supremo Consejo de la Jurisdicción Meridional de Estados Unidos.

A lo largo del siglo XIX fueron creándose nuevos Supremos Consejos en Europa y Canadá. En nuestros días hay estrechas relaciones entre aproximadamente 40 Supremos Consejos distribuidos por todo el mundo, incluyendo las cuatro Grandes Logias Nacionales de los países escandinavos.

La denominación “Rito Escocés Antiguo y Aceptado” nació en 1804 a partir del convenio entre el Supremo Consejo de Francia y el Gran Oriente de Francia. En 1859, guiado por el Gran Comandante y renombrado escritor masónico norteamericano Albert Pike, el Rito Escocés se extendió por Estados Unidos y el resto del mundo. La palabra “escocés” también ha sido relacionada con uno de los grados del antiguo Supremo Consejo.

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Retrato de Albert Pike.
Museum of the Scottish Rite Consistory, Des Moines, Iowa, USA

Según la abundante literatura existente y el uso extendido, al Rito Escocés se accede tras completar los tres primeros grados simbólicos –Aprendiz, Compañero y Maestro- en la llamada logia simbólica o Logia Azul. El Rito incluye los grados 4º al 32º, cada uno de los cuales ostenta un título* (ver denominaciones abajo). Sus miembros se reúnen en “Valles” y se organizan de cuatro formas: Logia de Perfección (grados 4º al 14º), Consejo de los Príncipes de Jerusalén (15º-16º), Capítulo Rosacruz (17º-18º) y Consistorio (19º-32º).

El grado 33º se confiere anualmente en una reunión del Supremo Consejo del Grado 33 a un número selecto de Masones del Grado 32º que han demostrado en su modo de vida el verdadero significado de la palabra fraternidad. La edad biológica de quien recibe el grado 33º debe ser igual o superior a 33 años. El grado 33º es un grado honorífico concedido en reconocimiento de los servicios prestados a la Francmasonería o a la Comunidad.

A un profano, o a un iniciado, y a muchos Maestros Masones desinformados esta presentación jerárquica les puede parecer que quienes obtienen uno de esos treinta grados adicionales poseen un rango superior. Sin embargo, el principio más firme de la Francmasonería universal es que no hay grado superior al de Maestro Masón. Los grados 4º al 32º señalan un nivel de conocimiento, una ampliación de los trabajos de la Logia Simbólica, lecciones que se enseñan por medio de alegorías dramatizadas. Estas enseñanzas se han extraído de episodios bíblicos y acontecimientos históricos más modernos. Los practicantes o miembros –todos Maestros Masones de buena reputación- utilizan ropajes en consonancia con los personajes que representan.

La mayoría de los Supremos Consejos y sus cuerpos subordinados suelen reconocer la supremacía de las Grandes Logias Simbólicas y los Grandes Maestros en sus respectivas jurisdicciones.



Friday, June 18, 2021

PORTAL
RITO ESCOCÉS RECTIFICADO
DEL GUAJIRO

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La Hermandad para toda la Humanidad

Estructura de la Masonería Rectificada

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La estructura de la Masonería Rectificada comporta tres clases: dos ostensibles y otra "discreta".

La primera es la clase simbólica u Orden Masónica, en la cual se confiere y lleva a término la Iniciación Masónica del Rito Escocés Rectificado:

Logias de San Juan. Llamadas Logias Azules, Masonería Simbólica y Masonería Azul.

1º Aprendiz
2º Compañero
3º Maestro

Logias de San Andrés. Llamadas Logias Verdes y Masonería Verde.

Las Ceremonias del Rito Escocés Rectificado siguen conteniendo Símbolos Masónicos, siendo una maduración de la Masonería Simbólica, previa al ingreso en la Orden Interior.

4º Maestro Escocés de San Andrés

Su objetivo principal: la Reintegración del ser humano.

La segunda clase de Masonería Rectificada es la Orden Interior, Orden de Caballería Cristiana ajena a altos Grados o Grados filosóficos.

Que mantiene filiación espiritual con la primitiva Orden de Caballeros de la Ciudad Santa, pobres y sin apoyo, que precedieron en la misma Orden, a los Caballeros Templarios ricos y poderosos.
La Orden Interior

5º Escudero Novicio, etapa preparatoria para convertirse en Caballero, conferida por la Ceremonia de Investidura. Es transitoria y puede llegar a perderse.

6º Caballero Bienhechor de la Ciudad Santa, calidad conferida por la Ceremonia de Armamento.

Encomiendas / Prefecturas

La tercera clase de Masonería Rectificada es "discreta" y privada:

La Profesión, los Caballeros que la componen, se dividen en dos categorías:




El Concilio de Nicea y el Arrianismo

 

El Concilio de Nicea y el Arrianismo
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En el año 325 d. C. se convocó el Concilio de Nicea principalmente para resolver la disputa sobre el arrianismo junto con la controversia de la pascua. Esta disputa hizo que se derramara mucha sangre, y constituyó un capítulo oscuro en la historia.

La insistencia de Arrío

Arrío ocupaba una posición prominente como presbítero de la Iglesia de Alejandría en Egipto. Él provocó la crítica pública insistiendo en la siguiente doctrina:

Cristo es el Logos encarnado (λóγoς en griego significa “Palabra” o “Verdad”).
Cristo es capaz de cambio y sufrimiento.
En consecuencia, el Logos es mutable y no es igual a Dios.

Según la insistencia de Arrío, Jesús no es Dios sino solo una criatura, por tanto no es eterno; y así como el Hijo es la primera creación de Dios Padre, el Espíritu Santo es la primera creación del Hijo.

Arrío fue un propagandista habilidoso, que usó el poder de la persuasión para presentar efectivamente sus enseñanzas en canciones y en proverbios concisos que las personas podían comprender y memorizar fácilmente. Sus enseñanzas se expandieron ampliamente y fueron cantadas aun por personas comunes, como los pescadores.

Luego Alejandro, el Obispo de Alejandría, convocó a un concilio que condenó y exilió a Arrío. Expulsado de Alejandría, Arrío viajó a Palestina, apoyado por otros obispos orientales.

Como cierto número de líderes y obispos cristianos fueron convencidos por Arrío, empezaron los problemas. La creencia tradicional en la divinidad de Cristo, que había sido transmitida desde la época apostólica, empezó a ser cambiada por Arrío. El punto de vista de Arrío se expandió entre el pueblo y el clero alejandrino, y el Arrianismo se convirtió en un problema mundial.

El Concilio de Nicea

En el año 325 d. C., el emperador romano Constantino, que se hizo llamar “patrón de la iglesia”, convocó a todos los obispos cristianos a Nicea para resolver la disputa sobre la pascua y el arrianismo. Todos los gastos incurridos durante el concilio fueron pagados por la Casa Imperial.

En ese momento, hubo un gran defensor de la fe contra Arrío. Su nombre era Atanasio, él era un griego de Alejandría. Atanasio se opuso implacablemente a la doctrina de Arrío, insistiendo en que Cristo es igual a Dios.

Hubo veinte simpatizantes arrianistas entre más de 300 obispos que se presentaron en el Concilio de Nicea. El emperador Constantino les ordenó crear un “credo” que todo el cristianismo siguiera y obedeciera, una doctrina que sería llamada el “Credo de Nicea”, que declaraba que Dios y Jesucristo son la misma sustancia. Constantino ordenó que todos los obispos firmaran el credo, y amenazó con exiliar a todo aquel que no lo firmara, declarándolo hereje. En el Concilio de Nicea, se desaprobó el Arrianismo, y Arrío fue desterrado a Ilírico, junto con dos obispos de Libia, Theonas y Secundus, quienes se negaron a firmar el credo.

El regreso de los Arrianos

Dos años después, Arrío declaró que se había arrepentido. Luego él y los obispos que habían sido excomulgados regresaron a la iglesia. Después de su regreso del exilio, propagaron su influencia secretamente, enseñando su doctrina, y empezaron a tomar represalias contra sus oponentes.

Ellos enjuiciaron a sus oponentes por inmoralidad o por difamación contra Helena, madre del emperador Constantino. Después, atacaron a Atanasio, obispo de Alejandría, y lo exiliaron.

El emperador que apoyó el Arrianismo

Arrío murió en 336 d. C. y el siguiente año murió Constantino. Los seguidores de Arrío publicaron su doctrina y propagaron gradualmente su influencia. En ese momento, el Imperio Romano era gobernado por los tres hijos de Constantino: Constantino II (occidente), Constante (centro), y Constancio (oriente). Ya que Constantino II apoyó la doctrina de Nicea, llamó a Atanasio de su exilio. Constante también apoyó a los nicenos y a Atanasio, pero Constante fue diferente: él apoyó a los arrianos porque era el gobernador de la parte oriental del imperio, que fue intensamente influenciada por el Arrianismo.

Años después, murió Constantino II, quien dejó a Constante como el único gobernador del imperio occidental. Diez años después, Constante fue asesinado y todo el imperio romano se unió bajo Constantino, que había gobernado el oriente. Como lo mencionado anteriormente, Constancio fue simpatizante de los arrianos. Por tanto, todo el imperio quedó bajo el gobierno del emperador arriano, quien forzó a todos los obispos a aceptar el credo arriano que decía que el Hijo no se parece al Padre. Liberio, el obispo de Roma, también aceptó este nuevo credo antes de ser desterrado.

El emperador Juliano, un seguidor del paganismo

Tiempo después, las tropas romanas que habían estado apostadas cerca a París desobedecieron el mandato del Emperador Constantino y se amotinaron contra él, y proclamaron a su líder, el emperador Juliano. Pero, Constantino murió antes de que ambos se enfrentaran en batalla. En consecuencia, Juliano se convirtió en el emperador de Roma. Él era sobrino de Constantino, pero no creía en el cristianismo. Por el contrario, era devoto de los Misterios Eleusinos y trató de restaurar todas las antiguas religiones paganas. Él también sacrificaba a sus dioses paganos bajo su autoridad como Pontifex Maximus (el supremo sumo sacerdote de la antigua religión romana, un mediador entre los dioses y el pueblo; desde hacía mucho tiempo, los emperadores romanos habían servido como sumos sacerdotes del dios sol; y Constantino y sus hijos usaron la autoridad de su posición como Pontifex Maximus para interferir en los asuntos eclesiásticos).

Juliano adoptó la política de tratar equitativamente a todas las religiones. Después la religión pagana revivió y el número de sus seguidores empezó a incrementarse. Llamó a sus puestos a todos los obispos exiliados por Constante, para fomentar la división entre ellos; su propósito final fue derrocar el cristianismo. Reconociendo esto, sin embargo, los obispos de todas las regiones excepto África se unieron contra Juliano y el paganismo.

El desbaratamiento del Imperio Romano y la caída de las naciones arrianas.

Cuando Juliano murió, fue sucedido por Joviano, un cristiano. Sus sucesores fueron todos cristianos, y fueron generosos tanto con el credo de Nicea como con el Arrianismo. A mediados del siglo V, no obstante, el Imperio Romano empezó a declinar rápidamente hasta que los godos bajaron del norte; ellos avanzaron hacia el Imperio Romano, y dividieron su territorio y lo ocuparon. En ese tiempo, muchos líderes cristianos fueron tomados cautivos, y ellos evangelizaron a los godos. Algunos cristianos incluso se ofrecieron voluntariamente para ir entre los godos a predicarles. Los seguidores del arrianismo expandieron el cristianismo arriano entre los hérulos, los vándalos y los ostrogodos. Pero estas tres tribus góticas fueron destruidas una tras otra por el Papado.

Los efectos del Credo de Nicea y del Arrianismo

Más tarde, el Credo de Nicea fue aceptado y legitimado. Este “Trinitario” de Nicea fue adoptado como una fórmula básica de creencia por la Iglesia Católica Romana, que lideró la edad oscura, y también por muchas iglesias protestantes que aparecieron después de la Reforma. Sin embargo, aún existen muchas denominaciones, como los Testigos de Jehová, que niegan la divinidad de Cristo, insistiendo en que Dios Padre y Dios Hijo no son la misma esencia. Ellos pueden ser llamados los “arrianos modernos”.

Las limitaciones del Credo de Nicea

Aunque el Concilio de Nicea rechazó el arrianismo y adoptó el Credo de Nicea, proclamando que el Hijo es un solo ser con el Padre, este credo no se acercaba al núcleo de la “Trinidad”. El Credo de Nicea presentó el concepto de que “Dios Padre es Dios Hijo”, describiendo a Jesucristo como “el único Hijo del Padre” o como “un ser de una sustancia con el Padre”, pero este concepto es muy vago. Esa es la razón por la que muchos cristianos e incluso los teólogos de hoy en día, que dicen creer en la trinidad, no pueden aceptar plenamente el hecho de que “Jesucristo es Dios”, aunque admiten que “Jesús es el Hijo de Dios”.

Por ello, algunas iglesias predican doctrinas extrañas como: “Dios Hijo es considerado igual a Dios Padre, porque el Hijo hace las mismas cosas que el Padre”.

Esta falta de conocimiento bíblico ha creado muchas doctrinas falsas similares a las enseñanzas arrianas, que enfatizan la divinidad de Cristo. Esto a su vez hizo que la gente indujera la deidad de Cristo interpretando la Biblia a su propia manera.

Además, hay declaraciones explícitas acerca del Espíritu Santo en el Credo de Nicea. Por eso, desde el Concilio de Nicea las iglesias cristianas simplemente han enseñado que el término “Trinidad” es como una doctrina teológica solo en nombre. En consecuencia, ni siquiera comprenden los puntos esenciales de la Biblia y no alcanzan el entendimiento bíblico del hecho de que “Dios Padre es Dios Espíritu Santo” y que “Dios Hijo es Dios Espíritu Santo”.

La trinidad, la verdad bíblica

La trinidad no es una simple teoría que pueda ser afirmada o negada como una doctrina teológica, sino que es la verdad bíblica que ha sido enfatizada desde la iglesia primitiva. La verdad es lo que Dios personalmente nos ha enseñado (Mi. 4:1-2), y no algo que puede ser creado por la disputa de los teólogos en un concilio religioso.

Satanás no quiere que tengamos conocimiento de Dios. Ya que él sabe que el pueblo de Dios será destruido si no tiene conocimiento de Dios (Os. 4:1-6), ha propagado el espíritu del anticristo en todo el mundo. Los que son engañados por él, niegan la trinidad, o aunque reconozcan la trinidad con sus labios, la niegan en su corazón. Ellos tienen esa clase de doble fe.

¿Cómo podemos juzgar las cosas hasta que el Espíritu de verdad venga (1 Co. 4:5)? Ya que él vino y nos trajo la luz que está escondida en la oscuridad, ahora hemos venido al conocimiento de Dios y hemos pasado de la destrucción a la vida.

“Y serán todos enseñados por Dios” (Jn. 6:45). Según esta promesa de Dios, hemos comprendido las palabras de la verdad. Dando gracias a Dios que siempre está con nosotros, hasta el último día, como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, debemos dedicar todas nuestras fuerzas a guiar a todas las personas del mundo al camino de la salvación, transmitiéndoles el correcto conocimiento de Dios.





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Fuente: PORTAL MARTINISTA DEL GUAJIRO