Monday, May 1, 2017

¿QUIEN ES EL G.·.A.·.D.·.U.·.? R.·.H.·. Roger Jordán Palomino 33º

¿QUIEN ES EL G.·.A.·.D.·.U.·.?

R.·.H.·. Roger Jordán Palomino 33º

RR.·. Y QQ.·. HH.·., con todo el respeto y consideración que ustedes se merecen tengo que decirles que la pregunta que se me ha planteado para desarrollar este trazado supera todas a mis posibilidades racionales para contestarla por las siguientes razones:

Es una pregunta que no puedo responder pues mi capacidad idiomática es insuficiente para responder quien es el G.·. A.·.D.·.U.·. ya que la pregunta quien en cualquier idioma o lengua se refiere a una persona que se puede determinar por su nombre, sexo, ocupación, etc., tal como se puede hacer por ejemplo con quien les habla o con quien me asignó este apasionante tema y porque además creo que El carece de nombre asignado por alguien, porque creo que nadie existió antes que Él, porque asimismo creo que nadie existe fuera de Él y porque también creo que nadie existirá después que Él.

Tampoco puedo responder a dicha pregunta con mis conocimientos científicos que, confieso, son los de un profesional medio, ya que la ciencia, como conocemos, se refiere al conjunto de conocimientos cierto de las cosas y fenómenos por sus principios y causas, por lo que considero que, al no conocer yo, en forma cierta, el principio y la causa de que o quien es el G.·.A.·.D.·.U.·. no me queda más que aceptar que la Ciencia tampoco me permite responder a tales preguntas porque además creo que el G.·.A.·.D.·.U.·. no es un fenómeno sino la causa de todos los fenómenos que se dieron, se dan y se darán en el espacio infinito y en el eterno tiempo.

Tampoco puedo responder a dicha pregunta con mi capacidad filosófica que, también confieso, es muy mediana, ya que la Filosofía, como conocemos, se refiere a la reflexión crítica sobre el conocimiento y la acción para determinar principalmente si ellos son buenos o malos y bellos o no bellos por lo que considero que, al no poder reflexionar críticamente sobre los alcances de la bondad o la belleza del G.·.A.·.D.·.U.·. tanto de El cómo de sus obras, tengo que admitir que la Filosofía tampoco me permite el conocimiento necesario para referirme críticamente a Él.

Al no poder referirme al G.·.A.·.D.·.U.·. idiomática, científica ni filosóficamente, es decir, al no poder hacerlo mediante el racionalismo, no me queda otra opción que tratar de hacerlo mediante la Metafísica que es la forma de conocimiento que trasciende a la experiencia o al conocimiento racional por lo que considero que, al reconocer mi incapacidad racional, creo que la Metafísica puede ofertarme algunos métodos no racionales que puedo encontrar principalmente en mi religión Católica o en el esoterismo de las escuelas iniciáticas a las que pertenezco como son la Antigua y Mística Orden Rosacruz y la Masonería, instituciones estas, según he comprobado, están basadas principalmente en la fe antes que en la razón.

Efectivamente, según mi fe religiosa y respecto a quien es el G.·.A.·.D.·.U.·. o Dios, sólo les puedo repetir el pasaje del V.·.D.·.L.·.S.·. que relata que cuando Moisés le preguntó a Dios que cual era su nombre le respondió este: “Yo soy el que soy” que en hebreo antiguo se pronunciaba con las consonantes JHVH. dándole a entender a Moisés que Él no podía tener nombre porque él era el ser mismo.

La palabra JHVA; es decir “Yo soy el que soy” se oía como JAVE y estaba prohibido pronunciarla bajo pena de muerte aún para la casta sacerdotal la cual se refería a Dios como Él es la que se oía como JEHOVÁ. Las consonantes JHVA se conocen en esoterismo como el Tetragrámaton.

También les puedo decir que, en la tradición judía, se denominaba a Dios con diferentes nombres uno de los cuales era Adonaí que significa Supremo Señor. Tales nombres eran impuestos por la casta sacerdotal para conducir al pueblo a una mayor vida espiritual mediante nombres de Dios que sugirieran sus cualidades espirituales antes que materiales ya que en dicha época los judíos eran muy reacios a practicar una religión basada en la creencia en un Dios al que no podían ver ni pronunciar su nombre por lo que eran muy inclinados al materialismo y a la idolatría, la que fácilmente los fascinaba porque les proporcionaba un dios con nombre e imagen material al que sus toscas mentes de pastores errantes podían comprender y adorar físicamente.

En lo referente a las escuelas esotéricas a las que pertenezco, el nombre de Dios es tratado de manera semejante como veremos a continuación:

En la Antigua y Mística Orden Rosacruz, se denomina generalmente a Dios como El Cósmico, principalmente cuando se refiere a El mediante la palabra escrita o hablada. Tal denominación se considera aceptable porque la palabra Cósmico alude al universo en su causa y efecto tanto en el Macrocosmos como en el Microcosmos.

Cuando un rosacruz se dirige a Él para orar internamente lo concibe como al Dios de nuestros corazones porque comprende que cada ser humano concibe, nombra, ama y ora de manera diferente a Dios según su época, cultura y evolución personal por lo que se puede afirmar que la Orden Rosacruz evidencia una gran tolerancia respecto de todas las creencias de la humanidad que se manifiestan en todas las religiones, escuelas esotéricas, filosofías, etc. adoptando una posición crítica cuando tales creencias inducen a sus seguidores al dogmatismo y de franca oposición cuando algunos seres ambiciosos utilizan su poder para conducir a los pueblos al fanatismo, a la crueldad o a la degradación en lugar de la práctica del amor fraternal y al respeto a las obras del creador. Por su quehacer en el conocimiento del Cósmico, los rosacruces han influido más en el desarrollo de las ciencias y es conocido que antiguamente practicaban la alquimia por lo que han sufrido no pocas persecuciones acusados de brujería por los tiranos del conocimiento.

Según la Masonería especulativa, en cuya formación contribuyeron en gran manera los Rosacruces del siglo XVIII, se denomina a Dios como al Gran Arquitecto del Universo o G.·.A.·.D.·.U.·. porque considera que el universo es la obra de un principio creador inteligente y que funciona según leyes armónicas que reflejan no sólo su amor sino su belleza y justicia.

Si tenemos en cuenta que la arquitectura es el arte de la armonización de los espacios y materiales disponibles para la construcción de un edificio, nos daremos una idea aproximada del trabajo que un arquitecto debe realizar antes de proceder a su construcción.

Así, el arquitecto, primeramente, debe concebir el edificio en su mente teniendo en cuenta que la armonización de espacios y materiales disponibles resulten no solo útiles para los fines para los cuales dicho edificio será construido lo que equivale a decir que debe resultar en una construcción justa, sino que además de construcción justa debe resultar también bella tanto en la proporción de sus formas como de sus espacios. Para lograr una construcción justa y bella, es necesario no solo sabiduría sino, principalmente amor para crear.

Del razonamiento anterior resulta que en la denominación de G.·.A.·.D.·.U.·. está implícito el reconocimiento de la Masonería a la justicia, belleza, sabiduría y amor del principio creador o Dios deduciéndose que el hombre como máximo logro de su creación debe ser libre porque el G.·.A.·.D.·.U.·. a cuya imagen y semejanza está hecho es libre; que debe vivir en una sociedad de seres iguales ante la justicia porque los hombres están hechos de una misma esencia divina y con el mismo amor sin diferencia alguna entre ellos; y que debe compartir sus bienes en fraternidad porque al ser hijos de un mismo padre los hombres deben considerarse entre sí como hermanos. Por su concepción de Libertad, Igualdad y Fraternidad, la Masonería ha influido más en la política por lo que sufrido, al igual que los rosacruces, no pocas persecuciones de los tiranos del poder.

Para terminar, en relación a quien es el G.·.A.·.D.·.U.·. o Dios, hay muchos que le ponen el nombre de una de sus manifestaciones limitando su totalidad.

Por tal razón, cuando me afirman como lo hacen los Panteístas que Dios es todo el mundo material que vemos yo les contesto que la materia no es más que su energía condensada.

Cuando me afirman que Dios es energía yo les contesto que la energía no es más que su luz condensada.

Cuando me afirman que Dios es luz yo les contesto que la luz no es más que su pensamiento condensado.

Cuando me afirman que Dios es mente o pensamiento yo les contesto que la mente o pensamiento no es más que su amor condensado.

Cuando me afirman que Dios es amor yo les contesto que el amor no es más que su espíritu condensado.

Cuando me afirman que Dios es espíritu yo les contesto que el espíritu es la primera manifestación de Dios por lo se concluye que tanto el espíritu como la materia son sólo las manifestaciones extremas de Dios, pero no son Dios mismo.

Por último, cuando algún ateo me dice que Dios no puede tener nombre porque simplemente no existe yo le contesto demuéstrame que no existe.

Y finalmente cuando me preguntan como ahora quien es Dios yo les respondo que Dios es El.

RR.·.y QQ.·. HH.·. hasta ahora les he hablado de Dios mismo, pero no de la manera como el Cristianismo Católico considera que es posible conocerle y acercarse a Él según las "vías" que proporcionan el conocimiento del mundo material y de la persona humana.

Efectivamente, el Catecismo de la Iglesia Católica considera al mundo material como una vía porque a partir del movimiento y devenir, de la contingencia, del orden y de la belleza del mundo se puede conocer a Dios como origen y fin del universo.

Al respecto S. Pablo afirma que: "Lo que de Dios se puede conocer, está en el hombre manifiesto: porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad"

Por su parte San Agustín dice: "Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar, interroga a la belleza del aire que se dilata y se difunde, interroga a la belleza del cielo, interroga a todas estas realidades. Todas te responden: Ve, nosotras somos bellas. Su belleza es una profesión Estas bellezas sujetas a cambio, ¿quién las ha hecho sino la Suma Belleza, no sujeta a cambio?"

El hombre es considerado como la otra vía para conocer y aproximarse a Dios porque con su apertura a la verdad y a la belleza, con su sentido del bien moral, con su libertad y la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios. En estas aperturas, percibe signos de su alma espiritual. La semilla de eternidad que lleva en sí, al ser irreductible a la sola materia, su alma, no puede tener origen más que en Dios.

Efectivamente, según Santo Tomás de Aquino, El mundo y el hombre atestiguan que no tienen en ellos mismos ni su primer principio ni su fin último, sino que participan de Aquel que es el Ser en sí, sin origen y sin fin. Así, por estas diversas vías, el hombre puede acceder al conocimiento de la existencia de una realidad que es la causa primera y el fin último de todo, y que todos llaman Dios.

Así, según el cristianismo, las facultades del hombre lo hacen capaz de conocer la existencia de un Dios personal y para que el hombre pueda entrar en su intimidad, Dios ha querido revelarle y darle la gracia de poder acoger en la fe esa revelación de tal modo que las pruebas de su existencia pueden disponer a la fe para que no se oponga a la razón.

Al respecto, el Cristianismo Católico sostiene en su Catecismo que es posible lograr la certeza de la existencia de Dios y de su amor al hombre mediante la luz natural de la razón a partir de las cosas creadas. Sin esta capacidad, el hombre no podría acoger la revelación de Dios. El hombre tiene esta capacidad porque ha sido creado a imagen de Dios.

Sin embargo, agrega, que en las condiciones históricas en que se encuentra, el hombre experimenta muchas dificultades para conocer a Dios con la sola luz de su razón: a pesar de que la razón humana, puede verdaderamente, por sus fuerzas y su luz naturales, llegar a un conocimiento verdadero y cierto de un Dios personal, que protege y gobierna el mundo por su providencia, así como de una ley natural puesta por el Creador en nuestras almas.

Las dificultades del hombre para conocer a Dios existen porque hay muchos obstáculos que impiden a su razón usar eficazmente y con fruto su poder natural; porque las verdades que se refieren a Dios y a los hombres sobrepasan absolutamente el orden de las cosas sensibles y cuando deben traducirse en actos y proyectarse en la vida exigen que el hombre se entregue y renuncie a sí mismo. El espíritu humano, para adquirir semejantes verdades, padece dificultad por parte de los sentidos y de la imaginación, así como de los malos deseos nacidos del pecado original. De ahí procede que en semejantes materias los hombres se persuadan fácilmente de la falsedad o al menos de la incertidumbre de las cosas que no quisieran que fuesen verdaderas.

Por esto el hombre necesita ser iluminado por la revelación de Dios, no solamente acerca de lo que supera su entendimiento, sino también sobre las verdades religiosas y morales que de suyo no son inaccesibles a la razón, a fin de que puedan ser, en el estado actual del género humano, conocidas de todos sin dificultad, con una certeza firme y sin mezcla de error.

En tal sentido, el Cristianismo Católico viene evidenciando una total apertura a la razón superando así sus posiciones dogmáticas de antaño por lo que no pocos escépticos sostienen que lo único que viene haciendo es camuflarse en los avances de la ciencia y la filosofía para subsistir en una sociedad mundial que ya no tolera más dogmas ni dominación intelectual.

A los que así piensan, se les puede responder que el Cristianismo Católico es en la actualidad una de las pocas religiones que se adapta mejor a la necesidad del hombre de trascendencia, pero con libertad social a diferencia de los fundamentalismos religiosos de moda sin contar con los fundamentalismos de los sistemas políticos basados en el ateísmo que ha servido de ideología para justificar las peores tiranías de la historia.

Coherente con su apertura, el Cristianismo Católico manifiesta en su catecismo que, al defender la capacidad de la razón humana para conocer a Dios, la Iglesia expresa su confianza en la posibilidad de hablar de Dios a todos los hombres y con todos los hombres. Esta convicción está en la base de su diálogo con las otras religiones, con la filosofía y las ciencias, y también con los no creyentes y los ateos.

Sin embargo, agrega dicho catecismo que, puesto que nuestro conocimiento de Dios es limitado, nuestro lenguaje sobre Dios lo es también por lo que no podemos nombrar a Dios sino a partir de las criaturas, y según nuestro modo humano limitado de conocer y de pensar.

Creado a imagen y semejanza de Dios. Las múltiples perfecciones de las criaturas (su verdad, su bondad, su belleza) reflejan, por tanto, la perfección infinita de Dios. Por ello, podemos nombrar a Dios a partir de las perfecciones de sus criaturas, pues de la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor.

Dios trasciende toda criatura por lo que es preciso purificar sin cesar nuestro lenguaje de todo lo que tiene de limitado, de expresión por medio de imágenes, para no confundir al Dios inefable, incomprensible, invisible, inalcanzable con nuestras representaciones humanas. Nuestras palabras humanas quedan siempre más acá del Misterio de Dios.

Al hablar así de Dios, nuestro lenguaje se expresa ciertamente de modo humano, pero capta realmente a Dios mismo, sin poder, no obstante, expresarlo en su infinita simplicidad. Es preciso recordar, en efecto, que entre el Creador y la criatura no se puede señalar una semejanza tal que la diferencia entre ellos no sea mayor todavía, y que "nosotros no podemos captar de Dios lo que Él es, sino solamente lo que no es y cómo los otros seres se sitúan con relación a Él.

Para terminar, sólo quiero agregar que la creencia en Dios no puede fundamentarse sólo en la ciencia y la filosofía, es decir en la razón, sino que creo firmemente que el camino más directo se encuentra en el corazón del hombre a través de la fe la que por tal razón debe ser considerada como una gracia que debemos luchar por mantener pues de lo contrario nos veríamos en el riesgo de vivir una vida sin sentido ni esperanza.