Monday, February 18, 2019

EL Mito y el Símbolo de Santiago Apóstol - FRANCISCO ARIZA


EL Mito y el Símbolo de Santiago Apóstol


FRANCISCO ARIZA


Quisiéramos añadir las siguientes reflexiones acerca del Apóstol Santiago en tanto que mito fundador de la España medieval, forjada durante la Reconquista. Como otros grandes episodios de la Historia (Grecia contra Persia, Roma contra Cartago, etc.), la Reconquista se inscribe dentro de la lucha por la hegemonía de dos civilizaciones, en este caso la cristiana y la musulmana, pero que tuvo además otras connotaciones debido al largo período de permanencia en la península de la civilización islámica.

Existió evidentemente la España musulmana, con sus características propias, y que durante varios siglos fue hegemónica cultural y militarmente con respecto a la España cristiana, al menos hasta comienzos del siglo XIII con la famosa batalla de las Navas de Tolosa (Jaén), ganada por los ejércitos venidos de los distintos reinos cristianos de la península al mando de Alfonso VIII, y que supuso un punto de inflexión en el desarrollo de la Reconquista. A pesar de todo, hubo períodos de relativa estabilidad, e incluso de fructífera y mutua influencia cultural (los mozárabes cristianos son un ejemplo entre muchos otros), y relaciones de todo tipo entre las distintas poblaciones (incluida la judía), y por supuesto entre los reyes cristianos y musulmanes. En los casi ocho siglos que duró la presencia de la civilización árabe en España ocurrió de todo, pero siempre existió una cuestión pendiente en la España cristiana: la recuperación del solar arrebatado.

La Reconquista llevada a cabo por la España cristiana surgió de un impulso nacido de necesidades anímicas y espirituales que tenían en el Apóstol Santiago (y en San Millán) el origen de su fe y de su esperanza en la victoria final sobre el Islam. Frente al poder militar y la fortaleza mostrada por este último, los habitantes de la España cristiana reaccionaron acudiendo a la leyenda de uno de los apóstoles de Cristo, Santiago el Mayor, “hijo del trueno” como lo es también Juan Evangelista, y ambos “hermanos” del Señor, pero no de la carne sino del Espíritu.

Los Dioscuros Cástor y Pólux en un denario romano

Américo Castro en La Realidad Histórica de España señala que la figura de Santiago montado en su caballo blanco es la síntesis de los dos Santiago que aparecen en los Evangelios, el Mayor y el Menor; ambos evocan también las figuras de los Dioscuros (Cástor y Pólux), que igualmente aparecen montados a caballo, y “descienden” del cielo al igual que Santiago en su caballo blanco en el momento de la legendaria batalla de Clavijo (año 884), lo que supuso una victoria significativa sobre el ejército musulmán, dando lugar al mito de Santiago Matamoros, un mito vertebrador de la España cristiana, que a partir de entonces ve posible la reconquista. Precisamente los Dioscuros son las divinidades tutelares de la caballería, y en cierto modo también lo es Santiago Apóstol con respecto a la caballería cristiana de España, como lo certifica que surgiera una Orden militar con su nombre: la Orden de Santiago.

Los Dioscuros son hijos de Júpiter, y en esto también habría una semejanza con Santiago el Mayor, que con Juan Evangelista es el “hijo del trueno” (ligado al rayo o relámpago, “armas” de Júpiter), como hemos señalado anteriormente. También hicimos mención a San Millán, otro santo guerrero, considerado durante mucho tiempo el patrón de Castilla, y que contribuyó junto a Santiago en el proceso de afirmación de la identidad cristiana de España (inseparable de su constitución como nación) frente al poder musulmán. Pues bien, existió un paralelismo entre ambos patrones y los Dioscuros, como evoca este poema de Gonzalo de Berceo en su Vida de San Millán, escrito en el siglo XIII:

“vieron dues personas fermosas y lucientes / mucho eran más blancas que las nieves recientes / Viníen en dos cavallos plus blancos que cristal …/ avíen caras angélicas, celestial figura, descendíen por el aer [aire] a una grant pressura, catando a los moros con torva catadura, espada sobre mano, un signo de pavura [pavor]”.

En este poema, y en muchas leyendas en torno a Santiago, hay que hacer una transposición simbólica a otro orden de realidad no sólo circunscrito a la guerra externa, sino a la que se libra contra los “enemigos internos”, que es la más importante desde nuestro punto de vista. En este sentido es imprescindible la “ayuda” de las entidades espirituales, es decir el despertar de la conciencia a los estados superiores del ser, que en este contexto están representados o simbolizados por los Dioscuros, San Millán y Santiago Apóstol. También por San Jorge y San Miguel. Todos ellos patrones terrestres y celestes de la caballería hermético-cristiana.

Recordemos, en fin, que el “trueno”, anunciado por el rayo, es la propia Palabra que ilumina el intelecto humano, lo fecunda y lo vivifica. Acerca de San Millán quisiéramos añadir que la relación que mantiene con Santiago Apóstol se extiende también a esa función taumatúrgica característica del patrón de España, y que igualmente está presente en San Juan Evangelista. Además, la espada flamígera que blande San Millán tanto en la batalla de Simancas como en la de Hacinas, alude también al “fuego del Espíritu” y por supuesto al “rayo”, es decir al símbolo que expresa la emanación de una influencia espiritual, que es al mismo tiempo una “protección” del espacio sagrado (espacio sacralizado que era también la tierra de España para aquellos guerreros cristianos), lo cual evoca desde luego al querubín guardián que con su espada flamígera protege la entrada al Paraíso.

Santiago predicó en España, y tras su muerte sacrificial en Palestina fue trasladado en barca (o arca) nuevamente al país del Occidente, o del extremo Occidente para aquella época, siendo enterrado finalmente en Galicia, en el finis terrae, en el “fin del mundo conocido”, como una semilla plantada en tierra sagrada destinada un día a dar sus frutos, que serían perceptibles en el desarrollo posterior de la Historia de España, incluida la “conquista” de América, considerada como la apertura a “un nuevo mundo”, que por analogía se correspondería con otros planos más sutiles e intangibles de la realidad. Pero el mito de Santiago, y las posibilidades que éste contenía, permaneció latente durante siglos y no se habría despertado con la fuerza con que lo hizo si los árabes no hubieran invadido la península. A una acción sigue irremediablemente una reacción según la ley universal de las “acciones y reacciones concordantes”, que repercuten tanto en la Historia como en el ser humano.

Esto nos hace recordar lo que dice Arnold Toynbee en su Estudio de la Historia acerca de los “golpes subitáneos”, o repentinos, que reciben los pueblos por parte de sus invasores, y que pueden ser un verdadero acicate para reaccionar frente a esa invasión, despertando en ellos energías que permanecían dormidas, y que generalmente son aquellas que, al despertar, rompen con esquemas mentales solidificados para dar cauce a otras potencialidades de su ser colectivo, e individual, pues en estos casos lo colectivo y lo individual actúan al unísono, como un solo organismo. Hubo, en consecuencia, una verdadera “revolución de las conciencias” que durante varios siglos giró en torno al apóstol Santiago, cuyas historias ejemplares sirvieron para ir galvanizando espiritual y culturalmente una sociedad, la España cristiana, que había sido vencida y fragmentada por la invasión árabe del 711.

Por otro lado, el hecho de ser Santiago el “hermano” de Cristo lo dotaba de una autoridad espiritual superior a otros apóstoles, como Pedro, el fundador de la Iglesia de Roma. El Camino de Santiago fue, en este sentido, un eje que iría ordenando poco a poco la vida de aquellos reinos del norte peninsular que habían sido liberados de la presencia islámica. Era el camino que unía España con Europa, y viceversa, y más concretamente con Santiago de Compostela, el “campo de estrellas”, que devino, junto con Jerusalén y Roma, el centro sagrado de la Cristiandad.

En este sentido, no hay que olvidar que el mito de Santiago (y el camino al que da nombre) está íntimamente relacionado con la luz que viene de Oriente y se dirige a Occidente, siguiendo así el ejemplo de otros muchos héroes de la antigüedad, como el griego Heracles-Hércules sin ir más lejos, uno de los fundadores míticos de Hispania. Nos interesa destacar este aspecto civilizador del discípulo de Cristo, es decir el carácter fundacional de su misión para una época determinada de la Historia de España, y también de la Europa cristiana, construida espiritualmente de Oriente a Occidente siguiendo el eje Jerusalén-Roma-Santiago de Compostela.

Este último es un lugar de peregrinaje no sólo religioso, sino también iniciático y alquímico, hasta tal punto que el propio apóstol Santiago llegaría a ser el patrón de los alquimistas, además de todos aquellos oficios ligados con la iniciación a los misterios de la Cosmogonía. Santiago es entonces, y al igual que Juan Evangelista, el representante de la “Iglesia Secreta”, o “Iglesia Interior”, denominación dada al esoterismo cristiano, donde reside el aspecto más profundo y metafísico de esta tradición. Pedro, en cambio, representa la “Iglesia exterior”, la puramente religiosa y dogmática.

Así pues, en su sentido más profundo y elevado, supra-histórico podríamos decir, el Camino de Santiago (reflejo de la Vía Láctea) es un símbolo de las etapas de la realización interior. Es por ello que Compostela es también el “compost” alquímico, es decir el “abono” de la putrefacción de donde surgirán las energías y potencias que regenerará al ser en su proceso de Conocimiento. El simbolismo alquímico es aquí transparente: el finis terrae, el lugar donde se oculta y “muere” el sol, es el comienzo de otro viaje, esta vez no ya horizontal sino vertical, pues se ha llegado a un “lugar” (a un centro donde mora el Espíritu del Dios Vivo) en el proceso del viaje interior donde todo lo realmente nuevo está por encima de las expectativas que puedan generar lo humano, que no queda abolido ni disuelto en una especie de “ensoñación cósmica” como cree y postula la falsa espiritualidad de hoy en día, sino “transmutado” o “sublimado” en sus posibilidades más universales.

De la patria terrestre a la patria celeste. Siguiendo las pautas de una Historia y Geografía sagradas, y por tanto simbólicas, míticas y significativas.






Thursday, January 24, 2019

Historia y Moral del Grado de Maestro Secreto IV


Historia y Moral
del
Grado de Maestro Secreto IV


VV.·.HH.·. : Este trazado fue realizado en el año 1954 por el
I.·. y P.·.H.·. Carlos Cornejo López 33º,
y en su memoria he digitalizado su trabajo.
I.·. y P.·. H.·. Emilio Raúl Ruiz Figuerola 33º
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Q.·.H.·.
Que la escuadra os haga acordar siempre de que debéis andar por el camino de la rectitud, y jamás desviaros a los tentadores senderos del error. Que la escuadra os haga pensar a cada momento de que ahora habéis pasado de la escuadra a los compases, lo mismo que el geómetra que pasa de las líneas rectas y de los ángulos por medio de los cuales mide las superficies de la tierra, a las grandes curvas y círculos con los que calcula los movimientos de los astros. Comenzad ahora a elevaros sobre la tierra, y a escalar las esferas del conocimiento espiritual, porque ahí, y no sobre la tierra, podréis encontrar la Verdad y LA PALABRA PERDIDA.
Contemplad nuestra Logia revestida de luto, querido hermano, y a los hermanos que se han revestido de pesar, por la muerte del Maestro Khurum, (“Khurum, llamado (traducido) impropiamente Hiram, es Khurom, el mismo que Herra, Hermes y Heracles, la personificación de la Luz y del Sol, el Mediador, Redentor y Salvador”. Albert Pike, Moral y Dogma.) y por el eclipse de la luz y de la verdad, ocasionado por las negras, torvas y funestas nubes de la oscuridad y del error. El duelo por la pérdida de aquellos que amamos es muy natural y propio. Pero nosotros lamentamos no solamente la muerte de un amigo y de un benefactor, sino también la pérdida de la VERDADERA PALABRA, de la que se nos ha privado por su muerte, y la que debemos buscar hasta encontrarla.
Esta Logia representa aquella del Sarim, o del Príncipe de Israel, reunida inmediatamente después de la muerte de Khurum, y antes de que se descubriera a sus asesinos cuando Adoniram, que estuvo a cargo de la exacción de tributos, fue nombrado Vigilante y Jefe de los Trabajos en su lugar interinamente y cuando Azariah ben Nathan fue nombrado en lugar de Adoniram y en reemplazo de éste se puso a Jehoshaphat a cargo de los Siete Príncipes, elevándose a Jerboam al grado de Príncipe y Maestro para llenar la vacante que se había producido.
Y así como a Joroboam se le hizo Príncipe en Israel y se le dio el cargo de Superintendente de los Constructores del Templo, lo mismo hago yo ahora recibiéndoos y aceptándoos, querido hermano, como a uno de los Siete Maestros Secretos de esta Logia, para que de una vez os hagáis cargo de los deberes superiores que vuestro rango mayor os impone.
Ver el Trazado completo:



Portal del Rito Escocés Antiguo y Aceptado del Guajiro

La Hermandad para toda la Humanidad


Tuesday, January 15, 2019

Buda



Buda


De todos los líderes espirituales de la humanidad, seguramente de Siddhartha Gauthama, El Buda, es de quien más evidencia histórica sólida existe.
Nació en Kapilavatsu al Norte de la India, en el área que hoy corresponde al Nepal, aproximadamente entre 600 a 500 años antes de la era cristiana.
De estirpe noble, hijo del rey Suddhodana, monarca del clan de los Sakyas de la región.
Cuenta la tradición que su madre, Maya, mientras estaba embarazada, fue visitada en un sueño por un elefante blanco que le augura que su hijo sería un salvador, un redentor de la humanidad. Su padre el rey, sin embargo, quería un príncipe de estirpe guerrera para que lo sucediera en el trono.
Fue así, que durante el parto de la reina, en una ceremonia especial que el mismo rey preparó para ese fin, el niño fue visitado por tres venerables sabios de la zona. Esto nos recuerda a los tres reyes magos del Cristo occidental. El rey se molestó a nueva cuenta por la visita de los sabios, pues insistía en que su hijo jamás sería una especie de líder espiritual o redentor de la humanidad
Se dice que el niño nació de pies y caminando, aludiendo a su conciencia despierta. Fue llamado Siddhartha Gautama.
Al poco tiempo del parto, la madre de Siddhartha Gautama enfermó y murió.
Su padre, el rey Suddhodana, empeñado en un líder guerrero para su pueblo, y para tratar de alejarlo de todo lo mundano, aisló a su hijo en diferentes palacios, uno para cada estación del año. Ahí, Siddhartha, estaría rodeado de lujos, belleza, salud y abundancia.
Cuenta la tradición que Siddhartha recibió todo tipo de formación intelectual y militar.
 Llegó a ser un experto arquero y disfrutaba practicando lucha y artes marciales con sus amigos en el palacio. Toda su juventud pasó aislado del mundo. Narra la leyenda, que Siddhartha contrajo matrimonio con una princesa, después de haber superado en pruebas de fuerza, armas y sabiduría, a otro príncipe rival.
Por fin los Dioses hicieron su llamado a Siddhartha, cuando este contaba con 29 años… mientras deambulaba por el palacio, escuchó mágicamente a una mujer tocar un instrumento musical y cantar sobre su tierra. Se acercó a ella y le preguntó conmovido qué cantaba; la mujer le dijo que sobre su tierra lejana. Siddhartha reflexionó sobre lo que había más allá de las paredes del palacio, y le exigió a su padre salir a conocer lo que había afuera.
Ante su insistencia tenaz, el rey accedió, pero poniéndole un fiel cochero y trazando el recorrido por la ciudad, donde solo había gente joven, un camino de flores, abundancia y felicidad.
Pero los Dioses también hicieron su jugada… Durante la primera salida, le presentaron a un hombre viejo. En la segunda, a un enfermo. Luego la pobreza y la muerte. En el último viaje le mostraron a un asceta, un hombre santo con una actitud contemplativa ante la vida.
Ante cada revelación, Siddhartha acudía molesto donde su padre, a reclamarle por no mostrarle la esencia de la existencia: el sufrimiento y la existencia condicionada. Discutió con su padre sobre su deseo de abandonar el palacio y averiguar la salida, la salvación a este valle de sufrimiento para todos los seres sintientes. Ante la determinación del príncipe, el rey decide doblar la guardia del castillo y cerrar las puertas.
Pero una noche, una niebla mágica cayó, haciendo que los guardias cayeran dormidos y que las puertas del palacio se abrieran solas.
Siddhartha caminó al exterior, había iniciado su sendero.
Se adentra en el bosque, donando sus sandalias y sus ropas de príncipe a cuanta persona necesitada encontró. Dicen que los árboles se doblaban tras su paso, conmovidos por la infinita compasión de Siddhartha.
Así buscó la verdad, uniéndose por siete o diez años a un grupo de ascetas en el bosque. Pretendió, a través del conocimiento de los yoguis y maestros, y sometiendo su cuerpo y su mente a todo tipo de restricciones y disciplina, conocer la verdad última. Pero enfermó, su cuerpo se desnutrió por completo y estaba a punto de morir. Comprendió que ningún asceta podría llevarlo más allá de cierto punto y que la disciplina severa no lo conduciría a la liberación.
Pidió a los Dioses una señal. Fue entonces cuando vio a una mujer lavando en un río, notando que una vasija que ella tenía, giraba mágicamente en contra de la corriente. Un remero iba al mismo tiempo con su hijo templando las cuerdas de un instrumento musical de cuerda y le decía ''si estiras mucho la cuerda, se rompe. Si no la tensas suficiente, no da la nota''
La mujer, el agua, representan con claridad la búsqueda de la iluminación a través del deseo mismo, a través de la sublimación de la energía creadora.
Comprendió Siddhartha con ello, el sendero del camino medio. Se alimentó, recobró la salud y decidió buscar por sí mismo la iluminación.
Cierta ocasión, mientras meditaba en el bosque, asombró a quienes lo acompañaban, cuando, al caer una lluvia imprevista, una cobra real subió por su espalda y extendió su cuello a la altura de la coronilla de Siddhartha para evitar que se mojara. La energía sexual transmutada en su ascenso glorioso, hacia adentro y hacia arriba, por la médula espinal.
Finalmente, Siddhartha se decidió a alcanzar la iluminación meditando bajo una higuera sagrada en la India, el árbol Boddhi, fiel alegoría de la fertilidad y de la energía sexual. No se levantaría hasta lograrlo.
Fue entonces cuando Mara, el demonio, le tentó con sus hijas: ira, lujuria, odio, avaricia, pereza, miedo…en forma de hermosas mujeres…una a una las venció, convirtiéndose todas en hojarasca a los pies de Siddhartha
El demonio, furioso, decidió atacar con un ejército (que representa los miles y miles de detalles que conforman un día cotidiano común y corriente) El ejército de Mara, el demonio, de miles de agregados (nuestro yo psicológico) tensó todas sus flechas y las lanzaron contra Siddhartha. Pero una a una cayeron convertidas en flores de loto antes de tocarle: el recuerdo de sí, el estado de plena atención y la auto observación psicológica.
Finalmente, Mara se presentó frente a Siddhartha, mostrándose en posición de meditación, adoptando la misma apariencia que Siddhartha. Le tomó de la mano y le dijo:
“adórame, yo soy tú, te ofrezco el mundo”
En diálogo exacto al que tuviera Jesús con el demonio en el desierto.
Siddhartha abrió los ojos y comprendió, y poniendo una mano sobre la tierra declaró:
“al fin te conozco arquitecto de mi propia casa…tú, mi propio YO, declaró ante la tierra que eres ilusión”
En este instante, Siddhartha fue EL BUDA, el iluminado, quien logró la unión del UNO con el TODO guiado por la compasión universal incondicional por todos los seres sintientes.
“Avanzando estos tres pasos, llegarás más cerca de los dioses: Primero: Habla con verdad. Segundo: No te dejes dominar por la cólera. Tercero: Da, aunque no tengas más que muy poco que dar”. Buda

Del Conocimiento de Dios - Jean-Baptiste Willermoz



DEL CONOCIMIENTO DE DIOS

De la Unidad de la Trinidad de la cuatriple esencia Divina de los cuatro números 
co-Eternos Divinos

DE DIOS CONSIDERADO EN SU UNIDAD Y EN LA TRINIDAD DE SUS POTENCIAS CREADORAS




Jean-Baptiste Willermoz

1. Dios es puro Espíritu, incorporal, sin ninguna forma ni figura, Eterno e Infinito, sin comienzo y sin fin. Es el Ser de los seres. Existiendo por él mismo por toda la eternidad, es el principio único y absoluto de todo lo que existe. Es un hogar inmenso de Luz, de Gloria, de Beatitud, y un abismo infinito de Grandeza, de Sabiduría, de Poder y de todas las Perfecciones. Conteniendo en él mismo en su propia inmensidad todo lo que existe o puede existir; es el germen fecundo, la fuente inagotable de todas las Producciones y Emanaciones divinas, y nada de lo que existe ha podido existir fuera de él salvo por él. Siendo el principio de la vida y la vida misma, todo ser emanado inmediatamente de él es participante de su propia naturaleza, inmortal, indestructible, y no puede jamás dejar de ser, porque la vida no puede engendrar la muerte.

2. Dios es uno e indivisible en su Naturaleza esencial. Es esta unidad absoluta, concentrada en ella misma, que no puede ser ni conocida, ni comprendida por ninguna inteligencia creada; es ella la que es incomprensible a todo otro que a ella misma, en tanto que solo se manifiesta fuera de ella por sus producciones, a la que adoramos como siendo el Padre, el Principio eterno y el Soberano Creador de toda cosa.

3. Pero en esta unidad inefable existe una Trinidad de acciones distintas y creadoras, y una Cuaternidad de Potencia. Es decir, una Triple y cuatriple esencia divina, de las cuales la última nos muestra especialmente su unidad. Decimos una triple esencia de la unidad, y no tres esencias aisladas e independientes de la unidad, porque ellas no son tres Dioses. Las tres potencias creadoras de la unidad forman en la inmensidad de lo increado el Eterno Triángulo Divino, del cual ella es el principio y el centro. Son de tal manera inherente a la naturaleza esencial de la unidad, y de tal manera idénticas con ella, que aunque siempre distintas por su acción particular, forman junto con la unidad un solo Dios. Es por la acción y el concurso de sus tres potencias creadoras que la unidad se manifiesta fuera de ella misma en todas sus producciones divinas, y en todas las emanaciones que hace sin cesar de los Seres espirituales que contiene en sí misma por toda la eternidad; pero, no obstante, sin ninguna distinción ni individualidad, hasta el momento en el que le place darles fuera de su seno una existencia desde entonces eternamente distinta e individual, con el fin de que puedan darle en su inmensidad el culto y el homenaje que le deben. Es también por la existencia distinta de estos seres que estaban antes contenidos en potencia en Dios, que se manifiesta la cuatriple esencia divina, que completa el cuaternario divino.

4. La inmensidad divina, lugar increado, infinito y sin límites, que se incrementa sin cesar, y se incrementará sin fin para la multitud de los seres emanados, destinados a habitar allí, es la estancia de la unidad eterna que la llena con su Esplendor y con su divina Luz, que es su Centro, la Circunferencia y el todo. Es desde este Centro incomprensible que Dios lo ve todo, lo conoce todo, lo prevé todo, lo abraza todo, dirige y gobierna todas las cosas por su Voluntad, por su Sabiduría, por su Providencia, y manda soberanamente por su Verbo todopoderoso.

5. Las potencias activas por las cuales la unidad divina se manifiesta y opera todas las cosas, son sus propias facultades creadoras de Pensamiento o de intención, de Voluntad y de Acción divina operante, que personificamos y adoramos bajo los Nombres de Padre, de Hijo y de Espíritu Santo; forman el sagrado Ternario de estas potencias creadoras que nombramos como la Muy Santa Trinidad: misterio inefable del cual el hombre degradado no puede sondear toda su profundidad, pero cuyo conocimiento es tan importante para él que, con el fin de que no lo pierda y que pueda concebir este gran misterio, Dios lo ha grabado en caracteres indelebles en su ser, como en la Naturaleza entera, y lo vuelve de alguna manera sensible a su inteligencia imprimiendo en el hombre mismo, que a pesar su degradación permanece siempre como su imagen, una trinidad de facultades activas e inteligentes de Pensamiento, de Voluntad y de Acción, en similitud a la Trinidad divina, por las cuales puede, así como hace Dios, producir resultados análogos a su propia naturaleza, y sin las cuales estaría respecto a todos los seres que le rodean como nulo y no existente.

6. Pero en Dios, estas tres facultades poderosas son iguales en todo, y operan por toda la eternidad su acción particular simultáneamente, aunque en un orden distinto, para todos los actos de Emanación, de Producción, y de Creación divina, a las cuales concurren las tres igual y distintamente, pero siempre en unidad de acción, porque Dios, siendo el Ser de sabiduría y de perfección infinita, la Voluntad divina quiere siempre lo que el Pensamiento divino ha concebido, y la acción divina opera siempre lo que el Pensamiento ha concebido y lo que la Voluntad ha determinado. Porque es cierto que Dios piensa, quiere y actúa, y que estas tres facultades de la unidad divina producen necesariamente resultados de Vida espiritual análogos a su propia naturaleza. Así, no se puede concebir43 tres en Dios, sin reconocer ahí al mismo tiempo cuatro: a saber: las tres potencias creadoras operantes, y los seres espirituales emanados cuya existencia, fuera del seno de la unidad, es operada por ellas.

7. Es, por lo tanto, con razón que la religión presenta sin cesar al hombre las tres potencias divinas creadoras como siendo el objeto constante de su culto y de su adoración; porque el Pensamiento divino es verdaderamente Dios, en44 Dios y de Dios. La Voluntad divina y su Acción operante son también cada una verdaderamente Dios, en Dios y de Dios, estas tres poderosas facultades innatas en Dios son de tal manera idénticas con su naturaleza esencial que sin ellas Dios no sería Dios; como también sin ellas, o mejor dicho, sin su similitud, el hombre, imagen de Dios, no sería hombre.

8. Todo, tanto en la naturaleza divina como en la naturaleza espiritual, lleva consigo un Número característico, que en la primera designa el rango en el cual cada una de las potencias divinas opera su acción particular, un Nombre que caracteriza también la naturaleza de45 la acción de cada una de las potencias, y un atributo distintivo especialmente propio a cada una de ellas.

9. El Número 1 pertenece esencialmente a la primera potencia creadora, el Pensamiento o la intención divina, que es el primer agente de la unidad; esta potencia, siendo el principio único, el eterno generador de todo lo que es concebido por ella, será necesariamente realizada por los dos que le suceden. La llamamos el Padre creador de todas las cosas y le atribuimos especialmente el ser todopoderoso.

10. El Número 2 pertenece esencialmente a la segunda, que es la Voluntad divina, segundo agente de la unidad. Es el Verbo y la expresión de la intención divina, y como engendrado por ella, porque no puede ejercer su acción segunda sino sobre el sujeto que le es presentado y transmitido por la primera. Es por esto que la llamamos el Hijo, el hijo único del Padre creador de todas las cosas, y le atribuimos especialmente la Sabiduría que conoce, dirige y determina todo, conforme a la intención del Padre.

11. El Número 3 pertenece esencialmente a la tercera, que es la Palabra, o la acción directa y operante, divina, tercer agente de la unidad. Como no opera salvo lo que el Pensamiento divino del Padre ha concebido, y lo que la Voluntad del Hijo ha determinado, procede muy realmente del uno y del otro. Le46 llamamos Espíritu Santo, que es la acción directa, operante del Padre y del Hijo, y le atribuimos especialmente el amor divino creador y conservador de todas las producciones divinas, y la dispensación de todos los dones que le son necesarios.

12. El Número 4 que sigue inmediatamente a los tres números precedentes, no entra en la clase de las potencias creadoras; manifiesta solamente la Potencia innata en Dios de operación divina, es decir, de las cosas operadas por sus tres potencias creadoras y existentes fuera de él; es por esto que este número 4, por el cual se manifiesta la cuatriple esencia divina, caracteriza esencialmente a todos los seres espirituales, tanto de las clases angélicas, como de las inteligencias humanas, emanadas del seno de Dios, y anteriormente contenidas en potencia e indistintamente en él. Este número, característico de su origen, es y permanecerá eternamente grabado en cada uno de ellos; tanto sobre los que han permanecido fieles, como sobre los que han prevaricado, e incluso sobre los más culpables, porque es el sello eterno e indeleble de la pureza de su origen divino, sello48 que será para siempre, para los culpables obstinados, la prueba irrecusable de su crimen y el objeto siempre presente de su desesperación.