Monday, May 1, 2017

¿QUIEN ES EL G.·.A.·.D.·.U.·.? R.·.H.·. Roger Jordán Palomino 33º

¿QUIEN ES EL G.·.A.·.D.·.U.·.?

R.·.H.·. Roger Jordán Palomino 33º

RR.·. Y QQ.·. HH.·., con todo el respeto y consideración que ustedes se merecen tengo que decirles que la pregunta que se me ha planteado para desarrollar este trazado supera todas a mis posibilidades racionales para contestarla por las siguientes razones:

Es una pregunta que no puedo responder pues mi capacidad idiomática es insuficiente para responder quien es el G.·. A.·.D.·.U.·. ya que la pregunta quien en cualquier idioma o lengua se refiere a una persona que se puede determinar por su nombre, sexo, ocupación, etc., tal como se puede hacer por ejemplo con quien les habla o con quien me asignó este apasionante tema y porque además creo que El carece de nombre asignado por alguien, porque creo que nadie existió antes que Él, porque asimismo creo que nadie existe fuera de Él y porque también creo que nadie existirá después que Él.

Tampoco puedo responder a dicha pregunta con mis conocimientos científicos que, confieso, son los de un profesional medio, ya que la ciencia, como conocemos, se refiere al conjunto de conocimientos cierto de las cosas y fenómenos por sus principios y causas, por lo que considero que, al no conocer yo, en forma cierta, el principio y la causa de que o quien es el G.·.A.·.D.·.U.·. no me queda más que aceptar que la Ciencia tampoco me permite responder a tales preguntas porque además creo que el G.·.A.·.D.·.U.·. no es un fenómeno sino la causa de todos los fenómenos que se dieron, se dan y se darán en el espacio infinito y en el eterno tiempo.

Tampoco puedo responder a dicha pregunta con mi capacidad filosófica que, también confieso, es muy mediana, ya que la Filosofía, como conocemos, se refiere a la reflexión crítica sobre el conocimiento y la acción para determinar principalmente si ellos son buenos o malos y bellos o no bellos por lo que considero que, al no poder reflexionar críticamente sobre los alcances de la bondad o la belleza del G.·.A.·.D.·.U.·. tanto de El cómo de sus obras, tengo que admitir que la Filosofía tampoco me permite el conocimiento necesario para referirme críticamente a Él.

Al no poder referirme al G.·.A.·.D.·.U.·. idiomática, científica ni filosóficamente, es decir, al no poder hacerlo mediante el racionalismo, no me queda otra opción que tratar de hacerlo mediante la Metafísica que es la forma de conocimiento que trasciende a la experiencia o al conocimiento racional por lo que considero que, al reconocer mi incapacidad racional, creo que la Metafísica puede ofertarme algunos métodos no racionales que puedo encontrar principalmente en mi religión Católica o en el esoterismo de las escuelas iniciáticas a las que pertenezco como son la Antigua y Mística Orden Rosacruz y la Masonería, instituciones estas, según he comprobado, están basadas principalmente en la fe antes que en la razón.

Efectivamente, según mi fe religiosa y respecto a quien es el G.·.A.·.D.·.U.·. o Dios, sólo les puedo repetir el pasaje del V.·.D.·.L.·.S.·. que relata que cuando Moisés le preguntó a Dios que cual era su nombre le respondió este: “Yo soy el que soy” que en hebreo antiguo se pronunciaba con las consonantes JHVH. dándole a entender a Moisés que Él no podía tener nombre porque él era el ser mismo.

La palabra JHVA; es decir “Yo soy el que soy” se oía como JAVE y estaba prohibido pronunciarla bajo pena de muerte aún para la casta sacerdotal la cual se refería a Dios como Él es la que se oía como JEHOVÁ. Las consonantes JHVA se conocen en esoterismo como el Tetragrámaton.

También les puedo decir que, en la tradición judía, se denominaba a Dios con diferentes nombres uno de los cuales era Adonaí que significa Supremo Señor. Tales nombres eran impuestos por la casta sacerdotal para conducir al pueblo a una mayor vida espiritual mediante nombres de Dios que sugirieran sus cualidades espirituales antes que materiales ya que en dicha época los judíos eran muy reacios a practicar una religión basada en la creencia en un Dios al que no podían ver ni pronunciar su nombre por lo que eran muy inclinados al materialismo y a la idolatría, la que fácilmente los fascinaba porque les proporcionaba un dios con nombre e imagen material al que sus toscas mentes de pastores errantes podían comprender y adorar físicamente.

En lo referente a las escuelas esotéricas a las que pertenezco, el nombre de Dios es tratado de manera semejante como veremos a continuación:

En la Antigua y Mística Orden Rosacruz, se denomina generalmente a Dios como El Cósmico, principalmente cuando se refiere a El mediante la palabra escrita o hablada. Tal denominación se considera aceptable porque la palabra Cósmico alude al universo en su causa y efecto tanto en el Macrocosmos como en el Microcosmos.

Cuando un rosacruz se dirige a Él para orar internamente lo concibe como al Dios de nuestros corazones porque comprende que cada ser humano concibe, nombra, ama y ora de manera diferente a Dios según su época, cultura y evolución personal por lo que se puede afirmar que la Orden Rosacruz evidencia una gran tolerancia respecto de todas las creencias de la humanidad que se manifiestan en todas las religiones, escuelas esotéricas, filosofías, etc. adoptando una posición crítica cuando tales creencias inducen a sus seguidores al dogmatismo y de franca oposición cuando algunos seres ambiciosos utilizan su poder para conducir a los pueblos al fanatismo, a la crueldad o a la degradación en lugar de la práctica del amor fraternal y al respeto a las obras del creador. Por su quehacer en el conocimiento del Cósmico, los rosacruces han influido más en el desarrollo de las ciencias y es conocido que antiguamente practicaban la alquimia por lo que han sufrido no pocas persecuciones acusados de brujería por los tiranos del conocimiento.

Según la Masonería especulativa, en cuya formación contribuyeron en gran manera los Rosacruces del siglo XVIII, se denomina a Dios como al Gran Arquitecto del Universo o G.·.A.·.D.·.U.·. porque considera que el universo es la obra de un principio creador inteligente y que funciona según leyes armónicas que reflejan no sólo su amor sino su belleza y justicia.

Si tenemos en cuenta que la arquitectura es el arte de la armonización de los espacios y materiales disponibles para la construcción de un edificio, nos daremos una idea aproximada del trabajo que un arquitecto debe realizar antes de proceder a su construcción.

Así, el arquitecto, primeramente, debe concebir el edificio en su mente teniendo en cuenta que la armonización de espacios y materiales disponibles resulten no solo útiles para los fines para los cuales dicho edificio será construido lo que equivale a decir que debe resultar en una construcción justa, sino que además de construcción justa debe resultar también bella tanto en la proporción de sus formas como de sus espacios. Para lograr una construcción justa y bella, es necesario no solo sabiduría sino, principalmente amor para crear.

Del razonamiento anterior resulta que en la denominación de G.·.A.·.D.·.U.·. está implícito el reconocimiento de la Masonería a la justicia, belleza, sabiduría y amor del principio creador o Dios deduciéndose que el hombre como máximo logro de su creación debe ser libre porque el G.·.A.·.D.·.U.·. a cuya imagen y semejanza está hecho es libre; que debe vivir en una sociedad de seres iguales ante la justicia porque los hombres están hechos de una misma esencia divina y con el mismo amor sin diferencia alguna entre ellos; y que debe compartir sus bienes en fraternidad porque al ser hijos de un mismo padre los hombres deben considerarse entre sí como hermanos. Por su concepción de Libertad, Igualdad y Fraternidad, la Masonería ha influido más en la política por lo que sufrido, al igual que los rosacruces, no pocas persecuciones de los tiranos del poder.

Para terminar, en relación a quien es el G.·.A.·.D.·.U.·. o Dios, hay muchos que le ponen el nombre de una de sus manifestaciones limitando su totalidad.

Por tal razón, cuando me afirman como lo hacen los Panteístas que Dios es todo el mundo material que vemos yo les contesto que la materia no es más que su energía condensada.

Cuando me afirman que Dios es energía yo les contesto que la energía no es más que su luz condensada.

Cuando me afirman que Dios es luz yo les contesto que la luz no es más que su pensamiento condensado.

Cuando me afirman que Dios es mente o pensamiento yo les contesto que la mente o pensamiento no es más que su amor condensado.

Cuando me afirman que Dios es amor yo les contesto que el amor no es más que su espíritu condensado.

Cuando me afirman que Dios es espíritu yo les contesto que el espíritu es la primera manifestación de Dios por lo se concluye que tanto el espíritu como la materia son sólo las manifestaciones extremas de Dios, pero no son Dios mismo.

Por último, cuando algún ateo me dice que Dios no puede tener nombre porque simplemente no existe yo le contesto demuéstrame que no existe.

Y finalmente cuando me preguntan como ahora quien es Dios yo les respondo que Dios es El.

RR.·.y QQ.·. HH.·. hasta ahora les he hablado de Dios mismo, pero no de la manera como el Cristianismo Católico considera que es posible conocerle y acercarse a Él según las "vías" que proporcionan el conocimiento del mundo material y de la persona humana.

Efectivamente, el Catecismo de la Iglesia Católica considera al mundo material como una vía porque a partir del movimiento y devenir, de la contingencia, del orden y de la belleza del mundo se puede conocer a Dios como origen y fin del universo.

Al respecto S. Pablo afirma que: "Lo que de Dios se puede conocer, está en el hombre manifiesto: porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad"

Por su parte San Agustín dice: "Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar, interroga a la belleza del aire que se dilata y se difunde, interroga a la belleza del cielo, interroga a todas estas realidades. Todas te responden: Ve, nosotras somos bellas. Su belleza es una profesión Estas bellezas sujetas a cambio, ¿quién las ha hecho sino la Suma Belleza, no sujeta a cambio?"

El hombre es considerado como la otra vía para conocer y aproximarse a Dios porque con su apertura a la verdad y a la belleza, con su sentido del bien moral, con su libertad y la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios. En estas aperturas, percibe signos de su alma espiritual. La semilla de eternidad que lleva en sí, al ser irreductible a la sola materia, su alma, no puede tener origen más que en Dios.

Efectivamente, según Santo Tomás de Aquino, El mundo y el hombre atestiguan que no tienen en ellos mismos ni su primer principio ni su fin último, sino que participan de Aquel que es el Ser en sí, sin origen y sin fin. Así, por estas diversas vías, el hombre puede acceder al conocimiento de la existencia de una realidad que es la causa primera y el fin último de todo, y que todos llaman Dios.

Así, según el cristianismo, las facultades del hombre lo hacen capaz de conocer la existencia de un Dios personal y para que el hombre pueda entrar en su intimidad, Dios ha querido revelarle y darle la gracia de poder acoger en la fe esa revelación de tal modo que las pruebas de su existencia pueden disponer a la fe para que no se oponga a la razón.

Al respecto, el Cristianismo Católico sostiene en su Catecismo que es posible lograr la certeza de la existencia de Dios y de su amor al hombre mediante la luz natural de la razón a partir de las cosas creadas. Sin esta capacidad, el hombre no podría acoger la revelación de Dios. El hombre tiene esta capacidad porque ha sido creado a imagen de Dios.

Sin embargo, agrega, que en las condiciones históricas en que se encuentra, el hombre experimenta muchas dificultades para conocer a Dios con la sola luz de su razón: a pesar de que la razón humana, puede verdaderamente, por sus fuerzas y su luz naturales, llegar a un conocimiento verdadero y cierto de un Dios personal, que protege y gobierna el mundo por su providencia, así como de una ley natural puesta por el Creador en nuestras almas.

Las dificultades del hombre para conocer a Dios existen porque hay muchos obstáculos que impiden a su razón usar eficazmente y con fruto su poder natural; porque las verdades que se refieren a Dios y a los hombres sobrepasan absolutamente el orden de las cosas sensibles y cuando deben traducirse en actos y proyectarse en la vida exigen que el hombre se entregue y renuncie a sí mismo. El espíritu humano, para adquirir semejantes verdades, padece dificultad por parte de los sentidos y de la imaginación, así como de los malos deseos nacidos del pecado original. De ahí procede que en semejantes materias los hombres se persuadan fácilmente de la falsedad o al menos de la incertidumbre de las cosas que no quisieran que fuesen verdaderas.

Por esto el hombre necesita ser iluminado por la revelación de Dios, no solamente acerca de lo que supera su entendimiento, sino también sobre las verdades religiosas y morales que de suyo no son inaccesibles a la razón, a fin de que puedan ser, en el estado actual del género humano, conocidas de todos sin dificultad, con una certeza firme y sin mezcla de error.

En tal sentido, el Cristianismo Católico viene evidenciando una total apertura a la razón superando así sus posiciones dogmáticas de antaño por lo que no pocos escépticos sostienen que lo único que viene haciendo es camuflarse en los avances de la ciencia y la filosofía para subsistir en una sociedad mundial que ya no tolera más dogmas ni dominación intelectual.

A los que así piensan, se les puede responder que el Cristianismo Católico es en la actualidad una de las pocas religiones que se adapta mejor a la necesidad del hombre de trascendencia, pero con libertad social a diferencia de los fundamentalismos religiosos de moda sin contar con los fundamentalismos de los sistemas políticos basados en el ateísmo que ha servido de ideología para justificar las peores tiranías de la historia.

Coherente con su apertura, el Cristianismo Católico manifiesta en su catecismo que, al defender la capacidad de la razón humana para conocer a Dios, la Iglesia expresa su confianza en la posibilidad de hablar de Dios a todos los hombres y con todos los hombres. Esta convicción está en la base de su diálogo con las otras religiones, con la filosofía y las ciencias, y también con los no creyentes y los ateos.

Sin embargo, agrega dicho catecismo que, puesto que nuestro conocimiento de Dios es limitado, nuestro lenguaje sobre Dios lo es también por lo que no podemos nombrar a Dios sino a partir de las criaturas, y según nuestro modo humano limitado de conocer y de pensar.

Creado a imagen y semejanza de Dios. Las múltiples perfecciones de las criaturas (su verdad, su bondad, su belleza) reflejan, por tanto, la perfección infinita de Dios. Por ello, podemos nombrar a Dios a partir de las perfecciones de sus criaturas, pues de la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor.

Dios trasciende toda criatura por lo que es preciso purificar sin cesar nuestro lenguaje de todo lo que tiene de limitado, de expresión por medio de imágenes, para no confundir al Dios inefable, incomprensible, invisible, inalcanzable con nuestras representaciones humanas. Nuestras palabras humanas quedan siempre más acá del Misterio de Dios.

Al hablar así de Dios, nuestro lenguaje se expresa ciertamente de modo humano, pero capta realmente a Dios mismo, sin poder, no obstante, expresarlo en su infinita simplicidad. Es preciso recordar, en efecto, que entre el Creador y la criatura no se puede señalar una semejanza tal que la diferencia entre ellos no sea mayor todavía, y que "nosotros no podemos captar de Dios lo que Él es, sino solamente lo que no es y cómo los otros seres se sitúan con relación a Él.

Para terminar, sólo quiero agregar que la creencia en Dios no puede fundamentarse sólo en la ciencia y la filosofía, es decir en la razón, sino que creo firmemente que el camino más directo se encuentra en el corazón del hombre a través de la fe la que por tal razón debe ser considerada como una gracia que debemos luchar por mantener pues de lo contrario nos veríamos en el riesgo de vivir una vida sin sentido ni esperanza.





Monday, April 3, 2017

A propósito de Aldo Lavagnini - Phileas del Montesexto

A propósito de Aldo Lavagnini

Phileas del Montesexto

¿Quién era Aldo Lavagnini (Magister)? ¿Por qué es tan difícil conseguir información fidedigna acerca de su vida? ¿Perteneció realmente a la Masonería y a la Orden Martinista o era un simple embaucador? En los últimos años los masones ateos y “progresistas” han intentado desacre­ditar al famoso escritor italiano y vendernos la idea de un “profano” que escribía sobre temas masónicos. En una de las tantas discusiones vanas de Internet el difunto Ricardo Polo señaló que Lavagnini “ha engañado a miles de queridos Hermanos que sin más, hasta lo citan como una autoridad en cosas masónicas” llegando a asegurar que Magister “no era masón”.

Polo también se quejaba al indicar que “Lavagnini ha sido uno más de los que han introducido en la francmasonería (ámbito del Oficio) todas esas alegorías seudo misticistas, Tradiciones primordiales, Antiguos Misterios e interpretaciones del simbolismo, que hoy, como resultado, nos da esta orden fragmentada en múltiples ritos e incluso la absurda idea de que tiene conno­taciones templarias”.

Es bastante divertido (y algo triste) que muchos de los que intentan escudriñar en los secretos de la vida de Magister determinen a la ligera la pertenencia o no de Magister a la Orden Masó­nica simplemente googleando su nombre e intentando encontrar referencias rápidas en la web. A tal punto ha llegado la haraganería de algunos supuestos investigadores que determinan sin más que si las credenciales masónicas no aparecen en Google seguramente éstas no existan ni hayan existido, haciéndose eco de la máxima popular “si no está en Google no existe”.

Ciertamente no hay muchas referencias biográficas de Aldo Lavagnini de fácil acceso en la red, por lo cual investigar sobre su vida me ha sido bastante trabajoso. Para buscar una primera re­ferencia, se puede recurrir a la obra clásica de Dalmor “Quién fue y quién es en ocultismo” (Ed. Kier), donde los únicos datos certeros que encontraremos serán el año de su muerte (1963), su profesión (médico) y su relación con la Asociación Biosófica Universal, la cual habría sido fundada en 1917. Eso es todo lo que dedica Dalmor en su grueso volumen de 972 páginas al autor masónico más popular de Iberoamérica.
En este pequeño artículo intentaré traer un poco de luz sobre la biografía de Lavagnini para que los lectores puedan hacerse una idea general sobre su vida y su obra.

Aldo Luigi Stefano Giusto Lavagnini nació el 29 de febrero de 1896 en Siena (Italia), una ciudad europea de profunda tradición hermética y masónica, la cual puede corroborarse al apreciar su magnífica catedral gótica a la que el escritor perennialista Titus Burckhardt le dedicó una obra completa[1] y donde podemos encontrar un interesante mosaico –¡en el interior de un templo católico!– donde aparece grabada la figura de Hermes Trimegisto, el tres veces grande, pintada magistralmente por Giovanni di Stefano en 1485.[2]

El primer seudónimo literario de Aldo Lavagnini no fue “Magister” sino “Considerator” y con él escribió varios libros sobre astrología que no tienen traducción al castellano: “Manualetto pratico di Astrologia secondo la scienza e la tradizione” (1920), “Corso d’astrologia” (1927), “Trattato pratico di astrologia” (1937) y “Quello dicono gli astri” (1937). Todos estos libros fueron publicados en Italia por la Associazione Eclettica Universale, dirigida por el propio La­vagnini.

En esos tiempos, Italia era gobernada por el Partido Fascista de Benito Mussolini, quien había llegado al poder en 1922 tras la “marcha sobre Roma”. El duce propició una campaña anti-eso­térica que ha sido bien estudiada por el francmasón Thomas Dana Lloyd en “Il Tempio assalito”[3]  donde relaciona a Aldo Lavagnini con la Orden Martinista, aseverando que “en los años veinte, el martinismo italiano se dividió, después de la muerte de Papus, entre un grupo mino­ritario liderado por el sardo Vincenzo Soro, que reconoció la “sucesión francesa”, y el grupo de Alessandro Sacchi. El martinismo era un grupo reducido que, al no ser un “rito” latomístico[4], no formaba parte de la masonería, y sin embargo se consideraba por encima de ésta. No obstante, parece que entre sus miembros hubo varios personajes masónicos como Reghini (hasta 1925), Adolfo Banti, Arturo Chiarappa y Aldo Lavagnini”.

Uno de los referentes del martinismo italiano contem­poráneo, Francesco Brunelli “Nebo” (1927-1982) en su es­tudio sobre “El Martinismo y la Orden Martinista”[5] se refirió a sus Hermanos perse­guidos por el régimen, recor­dando los nombres de “Aldo Lavagnini, Alessandro Sacchi, Adolfo Banti”, destacándolos como “nombres sagrados del Martinismo italiano, de los cuales el recuerdo está vivo en nosotros”.

Mussolini disolvió la masone­ría italiana en el año 1926 pero luego de esta acción, la perse­cución prosiguió con las orga­nizaciones consideradas “paramasónicas” y en este sentido, el propio fascismo denunció a Lavagnini y a su organización diciendo que “la relación con corrientes de pensamiento que son perjudiciales para la ideo­logía fascista es un elemento suficiente para atraer la aten­ción de las autoridades policiales, que apunta sobre todo a la actividad de la “Asociación Ecléc­tica Universal”, constituida por el “notorio masón y antifascista” Aldo Lavagnini”.[6]

Es posible que la desconfianza del régimen con respecto a Lavagnini no fuera tan sólo por su vinculación con agrupaciones esotéricas e iniciáticas, sino también por su parentesco con Spartaco Lavagnini, un primo suyo afiliado al Partido Comunista de Italia, asesinado en 1921 en unos disturbios en la ciudad de Florencia. Spartaco es reconocido hoy en día como un már­tir de la lucha contra el fascismo.

Según relata Antonio Fiori en “La stampa nel Casellario politico centrale”, la policía de Udine confiscó varios bienes y documentos de la “Asociación Ecléctica Universal”, los cuales fueron investigados por la “Direzione generale di pubblica sicurezza” (Dirección General de Seguri­dad Pública).

Luego de años de persecución, a mediados de los años 30, Lavagnini abandonó el viejo conti­nente y se refugió en México, donde retomó sus actividades y comenzó a publicar sus manuales masónicos en la editorial Cicerón (1937) utilizando un nuevo seudónimo: “Magister”. Su orga­nización italiana “Associazione Eclettica Universale” fue convertida en la “Asociación Biosófica Universal”, la cual –según Dalmor– difundía “la Biosofía o ciencia y filosofía integral de la vida, impartida por los Maestros de la humanidad”, dictando “cursos por correspondencia de me­tafísica práctica, autocultura, yoga, astrología y temas afines”.[7] Al parecer, el nuevo nombre estaría inspirado en los estudios biosóficos de Frederick Kettner (1886-1957).

La rápida difusión y popularidad de las obras de Magister entre los masones de habla hispana, hizo que el recordado Nicolás Kier, fundador de la editorial argentina homónima, se comuni­cara con Lavagnini a fin de publicar en Argentina la colección completa de sus escritos masó­nicos y a partir de 1942 las obras de Lavagnini quedarían indefectible ligadas a este sello editor. Años más tarde, entre 1971 y 1976, Ario Lavagnini Stenius, único hijo y heredero de Magister, cedió finalmente los derechos de las todas obras de la colección “La Masonería revelada” a Kier, según puede leerse en el Boletín Oficial de la República Argentina[8].

Tal vez, el principal inspirador de los trabajos humanitarios de Aldo Lavagnini haya sido el lin­güista polaco Zamenhoff, creador del idioma esperanto. Desde su juventud, Magister trabajó con esmero en la creación de una lengua auxiliar que pudiera ser un medio de comunicación universal. En nuestra obra “El Peregrino de la Rosacruz” (la cual está dedicada en el prólogo a Aldo Lavagnini) decíamos que “a principios del siglo XX se creyó posible que el esperanto pudiera ser una “lengua iniciática”, usada por los discípulos de diversas corrientes espiritualis­tas para comprenderse entre sí. Existieron proyectos de ritos masónicos y rosacruces usando exclusivamente este idioma. (…) Esta misma idea la manejó (…) el reconocido escritor italiano Aldo Lavagnini (Magister), quien llegó a concebir otra lengua artificial a la que bautizó “Mondi Lingua”, inspirado en las ideas de Zamenhof y que planificó implementar a través de un rito masónico universal y espiritualista”.[9] 

Lavagnini trabajó en varias derivaciones del esperanto, entre ellos el “unilingue” (1924), el “mo­nario” (1925), el “mondi lingua” (1939) y una nueva “mondi lingua” (1955), publicando varias obras para su difusión, siendo la primera de todas el “Interlexiko Monario italiano-français, English-Deutsche kum introduxion ba Aldo Lavagnini” (1926).

Su convencimiento sobre la necesidad imperiosa de crear una lengua universal era tal que, en 1923, Lavagnini llegó a publicar un suplemento de la popular revista italiana “Mondo Occulto” titulado Eclessi” (Eklexi), el cual estaba escrito en italiano y en “monario”.[10]

En su vida personal, Lavagnini era médico de profesión y estaba especializado en oftalmología. En el Viejo Mundo se casó con Signe Sofia Stenius, de nacionalidad sueca, y tuvo un solo hijo: Ario Alejandro Lavagnini, el mismo que cedió los derechos editoriales a Kier en los años seten­ta. En un curioso episodio, el hijo de Lavagnini fue interrogado en 1964 por la CIA en el seno de la investigación por la muerte del presidente norteamericano John Fitzerald Kennedy, como consecuencia de su participación en una fiesta privada que compartió con el premio nobel de literatura Octavio Paz, su primera esposa Elena Garro y el presunto asesino del presidente Ken­nedy, Lee Harvey Oswald. La documentación desclasificada por el gobierno norteamericano con los interrogatorios completos a Octavio Paz y Ario Lavagnini puede leerse en Internet.[11]

Aldo Lavagnini falleció en México el 12 de marzo de 1963 pero su obra, 50 años después, con la ayuda de las nuevas tecnologías, es más leída que nunca. ¿Por qué molesta tanto Lavagnini a los masones positivistas? ¿Por qué se niegan a aceptarlo como Hermano? Sin duda, a los francma­sones ateos y agnósticos les fastidia que Lavagnini incorpore elementos espirituales a sus obras pero más les molesta que sus obras sigan siendo tan populares, aún en el interior de una Orden Masónica en crisis que no ha dejado de apos­tar por la secularización, el laicismo y el trabajo externo, dejando de lado la ascesis alquímica, el pensamiento hermético y la rica herencia de los Maestros del pasado[12]. En estos tiempos finales y acelerados del Ka­li-Yuga, en esta edad de hierro seña­lada por las tradiciones de Oriente y Occidente, donde la oscuridad y la confusión lo invaden todo, se hace necesaria la reinvindicación de figu­ras como Aldo Lavagnini, Federico González, Carlos Raitzin, Antenor dal Monte y sobre todo Fermín Vale Amesti, el venerado maestro de Ca­racas. Este último, actuando como un verdadero heraldo de una maso­nería regenerada, brindó en su máxi­ma obra “El Retorno de Henoch” los elementos claves para que la Franc­masonería reencuentre su propósito y sea un factor decisivo en la reconstrucción de la sociedad primordial, donde la Belleza, la Bondad, la Justicia y la Verdad dejen de ser conceptos abstractos para convertirse en el eje de un mundo nuevo y mejor.

A propósito de Vale Amesti, concluimos este breve artículo biográfico con una frase de su au­toría, que describe la actual situación de la Orden Masónica: “Desafortunadamente, la mayoría de los masones especulativos permanece en una especie de limbo rutinario enceguecedor que no les permite ni siquiera sospechar la profundidad y trascendencia de un Conocimiento que, para ellos, no va más allá de un simple “moralismo”, algunas prácticas humanitarias de muy poco alcance y una “fraternidad” de convivio. Suelen “vegetar” en la Orden, girando en círculos como la noria, rumiando ideas profanas que caducaron hace varios siglos, o tratando de imple­mentar actividades de orden profano e intrascendente. ¡Qué pobre y banalizado concepto del que realmente constituye la verdadera Masonería Tradicional!”.[13]  






[1] Burckhardt, Titus: “Siena”
[2] En su obra “Manual del Aprendiz”, Lavagnini cita al pasar a su ciudad natal en referencia a las corporaciones medievales y sus vinculaciones con la Francmasonería.
[3] Dana Lloyd, Thomas: “Il tempio assalito: introduzione allo studio della campagna antieso¬terica nell’Italia fascista”
[4] Latomístico: Sinónimo de “masónico”. La palabra deriva del latín “lātomĭa” y este, a su vez, del griego, compuesto lâs, “piedra”, y tomíai, “tallar”.
[5] Brunelli, Francesco: “Il Martinismo e l’Ordine Martinista: Documenti sulla iniziazione tra¬dizionale in Occidente”. Además de su notoria actividad en el seno del martinismo, Brunelli fue nombrado responsable del Rito Antiguo y Primitivo de Memphis y Misraim en 1973 por Robert Ambelain.
[6] Citado en: Varvaro, Paolo: “Una città fascista: potere e società a Napoli”.
[7] Dalmor: “Quién fue y quién es en ocultismo”
[8] Véase: http://www.boletinoficial.gov.ar
[9] Del Montesexto, Phileas: “El Peregrino de la Rosacruz”
[10] De Turris, Gianfranco: “Esoterismo e fascismo: storia, interpretazioni, documenti”
[11] Véase el curioso documento en la web
http://jfk.hood.edu/Collection/Weisberg%20Sub-ject%20Index%20Files/G%20Disk/Garro%20de%20Pas%20Elena/Item%2008.pdf
[12] Al no ser tampoco un exponente claro de las doctrinas tradicionales y estar demasiado cerca de algunas corrientes espiritualistas condenadas por René Guénon, Lavagnini también es menospreciado muchas veces por algunos masones que se identifican con las corrientes peren¬nialistas. Es verdad, la obra de Lavagnini tal vez no sea perfecta, pero si tenemos en cuenta el entorno espiritual y político en donde fue producida y el público al que fue dirigida, tendremos que aceptar que la colección masónica de Magister posee un innegable valor.
[13] Vale Amesti, Fermín: “El esoterismo, lenguaje de los misterios”, artículo publicado en la “Revista masónica de Venezuela”, abril 1995.

Monday, February 6, 2017

La Estrella Flamígera - Jorge Norberto Cornejo

La Estrella Flamígera

Jorge Norberto Cornejo

Introducción
Uno de los símbolos más universalmente utilizados en Masonería es la Estrella Flamígera[1]. Se la encuentra prácticamente en todos los Ritos; es la “marca” fundamental del grado de Compañero y uno de los emblemas más inspiradores que la Orden le ofrece a sus miembros. Ahora bien, ¿qué simboliza realmente la Estrella Flamígera?
Algunos Rituales del Rito York afirman que simboliza a Dios, o a lo Divino en general. Desde mi punto de vista, esta interpretación es inaceptable, no sólo por su carácter religioso, sino porque no se entiende de qué forma el símbolo se relaciona con lo simbolizado.
Tampoco aporta demasiado decir que la Estrella Flamígera era un signo pitagórico de salutación, porque en tal caso se trataría de un emblema convencional, elegido en pie de igualdad con muchos otros.
Mackey dice que la Estrella Flamígera simboliza la prudencia, pero esto parece una interpretación exotérica de poco valor iniciático. Eventualmente, más que la «prudencia» en un sentido convencional, deberíamos vincularla con el concepto griego de «frónesis», del que la prudencia es una derivación secundaria.
En la Ética a Nicómaco, de Aristóteles, la frónesis (del griego: Φρόνησις, phronesis, y esta de «phroneo», comprensión) es la virtud del pensamiento moral, normalmente traducida como 'sabiduría práctica', a veces también como 'prudencia' (en cierto sentido se contrapone a la hibris o ‘desmesura’). A diferencia de la Sofía (o sabiduría superior), la frónesis es la habilidad para pensar cómo y por qué debemos actuar para cambiar las cosas, especialmente para cambiar nuestras vidas para mejor. La frónesis es un momento de reflexión antes de actuar, no por mera prudencia, sino por el ejercicio de la sabiduría. Según Aristóteles, la frónesis es el fundamento y la matriz de la praxis.
La interpretación precedente puede ser interesante, pero a todas luces es poco satisfactoria. Entre la idea simbolizada y el objeto que la simboliza debe existir algún tipo de conexión, algo en la forma del símbolo que lo relacione con el concepto del que busca ser la síntesis y la imagen figurativa.
En ese orden de ideas, la Estrella Flamígera refiere, obviamente, a algo de tipo astronómico, y creemos que es en la astronomía donde podemos hallar su verdadero significado.



La Estrella Flamígera
A lo largo del tiempo, se han propuesto cuatro objetos astronómicos como candidatos a ser simbolizados por la Estrella Flamígera: el Sol, la Estrella Polar, la estrella Sirio y el planeta Venus.
Descartemos el Sol, porque eso implicaría repetir un símbolo que ya se encuentra en el Oriente de los Templos masónicos.
La Estrella Polar es una opción interesante porque, cuando nos situamos en el Hemisferio Norte, todo el cielo parece girar en torno de la misma. Por ello, la Estrella Polar representa el “punto fijo”, el motor inmóvil en torno del cual se desarrolla todo movimiento. Es, en cierto, modo, el punto en el centro del círculo. Asimismo, las estrellas circumpolares que, por encontrarse próximas a la Polar, giran en circunferencias de radio pequeño y nunca llegan a ocultarse detrás del horizonte, también han encontrado un lugar en el simbolismo iniciático, que no desarrollaremos por exceder los límites del presente trabajo.
Sin embargo, entre la Estrella Polar y la Estrella Flamígera propiamente dicha existe una diferencia. Ubicar la Polar en el Oriente, entre el Sol y la Luna, no tiene demasiado sentido. Por el contrario, cuando la Estrella Flamígera se dibuja en el techo del Templo, en el centro exacto del mismo[2], sí puede asociarse significativamente con la Polar. Tal asociación se hace aún más relevante cuando de la Estrella desciende una plomada, que “cae” exactamente sobre el Altar, en el punto preciso en que la escuadra y el compás descansan sobre el Libro. En tal diseño simbólico, si la Estrella representa el Centro del Mundo, la plomada indica el Eje correspondiente.
Por lo tanto, podemos concluir que, entre la Estrella Flamígera y la Estrella Polar existe una relación simbólica, pero la misma no es significativa cuando la Flamígera se representa en el Oriente, como es la situación más habitual.
Pasemos a examinar la Estrella Sirio. Esta era la “estrella perro” de los antiguos egipcios[3], dado que su salida helíaca[4] anunciaba el próximo desborde del Nilo. Sirio, “como un fiel perro guardián” advertía a los egipcios de la cercanía de la inundación que fertilizaba el valle del Nilo.
Sirio es la estrella más brillante del firmamento, y en ese sentido podría calificarse de “flamígera”. Además, Sirio desempeñó un papel importante en numerosas mitologías y religiones antiguas. Sin embargo, no podemos encontrar para este astro una aplicación específicamente masónica.
Entonces, ¿a qué corresponde la Estrella Flamígera? Considero que podemos encontrar una respuesta en la religión sumeria del tercer milenio antes de Cristo.
En la referida religión, la estrella Sirio cumplía una función importante, tanto en la determinación del ciclo agrícola como en su condición de divinidad en sí misma. Su nombre sumerio significa “flecha del cielo”[5].
Ahora, si bien Sirio era considerada como una de las divinidades principales, estaba subordinada a “la estrella dominante de Dios sobre el resto de los objetos celestes”, que para los sumerios era el planeta Venus.
Y es con Venus con quien queremos relacionar, precisamente, el simbolismo de la Estrella Flamígera.
Venus
Obviamente, Venus no es una estrella, sino un planeta, y esto era perfectamente conocido por los antiguos. Sin embargo, visto a ojo desnudo Venus aparece como una estrella brillante, lo que justifica los calificativos de “Lucero de la Mañana” y “Lucero de la Tarde” que ha recibido[6].
Precisamente, Venus siempre se observa un poco antes del amanecer o un poco después del anochecer, lo que la asocia al Sol, cerca del que se encuentra la Estrella Flamígera en los Templos masónicos. Es posible que en la antigüedad Venus se viera mucho más luminosa que desde las ciudades actuales, por lo que los egipcios la calificaron de “una estrella giratoria que difunde su fuego en la tempestad”, mientras que para los mesopotámicos era “un diamante tan destellante como el Sol, siempre rodeada y coronada por llamas”. En las enseñanzas Martinistas, se dice que los sumerios consideraban a Venus como hija de la Luna y hermana del Sol.
Las observaciones astronómicas más elementales revelan que Venus presenta fases como la Luna, y desde antiguo se la ha asociado con ciclos de muerte y renacimiento.
Joseph Campbell ha estudiado ampliamente el significado del sacrificio ritual del Rey, una práctica relativamente habitual en las culturas antiguas[7]. En efecto, fue una costumbre en numerosas culturas neolíticas que el Rey fuese sacrificado periódicamente (muchas veces por su propia mano, en un suicidio ritual totalmente ajeno al pensamiento moderno) y que tal sacrificio supuestamente se realizara para garantizar la fertilidad de la tierra y la prosperidad de la población[8]. El Rey era entonces, mitológica y simbólicamente, comparado con el planeta Venus.
¿Cuál es, en Masonería, ese Rey simbólico que es sacrificado? Hiram Abiff.
Quizás la respuesta pueda sorprender, porque efectivamente Hiram Abiff no era Rey, como sí lo eran los otros dos Grandes Maestros: Salomón, Rey de Israel e Hiram, Rey de Tiro. Pero aquí la condición “real” no guarda relación con el gobierno o el ejercicio del poder, sino que está vinculada con el Rey arquetípico de la cábala y de la alquimia.
En los Rituales masónicos más antiguos, y en algunos Rituales actuales del Rito York, la Cámara del Medio era el lugar donde los Compañeros recibían su salario, y no la Logia donde se reúnen los Maestros, como es el uso actual. El candidato a ser recibido Compañero, tras superar la prueba del Guardatemplo, ingresaba a la Cámara y contemplaba la Estrella Flamígera. Era como si el nuevo Compañero viera, por primera vez, al Gran Maestro cara a cara.
¿Qué tiene, entonces, Venus para ofrecer dentro del simbolismo masónico, en su relación con la Estrella Flamígera? En primer lugar, analicemos el emblema tradicional de Venus:

Se compone de un círculo, que representa lo infinito, y de una cruz, que corresponde al mundo finito. Por lo tanto, este símbolo implica una cierta mediación entre el micro y el macrocosmos, mediación que Hiram, como héroe civilizador, como encarnación viviente del Logos, representa perfectamente, así como también lo hacen los rayos de una Estrella, que se originan en el Cielo pero llegan hasta la Tierra. El símbolo de Venus es similar a la cruz ansata de los antiguos egipcios, símbolo de la vida. Pero la vida, en el sentido de su generación, sustento y procreación, está estrechamente vinculada con lo femenino, en su sentido mitológico, y sobre ese aspecto quisiéramos extendernos.


La Gran Madre Arcaica
En las distintas culturas antiguas, Venus siempre se ha relacionado con divinidades de sexo femenino: Ishtar en Asiria, Astarté en Fenicia; Afrodita en Grecia; la misma Venus en Roma, entre muchas otras. De una forma u otra, se trataba de la Gran Madre, la Divina y Celeste Madre Universal, a veces compasiva de la humanidad sufriente, a veces, como la Kali de la India, sedienta de la sangre de sacrificios humanos. Una diosa, por lo tanto, con dos rostros: uno amante, otro terrible.
No es, por lo tanto, casual, que la Estrella Flamígera, símbolo del planeta Venus, presida en la Cámara del Medio, ese sacrificio ritual del Rey que la Masonería conoce como la muerte de Hiram[9].
La Gran Madre, el eterno femenino, es también uno de los símbolos universales de la Belleza, y recordemos que, en la tríada de los Grandes Maestros, Hiram Abiff corresponde a la Belleza, así como Salomón lo hace con la Sabiduría e Hiram de Tiro con la Fuerza o Fortaleza.
Se podrá afirmar que estas asociaciones son un tanto confusas. De hecho, lo son. Es que en la Masonería, institución de origen definidamente masculino, encontramos una búsqueda inconsciente y casi caótica de lo femenino. Símbolos como las “Marianas masónicas”[10], como la rosa, la Sophia, las representaciones femeninas de la gnosis, etc., representan una forma de buscar, a tientas, la representación de lo femenino, como un intento de alcanzar la expresión completa de lo humano, que incluye tanto lo masculino como lo femenino.
La Estrella Flamígera, en el Oriente de los Templos masónicos, es una presencia viva del principio femenino, aunque no siempre se la reconozca como tal.
La conjunción de los opuestos
En distintas oportunidades se ha interpretado la Estrella Flamígera como símbolo del Hombre, y se ha llegado a representar el miembro viril en la intersección de las dos “piernas” de la Estrella. En nuestro estudio, la Estrella Flamígera se ha revelado como un símbolo de lo femenino.
Esto no es contradictorio, ni tampoco debe sorprendernos. Más allá del carácter “fluido” de cualquier símbolo de naturaleza esotérica, que le permite representar tanto un idea como su contrario, la Estrella aparece entonces como un emblema de la conjunción de los opuestos, de la fusión de las polaridades, del tercer término equilibrador, de la síntesis que, armonizando los opuestos complementarios, al mismo tiempo los trasciende.
No es casual, por lo tanto, que en el Oriente la Estrella se sitúe entre el Sol y la Luna, entre el positivo y el negativo, pues ella manifiesta y expresa la conjunción de los opuestos.
A modo de conclusión
Distintos autores han intentado vincular el simbolismo masónico con la astronomía[11]. Son conocidas las obras de Dupuis y Volney sobre el tema, así como los extensos trabajos de Ragón sobre la misa católica, los antiguos misterios, los ritos masónicos y sus referencias celestes[12].
Sin embargo, es un error pensar que el simbolismo masónico reproduce literalmente objetos y/o hechos astronómicos, pues en tal caso no sería un simbolismo, sino una mera reproducción de lo ya existente.
Muchos de los símbolos masónicos han sido tomados o se han inspirado en “esas cosas que se ven en el cielo”, parafraseando a Carl Jung. Sin embargo, esto se ha hecho con el propósito de representar algo más, de avanzar un paso, de “traer el cielo al Templo masónico”, con el objetivo de servir de soporte simbólico a abstractas ideas metafísicas. En este trabajo hemos buscado mostrar cómo, a través de la Estrella Flamígera, asociada con el planeta Venus, el Eterno Femenino “asoma” dentro del contexto esencialmente masculino de la Masonería, y avanza hacia la noción de la conjunción de los opuestos, objetivo final de la Iniciación.
Análisis similares pueden realizarse respecto de otros símbolos masónicos. Decir, por ejemplo, que Hiram representa al Sol y los tres Asesinos a los meses del invierno, en realidad es empobrecer el símbolo. Queda planteado, por lo tanto, para futuros trabajos, emplear las referencias astronómicos como un puente levantado para otorgar profundidad, y no para banalizar, los símbolos masónicos.

  


[1] “Estrella Flamenante”, “Estrella Resplandeciente”, etc.
[2] Como ocurre en algunos Templos del Rito York y en Templos antiguos de distintos Ritos.
[3] El calificativo “estrella perro” explica por qué Sirio forma parte de la constelación denominada “Can Mayor”.
[4] La salida helíaca de una estrella es su primera aparición por el horizonte oriental después de su período de invisibilidad –aproximadamente seis meses–.  
[5] Sería interesante relacionar este nombre mitológico con la flecha simbólica que aparece en algunos grados del Rito Escocés, tales como el 21° (Noaquita), en el que la flecha desciende desde el cielo hacia la tierra, y el 26° (Escocés Trinitario), en el que una flecha tricolor reemplaza el mazo del Maestroi.
[6] Estas dos apariciones del mismo astro lo califican, a su vez, como un símbolo apropiado de la ley de dualidad.
[7] Ver “Las Máscaras de Dios”, especialmente el volumen sobre “Mitología Primitiva”.
[8] Se ha dicho que, en la versión evangélica convencional, el hecho de entregar a Jesús (el “rey” de los judíos) para que fuese ajusticiado fue una expresión más de esta práctica.
[9] No es contradictorio que la misma Estrella sea el héroe sacrificado y la diosa que preside tal sacrificio. Tales asociaciones son comunes en el pensamiento mitológico. Además, aquí tenemos una primera aproximación al tema de la conjunción de los opuestos.
[10] Muy difundidas durante la Revolución Francesa.
[11] Ciencia que, en cualquier caso, se relaciona con el simbolismo masónico por formar parte del Cuadrivium.
[12] Ver, por ejemplo, “La Misa y sus Misterios”, J.M. Ragon, Editorial Berbera, México, 2009.