Saturday, May 30, 2015

Santo Real Arco de los Sacerdotes Caballeros Templarios

Santo Real Arco de los Sacerdotes Caballeros Templarios



La Orden del Santo Real Arco de los Sacerdotes Caballeros Templarios, conocida como The Order of Holy Royal Arch Knight Templar Priests. Se remonta a las antiguas ceremonias de los Caballeros Templarios en Irlanda en 1755, retomada en 1800 en Escocia - Kilmarnock extendiéndose a Glasgow y Edimburgo. A finales de 1870 la Gran Logia Unida de Inglaterra, acuerda establecer un Gran Consejo de Grados Masónicos Aliados con cede en el Mark Masons’ Hall, de este modo nació el Gran Consejo, que conocemos hoy en día como Gran Consejo de los Grados Masónicos Aliados de Inglaterra, Gales, y los Distritos y Consejos de Ultramar. El 23 de marzo 1894, Henry Hotham, prominente masón fue el último sacerdote instalado Maestro y conocido Caballero Templario, admitiendo a nueve caballeros en la Orden (bajo la autoridad de las reglas originales de la Orden).

El desarrollo de la Orden fue muy lento al principio, pero pronto comenzó a adquirir su forma actual internacional, con los Tabernáculos Nueva Zelanda en 1930, 1942 y 1944 y Australia unos años más tarde. En 1931 el Gran Colegio H.R.A.K.T.P. de la Gran Logia Unida de Inglaterra, patrocina la creación de la Orden en los Estados Unidos de América como una autoridad independiente y regularmente reconocida hasta nuestros días, el número de tabernáculos ya supera los 200 extendió por toda Inglaterra, Escocia, Gales, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Sudáfrica, Bahamas, Hong Kong, Holanda, Alemania y Jamaica entre otros.

Débase agregar que los miembros de este máximo Grado de Knight Templar Prists (K.T.P. o Sacerdote Caballero Templario) se reúnen en Tabernáculos y la cantidad de estos depende del numero de Encomiendas Templarías activas en cada país. Pudiéndose llegar a tan honorífica condición, si se posee los siguientes requisitos:
Ser miembro activo de una Logia Simbólica, regularmente reconocida.Haber sido Venerable Maestro Instalado.Ser miembro de un Capitulo del Arco Real, regularmente reconocido.Ser Caballero Templario o grado 32º del REAA., habiéndose destacado por sus obras en defensa del ideal iniciatico, de la Preceptoria Templaría y el ser humano.Por ser una Orden honoraria y por invitación, no puede ser solicitada la afiliación. Los miembros son seleccionados y extendida especial invitación del Gran Colegio H.R.A.K.T.P. de Inglaterra sobre la base de un rendimiento excepcional, siendo el límite de titulares en un tabernáculo de 33 miembros.Para una mayor comprensión en referencia a este tema masónico les brindamos una comparativa entre los dos ritos más practicados universalmente el “Rito Escocés Antiguo y Aceptado” y el “Rito York” y sus grados.



La masonería caballeresca es la cúspide formativa del Rito de York, teniendo como principio que la educación espiritual constituye el soporte de la existencia humana. Tras observar esta comparativa en referencia a los niveles de los grados masónicos, apreciamos que el Grado 33º “Soberano Gran Inspector General” del Rito Escoses Antiguo y Aceptado es equivalente al Grado de “Knight Templar Priests” del Rito York, considerándose como el non plus ultra de la Masonería Templaría.

Thursday, May 21, 2015

El Guardián del Umbral - Rodolf Steiner

EL GUARDIÁN DEL UMBRAL

¿CÓMO SE ADQUIERE EL CONOCIMIENTO DE LOS MUNDOS SUPERIORES?


  Rodolf Steiner


Entre las experiencias importantes del discípulo que asciende a los mundos superiores, figura su encuentro con el “GUARDIÁN DEL UMBRAL”; no con uno propiamente, sino con dos: el “menor” y el “mayor”. El discípulo encontrará al primero cuando empiecen a desligarse, en la forma anteriormente descrita, los lazos de unión entre el querer, el pensar y el sentir, en los cuerpos más sutiles, el astral y el etéreo. El encuentro con el “guardián mayor del umbral” ocurrirá cuando esta separación de las conexiones se extienda también a las partes físicas del cuerpo, particularmente, al principio, al cerebro.

El “guardián menor del umbral” es un ser autónomo; no existe para el hombre antes que éste haya alcanzado el grado respectivo de desarrollo. Aquí pueden indicarse algunas de sus características más esenciales.

Comenzaremos por tratar de describir, en forma narrativa, el encuentro del discípulo con ese “guardián”, encuentro que hace al discípulo consciente de que su pensar, su sentir y su querer, se han desligado de su conexión inherente.

Es un ser espectral y amedrentador que se levantará ante el discípulo y que hará necesaria toda su presencia de ánimo y toda su confianza en la firmeza de su sendero, para la adquisición de todo lo cual tuvo amplia oportunidad en el curso previo de su disciplina.

El “guardián” patentiza su significado aproximadamente en las siguientes palabras: “Hasta ahora, potencias para ti invisibles dirigieron tu destino. Gracias a su actividad, durante el curso de tus vidas anteriores hasta el momento presente, tus buenas acciones recibieron su recompensa y tus malas acciones suscitaron resultados funestos. Bajo su influencia, tu carácter se ha ido formando con tus experiencias de la vida y con tus pensamientos: forjaron tu destino”.

“Fueron ellas las que te asignaron en cada una de tus encarnaciones la medida del goce y del dolor, de acuerdo con tu conducta en pasadas existencias. Reinaban sobre ti como la ley omnímoda del Karma. Estas potencias te eximirán ahora de parte de la influencia restrictiva que sobre ti ejercían y que te queda, en consecuencia, traspasada. Varios han sido los golpes que el destino te ha infligido y sin saber el porqué: eran las consecuencias de una mala acción en una de tus vidas anteriores. Encontraste felicidad y alegría y las aceptaste tal como vinieron: eran igualmente los frutos de pasadas acciones. Tu carácter presenta rasgos hermosos y lacras repugnantes: tú mismo has causado unos y otras con tus experiencias y pensamientos anteriores, que si bien te eran desconocidos se te hacían evidentes en sus efectos. Las potencias kármicas, sin embargo, veían todas las acciones de tus vidas pretéritas, todos tus pensamientos y sentimientos más recónditos, y determinaron consecuentemente tu modo actual de ser y de vivir”.

“De ahora en adelante, a ti mismo se te revelarán todos los aspectos buenos y malos y de lo que hiciste. Han estado entretejidos hasta ahora en tu propio ser; estaban dentro de ti y tú no podías verlos, como no puedes ver tu propio cerebro con los ojos físicos. Mas ahora se liberarán de ti, se separarán de tu personalidad; asumirán una forma independiente que te será visible, tal como puedes ver las piedras y las plantas del mundo exterior. Y... yo soy ese mismo ser, que modeló un cuerpo con tus acciones nobles y viles. Mi forma espectral está tejida con la substancia del libro de cuentas de tu propia vida. Invisible me llevaste hasta ahora dentro de ti; y benéfico para ti ha sido el que así fuera, pues la sabiduría de tu destino, aunque oculta para ti, ha trabajado hasta ahora desde tu interior, para borrar de mi aspecto aquellas lacras repugnantes. Ahora que he salido de ti, también se ha alejado esta sabiduría oculta, y en adelante no se ocupará más de ti; dejará ese trabajo únicamente en tus propias manos. Necesito convertirme en ser perfecto y glorioso; de lo contrario, sería presa de la corrupción, y si esto último sucediera, te arrastraría conmigo a un mundo oscuro y depravado. Para evitarlo, tu propia sabiduría tendrá que ensancharse hasta que pueda hacerse cargo de la tarea de aquella sabiduría oculta, que se ha separado de ti. Una vez que hayas cruzado mi umbral, ya no me apartaré ni un instante de tu lado, como forma visible para ti. Cuando en lo futuro obres o pienses incorrectamente, al punto notarás tu falta como una desfiguración repugnante y demoníaca de mi forma; sólo cuando te hayas purificado de manera que ya no te sea posible cometer maldad alguna, será cuando me habré transformado en ser de belleza radiante. Entonces podré unirme nuevamente a ti formando contigo un solo ser, en beneficio de tu actividad futura”.

“Mi umbral está formado por los temores y vacilaciones que todavía subsisten en ti ante el esfuerzo que necesitas para asumir personalmente la responsabilidad íntegra de todo cuanto hagas y pienses. En tanto perdure en ti la menor huella de temor para dirigir tú mismo tu destino, carecerá este umbral de lo que necesite contener. Y mientras le falte una piedra tan sólo, tendrás que detenerte como paralizado ante él o tropezar con él. No trates de atravesarlo antes de sentirte completamente libre de miedo y dispuesto a la más alta responsabilidad”.

“Hasta ahora, yo sólo salía de tu personalidad cuando la muerte te llamaba de tus vidas terrenales, pero aun entonces, mi forma permanecía velada para ti. Sólo me veían las potencias que dirigían tu destino y según mi aspecto plasmaban, durante los intervalos entre la muerte y un nuevo nacimiento, la fuerza y la capacidad que necesitabas para embellecer mi forma, en beneficio de tu progreso en una nueva vida terrenal”.

“Era yo precisamente quien, por mi imperfección, obligaba una y otra vez a las potencias del destino a que reencarnaras de nuevo. Presente estaba en la hora de cada una de tus muertes, y por mí, los dirigentes del Karma disponían de tu renacimiento. Solamente por esta inconsciente transformación mía hacia la perfección en el curso de tales encarnaciones, te habrías sustraído a las potencias de la muerte y entrado en la inmortalidad identificada conmigo”.

“Y así como en la hora de la muerte estuve siempre a tu lado, aunque invisible, heme ahora ante ti en forma visible; y cuando hayas cruzado mi umbral, entrarás en aquellos reinos en los que otrora sólo tenías acceso después de la muerte física. Penetrarás en ellos plenamente consciente y, en adelante, aunque sigas peregrinando físicamente visible sobre la tierra, peregrinarás también por el reino de la muerte, —en realidad el reino de la vida eterna. Yo soy también de veras el ángel de la muerte; pero al mismo tiempo el portador de una inagotable vida superior. Morirás por mí con tu cuerpo aún vivo, para renacer a la existencia imperecedera”.

“En el reino al que vas a entrar, conocerás seres suprasensibles, y la bienaventuranza será tu herencia; pero yo mismo he de ser tu primera visión de ese mundo, ya que yo soy tu propia creación. Antes vivía yo de tu propia vida; ahora, empero, tú me despertaste a una existencia individual, y heme aquí, patrón visible de tus acciones futuras y quizá tu reproche perpetuo. Me has formado, mas con ello contrajiste a la vez el deber de transformarme”.

Lo que se ha bosquejado aquí en forma narrativa no hay que interpretarlo como algo simbólico, sino como una vivencia intensamente real del discípulo.

El guardián tiene que prevenir al discípulo que no siga adelante, si no siente dentro de sí la fuerza necesaria para cumplir los requisitos expuestos en esa exhortación. Por terrible que sea la aparición de este guardián, sólo es el efecto de la vida pasada del propio discípulo, su propia personalidad surgida de él mismo hacia una vida independiente. Este despertar tiene lugar por la disociación de la voluntad, del pensamiento y del sentimiento. Sentir por primera vez que, personalmente, se dio origen a un ser espiritual, es ya de por sí una vivencia de profundo significado. La preparación del discípulo debe haberlo capacitado para soportar esta visión terrible sin temor alguno, así como, en el momento del encuentro, suficientemente fortalecido para emprender con plena conciencia la responsabilidad dé transformar y embellecer el “guardián”.

Una consecuencia del encuentro venturoso con el “guardián” del umbral es que la siguiente muerte física del discípulo, será un acontecimiento completamente distinto de las anteriores. Será consciente de su muerte, se despojará de su cuerpo físico tal como se deshace de un vestido gastado o quizá inutilizado por un súbito desgarrón. La muerte física ya no será un hecho de especial importancia para él, sino para los suyos, limitada todavía su percepción al mundo sensible. Para ellos el discípulo “muere”, en tanto que, para él, nada trascendente ocurre: el mundo suprasensible al que entra no le es desconocido: existía antes de su muerte y es el mismo mundo el que se le presenta, después de ella.

El “guardián” del umbral hallase vinculado con otras cosas. El individuo pertenece a una familia, a un pueblo, a una raza, y su actividad en este mundo depende del hecho de pertenecer a tales comunidades; también su carácter individual tiene que ver con ellas. Mas la actividad consciente de los individuos no es lo único que hay que tomar en cuenta al considerar una familia, una tribu, un pueblo o una raza. Las familias, naciones, razas, además de su característica, tienen su destino. Para quien se limite a sus sentidos, todo ello no pasará de ser conceptos generales, y el pensador materialista, con sus prejuicios, verá con desdén al investigador oculto al oír que para éste lo distintivo de la familia o del pueblo, el destino de la tribu o de la raza, corresponde a seres reales, tal como el carácter y el destino de un individuo es expresión de una personalidad real. El investigador espiritual se relacionará con mundos superiores de los que son miembros las personalidades individuales, tal como los brazos, las piernas y la cabeza, lo son del ser humano. En la vida de una familia, de un pueblo o de una raza, entran en juego, además de las acciones de los individuos, los de seres reales que son el alma-grupo familiar, nacional, o el espíritu de la raza. En cierto sentido, hasta puede decirse que los individuos aislados son meramente los órganos ejecutivos de esas almas-grupo familiares, de esos espíritus raciales. No se afirma sino la verdad cuando decimos, por ejemplo, que un alma-grupo nacional, para llevar a cabo algún trabajo, se sirve de todo individuo perteneciente a este pueblo o nación.  El alma-grupo nacional no desciende a la realidad sensible, sino que mora en mundos superiores, y para actuar en el mundo de los sentidos físicos, se sirve de los órganos físicos del individuo. Su actividad es comparable, en un sentido superior, a la de un arquitecto que recurre a sus obreros para los pormenores de la construcción. En el verdadero sentido de la palabra, el alma-grupo familiar, nacional o racial, asigna su trabajo a todo individuo: sin que el hombre corriente haya sido iniciado en el plan superior de ese trabajo, colabora inconscientemente en las tareas de las almas-grupo nacionales, raciales, etc. Desde el momento de su contacto con el “guardián del umbral”, ya no es suficiente que conozca su tarea como personalidad particular, sino que tendrá que colaborar conscientemente en la misión de su pueblo, de su raza. La ampliación de su horizonte necesariamente le impone deberes mayores. Lo que realmente ocurre es que el discípulo agrega un cuerpo nuevo a su cuerpo psíquico más sutil, se pone una vestidura adicional.

Antes caminaba por el mundo provisto de las envolturas que cubrían su personalidad, y sus obligaciones hacia su comunidad, su pueblo, su raza, eran dirigidas por los Espíritus superiores, si bien realizadas a través de él; ahora, por revelación del “guardián del umbral”, sabe que estos Espíritus le retirarán en adelante su mano dirigente y que tendrá que separarse del círculo de su comunidad. El resultado sería que, como un individuo aislado, se endurecería completamente y se degradaría al no adquirir los poderes inherentes de los espíritus nacionales y raciales. No faltará quien diga: “ya me he libertado enteramente de toda conexión de linaje o raza; sólo quiero ser un hombre, nada más que un hombre”. A lo que hay que responder: “¿quién te ha conducido a esta libertad? ¿No ha sido tu familia la que te situó en el mundo donde te encuentras? ¿No es tu linaje, tu pueblo, tu raza, los que te han moldeado cómo eres? Ellos te educaron, y si ahora, por encima de todo prejuicio, tú eres uno de los porta-antorchas y bienhechores de tu grupo y hasta de tu raza, todo esto lo debes a la educación de ellos recibida. Aunque digas que no eres “nada más que un hombre”, el haber llegado a serlo, lo debes a los espíritus de tus comunidades”. Sólo el discípulo de la ciencia oculta aprenderá lo que significa al estar completamente abandonado por los espíritus nacionales, familiares o raciales; él solamente experimentará por sí mismo cuan escaso es el valor de aquella educación para la vida que ahora le aguarda, pues todo lo que le ha sido inculcado por dicha educación se desvanece por completo al romperse los vínculos entre la voluntad, el pensamiento y el sentimiento. Mira hacia atrás observando los resultados de toda su educación previa, tal como miraría a una casa que estuviera desmoronándose y que tuviera que reconstruir en forma nueva. También aquí se trata de algo más que de una expresión meramente simbólica, al decir que cuando el “guardián del umbral” ha enunciado sus primeras palabras, del lugar en que se encuentra se levantará un torbellino que extingue todas las luces espirituales que hasta ahora habían iluminado el sendero de la vida del discípulo. Este se encontrará sumergido en completa oscuridad, sólo mitigada por la luminosidad que emana del mismo “guardián”. Y de entre las tinieblas resonarán sus exhortaciones ulteriores: “No cruces mi umbral mientras no estés seguro de poder iluminar tú mismo la oscuridad en la cual penetras; no des ni un solo paso adelante mientras no tengas la certidumbre de que tienes bastante aceite en tu propia lámpara. Las lámparas de los guías, que hasta ahora te conducían, te faltarán en lo futuro”. Tras estas palabras, el discípulo tiene que volverse y mirar hacia atrás. El “guardián del umbral” descorre el velo que hasta ahora había ocultado profundos misterios de la vida. Los espíritus nacionales, raciales o familiares, se le revelarán ahora en toda su actividad; y el discípulo comprenderá claramente de qué manera se le había conducido y se dará cuenta, no menos claramente, de que en adelante ya no disfrutará de tal dirección. Esta es la segunda advertencia recibida de su guardián ante el umbral.

Sin preparación, nadie podría soportar el aspecto arriba bosquejado; pero la disciplina superior que capacita al discípulo para avanzar hasta allí, lo capacita asimismo para que pueda encontrar la fuerza necesaria en el momento oportuno. En verdad el entrenamiento puede aún ser tan armonioso, que la entrada a la vida nueva queda exenta de cualquier carácter inquietante o tumultuoso. En este caso las experiencias del discípulo ante el umbral irán acompañadas de una premonición de aquella bienaventuranza que constituirá la nota fundamental de su vida recién despierta. El sentimiento de una nueva libertad predominará sobre todo lo demás; y, basado en ese sentimiento, sus nuevos deberes y responsabilidades se le aparecerán como algo que le corresponde necesariamente en determinado escalón de la vida.

El Gran Secreto - Eliphas Levi


EL GRAN SECRETO

 Eliphas Levi 



Sabiduría, moralidad, virtud: palabras respetables, pero vagas, sobre las cuales se disputa  desde hace muchos siglos pero sin haber conseguido entenderlas.

Querría ser sabio, mas  ¿tendré yo la certeza de mi sabiduría, mientras crea que los locos son más felices y hasta más alegres que yo?

Es preciso tener buenas costumbres, pero todos somos algo niños: las moralidades nos adormecen. Y es que nos enseñan moralidades tontas que no convienen a nuestra naturaleza. Hablamos de lo que no nos interesa y pensamos en otra cosa.

Excelente cosa es la virtud: su nombre quiere decir fuerza, poder. El mundo subsiste por la virtud de Dios. Mas ¿en qué consiste para nosotros la virtud? ¿Será una virtud para enflaquecer la cabeza o suavizar el  rostro? ¿Llamaremos virtud a la simplicidad del hombre de bien que se deja despojar por los bellacos? ¿Será virtud abstenerse en el temor de abusar? ¿Qué pensaríamos de un hombre que no andase por miedo de quebrarse una pierna? La virtud, en todas las cosas, es lo opuesto de la nulidad, del sopor y de la impotencia.

La virtud supone la acción; pues si ordinariamente oponemos la virtud a las pasiones es para demostrar que ella nunca es pasiva.

La virtud no es solamente la fuerza, es también la razón directora de la fuerza. Es el poder equilibrante de la vida.

El gran secreto de la virtud, de la virtualidad y de la vida, sea temporal, sea eterna, puede formularse así:

El arte de balancear las fuerzas para equilibrar el movimiento.

El equilibrio que se necesita alcanzar no es el que produce la inmovilidad, sino el que realiza el movimiento. Pues la inmovilidad es muerte y el movimiento es vida.

Este equilibrio motor es el de la propia Naturaleza. La Naturaleza, equilibrando las fuerzas fatales, produce el mal físico y la destrucción aparente del hombre mal equilibrado. El hombre se libera de los males de la Naturaleza sabiendo sustraerse a la fatalidad de las circunstancias por el empleo inteligente de su libertad. Empleamos aquí la palabra fatalidad, porque las fuerzas imprevistas e incomprensibles para el hombre necesariamente le parecen fatales, lo que no indica que realmente lo sean.

La Naturaleza ha previsto la conservación de los animales dotados de instinto, pero también dispone todo para que el hombre imprudente perezca.

Los animales viven, por así decirlo, por sí mismos y sin esfuerzos. Sólo el hombre debe aprender a vivir. La ciencia de la vida es la ciencia del equilibrio moral.

Conciliar el saber y la religión, la razón y el sentimiento, la energía y la dulzura es el fondo de ese equilibrio.

La verdadera fuerza invencible es la fuerza sin violencia. Los hombres violentos son hombres débiles e imprudentes, cuyos esfuerzos se vuelven siempre contra ellos mismos.

El afecto violento se asemeja al odio y casi a la aversión.

La cólera hace que la persona se entregue ciegamente a sus enemigos. Los héroes  que describe el poeta griego  Homero, cuando combaten, tienen el cuidado de insultarse para entrar en furor recíprocamente, sabiendo de antemano, con todas las probabilidades, que el más furioso de los dos será vencido.

El fogoso Aquiles estaba predestinado a perecer desgraciadamente. Era el más altivo y el más valeroso de los griegos y sólo causaba desastres a sus conciudadanos.

El que hace tomar Troya es el prudente y paciente Ulises, que sabe siempre contenerse y sólo hiere con golpe seguro. Aquiles es la pasión y Ulises la virtud, y es desde este punto de vista que debemos tratar de comprender el alto alcance filosófico y moral de los poemas de Homero.

Sin duda que el autor de estos poemas era un iniciado de primer orden, pues el Gran Arcano de la Alta Magia práctica está entero en la Odisea.

El Gran Arcano Mágico, el Arcano único e incomunicable tiene por objeto poner, por así decirlo, el poder divino al servicio de la voluntad del hombre.

Para llegar a la realización de este Arcano es preciso SABER lo que se debe hacer, QUERER lo exacto, OSAR en lo que se debe y CALLAR con discernimiento.

El Ulises de Homero  tiene, en contra de sí, a los dioses, los elementos, los cíclopes, las sirenas, Circe, etc., es decir, a todas las dificultades y todos los peligros de la vida.

Su palacio es invadido, su mujer es asediada, sus bienes son saqueados, su muerte es resuelta, pierde sus compañeros, sus navíos son hundidos; en fin, queda solo en su lucha contra la noche y el mal. Y así, solo, aplaca a los dioses, escapa del mal, ciega al cíclope, engaña a las sirenas, domina a Circe, recupera su palacio, libera a su mujer, mata a los que querían matarlo, y  todo, porque quería volver a ver a Itaca y a Penélope, porque sabía escapar siempre del peligro, porque se atrevía con decisión y porque callaba siempre que fuera conveniente no hablar.

Pero, dirán contrariados los amantes de los cuentos azules, esto no es magia.  ¿No existen talismanes, yerbas y raíces que hacen operar prodigios? ¿No hay fórmulas misteriosas que abren las puertas cerradas y hacen aparecer los espíritus? Háblanos de esto y deja para otra ocasión tus comentarios sobre la Odisea.

Si habéis leído mis obras precedentes, sabéis entonces que reconozco la eficacia relativa de las fórmulas, de las yerbas y de los talismanes. Pero éstos apenas son pequeños medios que se enlazan a los pequeños misterios. Os hablo ahora de las grandes fuerzas morales y no de los instrumentos materiales. Las fórmulas pertenecen a los ritos de la iniciación; los talismanes son auxiliares magnéticos; las yerbas corresponden a la medicina oculta, y el propio Homero no las desdeñaba. El Moly, el Lothos y el Nepenthes  tienen su lugar en estos poemas, pero son ornamentos muy accesorios. La copa de Circe nada puede sobre Ulises, que conoce sus efectos funestos y sabe eludir el beberla. El iniciado en la alta ciencia de los magos nada tiene que temer de los hechiceros.

Las personas que recorren la magia ceremonial y van a consultar adivinos se asemejan a los que, multiplicando las prácticas de devoción, quieren o esperan suplir con ello la religión verdadera. Dichas personas nunca estarán satisfechas de vuestros sabios consejos. Todas esconden un secreto que es bien fácil de adivinar, y que podría expresarse así: «Tengo una pasión que la razón condena y que antepongo a la razón; es por eso que vengo a consultar al oráculo del desvarío, a fin de que me haga esperar, que me ayude a engañar mi conciencia y me de la paz del corazón».

Van así a beber en una fuente engañosa que después de satisfacerles la sed la aumenta cada vez más. El charlatán suministra oráculos oscuros y la gente encuentra en ellos lo que quiere encontrar y vuelve a buscar más esclarecimientos. Regresa al día siguiente, vuelve siempre, y de ese modo son los charlatanes los que hacen fortuna.

Los Gnósticos basilidianos decían que Sophia, la sabiduría natural del hombre, habiéndose enamorado de sí misma, como el Narciso de la mitología clásica, desvió la mirada de su principio y se lanzó fuera del circulo trazado por la luz divina llamada pleroma. Abandonada entonces a las tinieblas, hizo sacrilegios para dar a luz. Pero una hemorragia semejante a la que alude el Evangelio, le hizo perder su sangre, que se iba transformando en monstruos horribles. La más peligrosa de todas las locuras es la de la sabiduría corrompida.

Los corazones corrompidos envenenan toda la naturaleza. Para ellos el esplendor de los bellos días es apenas un ofuscante tedio y todos los goces de la vida, muertos para estas almas muertas, se levantan delante de ellas para maldecirlas, como los espectros de Ricardo III:  «desespera y muere». Los grandes entusiasmos les hacen sonreír y lanzar al amor y a la belleza, como para vengarse, el desprecio insolente de Stenio y de Rollon. No debemos dejar caer los brazos acusando a la fatalidad; debemos luchar contra ella y vencerla. Aquellos que sucumben en ese combate son los que no supieron o no quisieron triunfar. No saber es una disculpa, pero no una justificación, puesto que se puede aprender. «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen», dijo el Cristo al expirar. Si fuese permitido no saber la oración del Salvador habría sido inexacta y el Padre nada hubiera tenido que perdonarles.

Cuando la gente no sabe, debe querer aprender. Mientras no se sabe es temerario osar, pero siempre es bueno saber callar.

¡Paz Profunda!

Wednesday, May 20, 2015

Eliphas Levi

ELIPHAS LEVI



Eliphas Levi es el nombre adoptado por el escritor y ocultista francés Alphonse Louis Constant.

Alphonse Louis Constant nació el 8 de febrero de 1810 en París, en una familia muy modesta. Pudo realizar sus primeros estudios ingresando en 1825 en el seminario eclesiástico de Saint-Nicolas-du-Chardonnet, en París. Estudió retórica, filosofía y teología.

Ordenado diácono en 1835, finalmente abandona el seminario en junio de 1836 antes de recibir el Sacramento del orden, por causas no muy claras aunque probablemente debido a su liberalismo de pensamiento. Su madre, que había depositado todas sus esperanzas en él, se sintió muy abatida por la salida de su hijo del seminario y se suicidó, dejándole muy consternado y huérfano, ya que su padre había muerto años antes.

Acariciando aún la idea de acceder al sacerdocio, parte hacia la abadía de Solesmes (abadía benedictina del siglo XI) ya fuera de París, decidido a pasar allí el resto de sus días. La abadía poseía una biblioteca con cerca de 20.000 volúmenes, con cuyo conocimiento se instruyó abundantemente. Estudió la doctrina de los antiguos gnósticos, la de los Padres de la Iglesia primitiva, los escritos piadosos de los místicos… Durante su estancia en Solesmes, que fue de un año, publica su primera obra: “ Rosier de Mai” (1839). Abandona la abadía según se dice por desacuerdos con el abad.

A partir de esta época Constant lleva una vida llena de peripecias sin conseguir asentarse definitivamente. Siempre formó parte de su personalidad su faceta como eclesiástico y prácticamente nunca dejó de lado del todo su credo religioso y afinidad a la iglesia católica, la cual respetaba aunque con sus matices personales, lo cual le trajo unas veces el apoyo de hombres influyentes de la iglesia y otras veces críticas y problemas más serios.

En 1841 compuso la “Biblia de la libertad”, un texto que produjo bastante escándalo entre el clero (criticaba a la Iglesia, el estado y el orden social); fue considerado sedicioso y Constant condenado a la cárcel donde pasó casi un año en deplorables condiciones.


Este hecho le marcaría negativamente para los siguientes años, ya que se relacionaba su apellido con el escándalo, lo cual le impedía ejercer ocupaciones relacionadas con su faceta de eclesiástico e incluso publicar en periódicos.

En 1845, en “El libro de las lágrimas”, desarrolló por vez primera nociones esotéricas. Durante este periodo compuso también canciones e ilustró dos obras de Alejandro Dumas: “Louis XIV et son siècle” y “El Conde de Monte-Cristo”.

Constant fijó su residencia en Paris y fundó en 1845 la revista mensual “La Vérité sur toutes choses”, que sólo se editó durante 4 meses.

Tuvo algún escarceo amoroso; hacia 1846 tuvo un hijo con Eugénie Chenevier, mujer con quien coincidirá tiempo después en París y Londres; sin embargo sería Marie-Noemi Cadiot quien se convertiría en su esposa. Con esta tuvo una hija que murió a temprana edad. Ella misma le abandonó al cabo de unos años.


Vuelve a prisión en 1847 por escribir un agrio panfleto, “La Voix de la famine”, y allí estuvo 6 meses.

Luego pasa un tiempo relacionándose con el mundo artístico y bohemio de la época, comenzando también sus incursiones en política. Así se definió el mismo por aquel entonces:

«El abate Constant ha muerto, tenéis ante vosotros a un laico: Alphonse Constant, dibujante, pintor, hombre de letras, pobre y amigo de los pobres».


La revolución de febrero de 1848 le dio mayor libertad y empezó a dirigir una revista de izquierdas, “Le Tribun du peuple”, que sólo tuvo cuatro números. Fundó a continuación con varios amigos un club político, el Club de la Montagne, integrado principalmente por trabajadores. “ Le Testament de la liberté” (1848), que resume sus ideas políticas, será su última obra del género. Paralelamente, continuaba con sus estudios de esoterismo.

A finales de 1850 le fue encargado un Diccionario de literatura cristiana. Publicado en 1851, la obra sorprende por la profunda ciencia que encierra. Sobre esta época A. Constant conoció al matemático y filósofo polaco Hoene-Wronski, cuya obra le impresionó firmemente. Adoptó el seudónimo de Eliphas Lévi, o Eliphas Lévi  Zahed (traducción en hebreo de Alphonse-Louis Constant) y desde entonces firmaría sus escritos con este seudónimo.

En la primavera de 1854 viajó a Londres, donde conoció a Edward Bulwer-Lytton, célebre autor de novelas fantásticas, que se convirtió en su amigo y lo introdujo en los círculos rosacruces. Volverían a encontrarse en otras ocasiones.

En 1855, funda la Revista Filosófica y Religiosa, que aparecería durante tres años y donde escribiría numerosos artículos sobre la Cábala. Dejando un poco de lado la filosofía oculta, reanudó el tema de la composición de canciones. Una de ellas, en que compara a Napoleón III con Calígula le valió una vez más la cárcel, aunque sólo por breves días.

En 1859, la publicación del libro “Historia de la magia” le consagró interesando a la mayoría de los esoteristas franceses.

Entró en el círculo de la masonería y fue iniciado en 1861. Se le concedió el grado de maestro en ese mismo año; sin embargo y aunque pudo aportar grandes cosas nunca se involucró totalmente con la masonería de su época, actuando más bien por libre. Pronto abandonaría la logia a que pertenecía.

“He dejado de ser Francmasón porque los francmasones, excomulgados por el Papa, ya no creían en tener que tolerar el catolicismo.”

A pesar de conseguir prestigio entre sus contemporáneos, no logró poseer fortuna material; para subsistir daba clases a aristócratas y personajes ilustres. Gracias al dinero percibido como remuneración por sus lecciones, pudo vivir con una relativa comodidad, enriqueciendo sin cesar su biblioteca. Está por ejemplo el barón italiano Spedalieri, con quien tuvo una correspondencia de más de 1000 cartas que duró desde 1861 hasta 1874. Es un curso de Cábala único, preciso, repleto de figuras explicativas y de comentarios, que se plasma en el libro póstumo “Curso de filosofía oculta”. Spedalieri fue uno de los más importantes mecenas de Eliphas Levi, hasta que años después y a raíz de la muerte de la baronesa, el aristócrata se distanció.

E. Levi continuó escribiendo obras que eran ensayos profundos y reveladores acerca de los evangelios apócrifos, la cábala y textos hebreos como el Talmud, el Zohar, además de la simbología en general y la magia teórica y aplicada.

Sus últimos años fueron marcados por un delicado estado de salud, y el 31 de mayo de 1875, falleció a la edad de 65 años olvidado y casi en la pobreza. Fue enterrado en el cementerio de Ivry (Paris) donde una simple cruz de madera marcaba la ubicación de su tumba. En 1881, su cuerpo fue exhumado y sus restos trasladados a la fosa común. Este fue el fin de la vida de un extraordinario maestro de la ciencia esotérica, que como muestra de su sabiduría dejó obras magistrales como el “Dogma y ritual de la alta magia”, “Leyendas y símbolos”, “El libro de los esplendores”…

Concedió gran importancia a la simbología, haciendo hincapié en las láminas del Tarot y desarrollando un precioso trabajo con su interpretación y diseño de las clavículas de Salomón.

Su obra fue muy profusa, y dio un importante impulso al ocultismo en el siglo XIX.








Monday, May 18, 2015

El Sendero Oculto - Dion Fortune

EL SENDERO OCULTO

Dion Fortune

Dion Fortune (1891-1946). Seudónimo utilizado por la sicoanalista freudiana Violet Forth. Fue miembro de la Orden del Alba Dorada (Golden Dawn), de la cual fue separada y funda la Fraternidad de la Luz Interna (Inner Light), institución que aún existe en nuestros tiempos.



La Vía Mística, que conduce a la unión con Dios, es tan conocida que con frecuencia se olvida que existe otro Sendero, que sigue aparentemente una ruta del todo distinta, pero que, al final, lleva al mismo objetivo. Estamos tan acostumbrados a oír que la renuncia al mundo y la abdicación de uno mismo constituyen el único camino verdadero para el alma que busca al Supremo, que apenas nos atrevemos a susurrar que puede haber otra vía, el Sendero del dominio sobre la existencia manifiesta y de la apoteosis de uno mismo.


Existen dos formas de adorar a Dios: podemos adorarle en su Esencia no manifiesta, o en su forma manifiesta. Ambas son legítimas, siempre que, al adorar la forma manifiesta, no nos olvidemos de la Esencia, y que al adorar la Esencia, no la confundamos con la forma manifiesta, pues incurriríamos en el pecado de idolatría, que, en último extremo, no consiste sino en un énfasis mal puesto.

El místico intenta adorar a Dios en su Esencia; pero al no ser manifiesta, la esencia o raíz de Dios se escapa a la consciencia humana. Por tanto, para poder concebir el objeto de su adoración, el místico tiene que superar o trascender la consciencia humana normal. No es posible conocer la naturaleza más íntima de un estado de existencia a menos que seamos capaces de entrar en él y compartir, al menos en alguna medida, sus experiencias. En consecuencia, la tarea del místico radica sobre todo en liberar su consciencia de su habitual sometimiento o esclavitud a la forma. A ello se encamina la disciplina ascética, eliminando lo inferior, con el fin de que lo superior pueda unirse a Dios y, de esa manera, llegar a conocerle. El Sendero del Misticismo es una vía de renunciación, hasta que quien lo practica consigue superar todas las limitaciones de su naturaleza inferior y alcanzar la liberación; entonces no quedará ya nada que le impida llegar a Dios, y su alma se elevará hasta entrar en el Reino de la Luz para no regresar nunca de él.

Pero el otro Sendero no es una Vía de Renunciación, sino de Plenitud; no consiste en apartarse de la senda del destino humano, sino en la concentración y sublimación de dicho destino. Un alma que emprenda dicho Sendero vivirá sus propias experiencias en todas sus fases y aspectos de la existencia manifiesta, y las equilibrará, las espiritualizará y las absorberá en su esencia.

El objetivo de quienes siguen este Sendero es lograr un dominio completo de todos y cada uno de los aspectos de la vida creada. Pero cuando decimos dominio no nos referimos a una relación como la que existe entre el propietario de esclavos y éstos, sino más bien al dominio del virtuoso sobre su instrumento, un dominio que se apoya en su capacidad de adaptación a su naturaleza y espíritu, con el fin de extraer de él el máximo partido. El adepto que ha logrado el dominio sobre la Esfera de la Luna interpreta el mensaje de ésta para el Mundo y muestra sus poderes en perfecto equilibrio. El reino sobre el que gobierna el Maestro del Templo no es una monarquía absoluta, ya que no consigue su poder para levantar tronos, dominios o potestades a su servicio, sino para hacerles llegar el mensaje de salvación de Dios y convocarles a su rica herencia. Es un siervo de la evolución, y su tarea consiste en extraer el orden del caos, la armonía de la discordia y reducir a equilibrio las fuerzas desequilibradas.

Las enseñanzas de los Vedas de la Tradición Oriental distinguen claramente entre la devoción al Dios No Manifiesto, la esencia espiritual de la creación, y los aspectos manifiestos, o deidades. “Identifica el propio ser con los aspectos parciales, que son los Yoginis, y alcanzarás los diversos poderes (Siddhis). Identifica el propio ser con la Maha-yogini, y te liberarás, pues no serás ya tú mismo, sino Ella... Aquello con lo que un ser humano debe identificarse dependerá de lo que desee. Pero, sea lo que sea, conseguirá el Poder si tiene voluntad y trabaja para ello.” (World as Power, Power as Reality, de Woodroffe).

¿Qué debería desear un ser humano? Esa es la siguiente pregunta que debemos plantearnos. La respuesta a la misma dependerá totalmente de la fase o etapa de evolución a que hayamos llegado. El alma tiene que completar su experiencia humana antes de estar lista para la Unión Divina. Debe pasar el nadir del descenso a la materia antes de llegar al Camino del Retorno. No estaremos listos para la Vía Mística antes de habernos aproximado al momento de nuestra liberación de la Rueda del Nacimiento y la Muerte; pero intentar escapar prematuramente de dicha rueda equivale a esquivar nuestro entrenamiento o preparación. Nos veremos descalificados, al igual que el yate que participa en una carrera y no consigue darle la vuelta a la boya que marca el límite más externo del recorrido; no habremos cumplido las condiciones necesarias para nuestra liberación, que exigen que no esquivemos nada, y que sólo dejemos atrás aquello que hayamos logrado dominar, equilibrar y superar.

Serán falsas las enseñanzas que nos pidan erradicar de nuestras naturalezas cualquier cosa que Dios haya implantado en ellas, tan falsas y estúpidas como lisiar a un potro lleno de fuerza y de vida simplemente porque es salvaje y está sin domar. El amor a la belleza, el impulso vital de los instintos limpios, sanos y normales, la alegría de la lucha y la victoria, son todos elementos sin los que, de hecho, quedaríamos empobrecidos. Dios nos los entregó, y debemos suponer que sabía lo que hacía cuando actuaba así. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar su labor y condenar lo que El consideró bueno?

Lo que prohíbe la Ley de Dios es abusar de esas cosas, no utilizarlas para los fines rectos a que están destinadas. El Camino del Fuego del Lar ofrece una disciplina mucho más sensata y eficaz que el de los ermitaños de Tebas, con sus torturas ascéticas y sus automutilaciones, que violentan la Naturaleza y ultrajan la obra de Dios.

Asustado por las Fuerzas Elementales cuando se tropieza con ellas impurificado e impreparado, el asceta huye de lo que cree ser la tentación. Pero resulta mucho más prudente equilibrar las fuerzas enfrentadas en nuestra propia naturaleza hasta que seamos capaces de manejar nuestros instintos desordenados y consigamos que tiren del carro del alma con el poder de sus incansables impulsos.

Llegará el día en que todos nosotros nos veamos liberados de la Rueda del Nacimiento y la Muerte y entremos en el Reino de la Luz para no regresar nunca de él; si intentamos dejar a un lado los Elementales y sus problemas antes de que amanezca ese día, estaremos dando un giro de timón antes de haberle dado la vuelta a la boya que marca nuestra ruta; seremos como el hombre que ocultó su talento bajo tierra porque tenía miedo de él. Nuestro Señor no nos agradecerá nuestra devoción equivocada a un ideal inmaduro, sino que nos descalificará como sirvientes poco eficaces.

Como en otros muchos casos, la clave para la resolución del problema radica en la doctrina de la reencarnación. Si creemos que todos los logros humanos deben efectuarse en una sola vida y que, al final de la misma, seremos juzgados, lo más probable será que nos veamos empujados a un idealismo que nuestro proceso de crecimiento o evolución natural no nos ha permitido alcanzar aún. La liberación de la Rueda del Nacimiento y la Muerte, el abandono de la materia, la Unión Divina, son todas cosas que nos llegarán con el tiempo, pues el objetivo de la evolución es llevarnos hasta ellas; pero es posible que aún no haya llegado ese momento, y seríamos muy estúpidos si permitiésemos que otro, por avanzado que estuviese, juzgara por nosotros dónde nos encontramos en la escala evolutiva y decidiese cuál habría de ser nuestro paso o escalón siguiente. Seamos fieles a nuestras convicciones y dejémonos guiar por nuestros impulsos más profundos. Si sentimos el deseo de adorar a Dios en su manifestación gloriosa, hagámoslo de todo corazón, pues ése será nuestro medio de llegar a Él. Pero eso no significa que tengamos que dar rienda suelta a nuestros impulsos; la Danza de la Naturaleza es un movimiento rítmico y ordenado, y no debemos alejarnos del lugar que nos corresponde en nuestra pauta evolutiva, o lo estropearemos todo. Si deseamos que la Naturaleza sea nuestra Madre, debemos trabajar unidos a ella... y para conseguir sus fines. Y ésa es una disciplina más que suficiente para cualquier alma.

Si, por el contrario, nos sentimos impulsados a retirarnos del mundo y emprender el Sendero del Misticismo, preguntémonos honestamente si estamos siguiendo dicha vía debido a la intensidad de la llamada de Dios en nuestro corazón, o porque pensamos que la vida resulta demasiado difícil y complicada y queremos alejarnos para siempre de sus problemas y tribulaciones.

La Preparación para la Iniciación - Dion Fortune

LA PREPARACIÓN PARA LA INICIACIÓN



Por Dion Fortune

Dion Fortune (1891-1946). Seudónimo utilizado por la sicoanalista freudiana Violet Forth. Fue miembro de la Orden del Alba Dorada (Golden Dawn), de la cual fue separada y funda la Fraternidad de la Luz Interna (Inner Light), institución que aún existe en nuestros tiempos.


El objeto de la Iniciación es producir la Iluminación del  alma por medio de la Luz Interna. Por lo tanto, antes de entrar a considerar los mejores medios de preparación para esa empresa, es necesario explicar exactamente lo que se entiende por Iniciación, porque hay muchos conceptos distintos acerca de la misma.

La palabra Iniciado, empleada en estas páginas, significa aquél en quien el YO superior, la Individualidad, se ha entre fundido con  la personalidad, y ha encarnado realmente en el cuerpo físico. Un Iniciado es, por consiguiente, aquel cuyo Yo Superior nos mira a través de sus ojos. La personalidad queda  reducida a un juego de hábitos y costumbres, un complejo de vida, que deja al Yo Superior libre para llevar a cabo su obra con el mínimo de exigencias con respecto a su atención en el Plano Físico.

Esta Gran Iniciación se recibe siempre he invariablemente fuera del cuerpo. No hay ritual que pueda  conferirla, aunque el ritual se suela emplear en el Hemisferio Occidental para adiestrar y coordinar la consciencia, como indispensable preparación para esta experiencia trascendental. También se pasa por ella con plena consciencia, conservando la memoria de la misma. Muy a menudo se nos pregunta si es posible estar iniciado sin saberlo. A esta cuestión tenemos que contestar con  un no rotundo. Además, sería absurdo pensar en que pudiéramos recibir inconscientemente una extensión permanente de la consciencia

Sin embargo, suele ocurrir que un Maestro haya aceptado como  discípulo a alguna persona, sin que ésta se dé cuenta de ello, debido al escaso desenvolvimiento de sus facultades psíquicas, y entonces esta persona sólo  se llega a dar cuenta de este hecho cuando ha progresado hasta cierto punto.

En estos casos un psíquico podría informarle a dicha persona que ha sido aceptada como discípulo de la Gran Fraternidad Blanca y que ya se encuentra por lo tanto en el Sendero que lleva a la Iniciación, pero sería un error decirle que ya estuviese iniciada. El sello del Maestro queda estampado en el aura del discípulo, cuando éste es aceptado, y resplandece ante la visión clarividente como un disco de unas seis pulgadas de diámetro, inmediatamente encima de la cabeza, siendo el disco del color del Rayo sobre el cual esté trabajando el Maestro. Cuando el discípulo recibe algún trabajo que debe realizar para su Maestro en el Mundo Material, la  banda  correspondiente  de  color  en  el aura se enciende, mostrando así que el poder del Maestro está operando a través del discípulo. Pero hasta que toda el aura no queda iluminada completamente, no puede decirse que un ser humano sea un Iniciado. Esto se produce cuando brilla con su propia luz y no con la luz prestada de su Maestro. Por lo tanto, la Iniciación puede definirse como la aurora de la Luz Interna, o el advenimiento a manifestación en el Mundo Físico del Augoides o Cuerpo de Luz.

Puede considerarse que la Luna representa la personalidad, creciendo y decreciendo a través de innumerables fases encarnatorias reflejando la Luz Solar o la Sombra Terrestre. El Yo Superior, o sea el espíritu inmortal del ser humano, está bien simbolizado por el Sol que perpetuamente brilla en los Cielos, veámoslo o no. Estos símbolos recompensarán muy bien a quien medite sobre ellos.

El Yo Superior comienza a manifestarse en el cuerpo físico cuando tiene lugar la Iniciación No tenemos más que considerar la gran diferencia que existe entre la Individualidad y la personalidad, en el ser humano corriente, para darnos cuenta de la intensa preparación que debe tener lugar antes de que esa manifestación sea posible. Además, no podemos dejar de ver que si se intentara semejante manifestación antes de que la necesaria preparación hubiera tenido lugar, el Yo Superior descendente encontraría una disparidad tan grande entre él mismo y su vestidura mal ajustada, que no tardaría en desgarrarse y quedar destruida. Esta ocurrencia se puede observar de vez en cuando entre los Ocultistas y constituye uno de los problemas con que tienen que luchar las distintas fraternidades.

Antes de que sea posible para el Yo Superior comenzar a manifestarse en la consciencia cerebral, la personalidad tiene que sintonizarse con la Individualidad. La Individualidad lleva su existencia en las esferas espirituales en la misma forma que la personalidad la pasa en la esfera mundana. Las acciones de la Individualidad se inspiran en el deseo de mantener su armonía con la Vida Divina del Cosmos, de donde recibe su ser, mientras que las acciones de la personalidad se ven determinadas por su deseo de mantener su armonía con el Mundo de la Materia, de dónde saca el cuerpo su propio ser. Por consiguiente, es evidente que la personalidad tendrá que reorientar completamente su posición  antes de poder alinearse con su Yo Superior. Tenemos que prepararnos para cambiar la base de todos nuestros motivos si queremos recibir la Iniciación. Esto requiere una unidad de propósito que no retroceda ante sacrificio alguno: "Vende todo lo que tengas y sígueme, dijo  el  Maestro. Y  también: "Dejad  que los muertos  entierren a sus muertos. Seguidme". Estos dichos parecen un poco duros, pero la experiencia  demuestra que son verdaderos. 

No hay razón alguna para que alguien se ofrezca como candidato para la Iniciación, porque todos pueden lograr la meta de la Unión Divina, por el sendero espiritual  de la Evolución; pero, por otra parte, no deben declarar que los antiguos secretos se hayan perdido, porque no queriendo pagar su precio, no han recibido la Gran  Perla de valor inestimable.

Tanto la personalidad como las cosas de los sentidos tienen que ser sacrificadas  para que  el Yo Superior pueda manifestarse: no puede haber cuestión alguna sobre este punto. Todos los iniciados así lo declaran. Ante semejantes manifestaciones nos sentimos inclinados a creer que, habiendo sacrificado la personalidad, nos encontraremos despojados de todo. 

Esta creencia se debe a que la mentalidad Occidental se adhiere a la idea de que la muerte del cuerpo significa el fin de la existencia. Y de la misma manera creemos subconscientemente que la muerte de la personalidad termina con el pleno goce y plenitud de la vida. Olvidamos al pensar semejante cosa que el comerciante que vendió todo lo que tenía lo hizo para comprar así la Gran Perla. Es verdad que vendió todo lo que tenía, pero fue para invertirlo en algo de muchísimo más valor. El relato evangélico implica que se llevó la Perla triunfante. Y así sucede con nosotros si hacemos el sacrificio de las cosas de los sentidos que permitan la encarnación del Yo Superior en el cuerpo físico. Hay un período de lucha conforme van rompiéndose los hilos que nos unían a los deseos de los sentidos, pero tan pronto como se van limpiando las cosas apreciablemente, comienza a despuntar la Luz Superior. No permanecemos mucho tiempo sin consuelo. "¿.No serán nuestras tinieblas, después de todo, la Sombra de Su Mano que se extiende para acariciarnos?".

Mientras la consciencia se enfoca en la personalidad, no podemos ponernos en contacto directo con las realidades, y sólo podemos ver sus reflejos en el Mundo de la Forma. La llamada del Yo Superior sirve para levantarnos y desviar nuestra mirada del espejismo de la consciencia de la forma, dirigiéndola directamente a la Realidad que es vida y no forma. Esta vuelta en redondo es lo que constituye la tarea del alma cuando busca la Iniciación.

Conforme la personalidad va sometiéndose gradualmente al Yo Superior, la Luz Interna comienza a resplandecer. Los casos en que la Iluminación se produce súbitamente son muy raros y casi siempre ciegan e incapacitan a la persona, como le pasó a San Pablo en el camino a Damasco. Por lo tanto sólo se permite en los casos de almas muy avanzadas, que han sido preparadas y adiestradas hasta un grado muy elevado en vidas anteriores y que han reencarnado con ese propósito, constituyendo sus personalidades acordemente. Para el resto de los aspirantes a la Iniciación, la Luz Interna comienza a despuntar muy suave y gradualmente, con muchos intervalos de tinieblas que la obscurecen de vez en cuando, cuando los deseos sensoriales surgen nuevamente, aun después de considerarlos completamente vencidos.

Habiendo alcanzado esta libertad de la esclavitud de los sentidos, se abren ante el Iniciado dos caminos: puede seguir el Sendero Místico, que lleva directamente a la liberación, o puede seguir el Sendero Oculto y retornar al mundo de los hombres equipado con los poderes de la Mente Superior.

Es digno de notarse que generalmente el Místico no habla ni enseña la doctrina de la Reencarnación, mientras que el Ocultismo si lo hace. La razón es que el Místico trata de escapar de la esclavitud de la carne y no volver nunca más a ella, mientras que el Ocultista quiere volver a la materia, trayendo consigo el fruto de sus  labores. Ambos ideales son legítimos y justificables. El místico que sigue su  marcha hasta alcanzar la liberación, no deja de seguir siendo una influencia en el mundo, pues con su realización liquida una porción del Karma Mundial. Por este motivo los místicos se dedican a muchas austeridades y mortificaciones, mucho después de haberse liberado de los deseos de la carne; están liquidando el Karma Mundial.

El Ocultista, por su lado, sólo se sujeta a las mortificaciones más indispensables para someter a la carne y hacerla obedecer su voluntad soberana sin murmurar. Su plan es formarse tal personalidad que su Yo Superior pueda funcionar en ella sin obstáculos. Tiene que ser a semejanza de un caballo brioso y fuerte, que obedece instantáneamente sin necesidad de riendas ni espuelas. Sus sentidos no podrán ni engañarlo y sus pasiones tampoco podrán cegarlo. Usa su cuerpo como una ventana transparente para su alma, de manera que nunca deforme lo que vea. Con ese único fin es que disciplina su cuerpo, pero nunca trata de reproducir la Crucifixión.

El Místico torna su personalidad negativa, para convertirse así en un conducto o canal de las Fuerzas Cósmicas. Su actitud con respecto a todos los problemas que puedan presentársele es la de: "Aquiétate y sabe que Yo Soy Dios". Se mantiene sereno y quieto en el plano mundano, dejando que los poderes espirituales encuentren en él un conducto por el cual puedan llegar a la mente colectiva durante sus meditaciones. El Ocultista, por su parte, se ocupa de las formas y utiliza su mente concreta para convertir a esas formas en canales para las Fuerzas Cósmicas. El Místico trabaja con el Yo Superior exclusivamente; el Ocultista lleva al Yo a manifestarse Superior en el plano de la forma.

El Místico, una vez que se ha liberado de la esclavitud de sus sentidos, se contenta con las experiencias de su conciencia interna: no trata de traerlas a manifestación en el plano terrestre. El Ocultista, por su lado, habiendo alcanzado la misma realización que el Místico, trata de traer al plano de la forma el estado de conciencia que ha conquistado. Y hace esto si es un Hermano del Sendero de la Derecha, porque es necesario para cumplir el Gran Plan que ciertos ideales sean expresados y elaborados en el Mundo de la Forma, pero jamás lo haría para gratificar sus propias sensaciones. Esa fue la prueba con que fue tentado el SEÑOR en el Desierto: "Haz que estas piedras se conviertan en pan". Él era el Místico-Ocultista Ideal, como lo demostró al convertir el agua en vino y al pasar a través de las puertas cerradas, pero El jamás utilizó Sus poderes más que en el cumplimiento de Su misión, y es digno de notarse que conforme EL avanzaba hacia su final, los empleó cada vez menos.

La gran mayoría de las almas liberadas eligen el Sendero Místico, yéndose así más allá de nuestra Esfera Terrestre y son sólo unos pocos de los que han ganado su libertad los que eligen sacrificarse y volver nuevamente al Mundo de las Formas, puesto que no tienen deseo alguno que pueda arrastrarlos a una nueva encarnación, lo que para ellos es vivir en una cárcel. Su motivo único lo constituye el deseo de aliviar la carga de la confusión del mundo. Por otra parte, no debe pensarse que el Místico deserta del mundo cuando lo abandona, porque siempre rogará por él, y este gran cuerpo de almas en oración es el que aligera el tremendo Karma del Mundo en los Planos Internos.

El Místico sirve de una manera y el Ocultista de otra. Ambos son necesarios para la gran obra cósmica de la regeneración y de la Evolución. Ninguna función puede existir sino por medio de la dualidad: la interacción de los aspectos positivo y  negativo de la misma fuerza. El  Místico  constituye  un  polo  de la Energía Crística, y el Ocultista es el otro. De acuerdo con la bien conocida ley oculta de la polaridad alternativa en los distintos planos, el Místico es negativo en los planos de la forma y positivo en los planos de la energía, mientras que el Ocultista es positivo en los planos de la forma y negativo en los planos de la energía. De ahí que el Ocultista tenga siempre necesidad de invocar fuerzas que lo ayuden en su obra, empleando con ese objeto la magia ritual en sus diversos tipos, desde la simple invocación hecha con un signo, hasta las más complicadas figuras y  movimientos que se realizan en las logias.

El mejor desenvolvimiento, el que se busca mediante la disciplina y adiestramiento de la Comunidad de la Luz Interna, se obtiene mediante un balance justo de las fuerzas positivas y negativas del alma, sostenidas en equilibrio por la voluntad, de manera tal que el propio juicio puede hacer descender la balanza en cualquier dirección. Al alma que tiene una inclinación natural hacia el Ocultismo se le hace trabajar según las reglas místicas. Hasta que no llega a los Misterios Mayores no se le permite al individuo seguir su vocación natural, pero entonces se le da una enseñanza y educación especialmente adaptada a su capacidad.

La razón de esta aparente violencia contra su naturaleza se comprenderá enseguida. Si el alma naturalmente inclinada al misticismo se desenvolviera sólo de acuerdo con esa tendencia, adquiriría una penosa falta de equilibrio, como puede notarse entre aquellos que moran demasiado en lo Invisible. Su asidero en los planos de la forma no guarda relación con su contacto con los planos de la Fuerza y, por consiguiente, las fuerzas rompen los límites de la forma y se difunden en un pantano de espiritualidad emocional, perdiéndose y malgastándose, como las aguas del río que saliéndose de su margen convierten en un pantano cenagoso al valle otrora feraz y florido. Es posible que este pantano produzca una vegetación acuática y jugosa, pero no será ni tierra ni agua, y sería completamente inútil para todo propósito práctico en el servicio de la humanidad.

Al Ocultista, por su parte, si se le permite desde el principio de su  preparación, entregarse a su amor por la forma y la intelectualidad, acabará por encontrarse amurallado dentro de sus formas y perderá los contactos vivientes que sólo pueden dar vida a los símbolos ocultos. Sin embargo, si adopta la disciplina de ponerse en contacto con las diferentes fuerzas mediante sistemas puramente intuitivos y de meditación, adquirirá el poder de efectuar esos contactos independientemente del uso de fórmulas y rituales mágicos. Entonces, cuando llegue a una etapa más avanzada de su desenvolvimiento, se le enseñarán los métodos tradicionales de las artes, y será capaz de tener acceso a una suma infinitamente mayor de poder que lo que podría conseguir el Iniciado que no ha seguido ese método.

Es absolutamente vital para la educación oculta del estudiante, que éste comprenda perfectamente los principios del Ocultismo y que jamás emplee sus fórmulas ciega y supersticiosamente. Y recordemos siempre que una cadena no es más fuerte que su eslabón más débil. Ni el Místico ni el Ocultista podrán expresar en el plano de la manifestación más de lo que sean capaces de polarizar dentro de sus propias naturalezas. 

Sunday, May 17, 2015

El Mito Solar - Jean-Marie Ragón

EL MITO SOLAR

Del libro

“De la Masonería Oculta y de la Iniciación Hermética

Jean-Marie Ragón




El mito fundamental de la Francmasonería es la historia del Arquitecto Hiram Abiff, la cual es una de tantas versiones del mito solar y de la historia de la evolución realizada por el alma humana.

Sería un gran error creer que los mitos son meras fábulas, carentes de base cierta. Los mitos sirvieron antiguamente para exponer determinadas verdades de manera pintoresca, cuya interpretación sólo estaba al alcance de los iniciados. Los autores de los mitos fueron iniciados que se valieron de los símbolos para exponer las realidades del espíritu. La universalidad de estos símbolos y mitos se debe a que los antiguos misterios eran también universales y a que en todos ellos se recomienda la misma vía del espíritu.

El mito solar representa la actividad del Logos en el Universo, reflejada en la naturaleza por el curso que describe el sol. El Dios Sol, el Cristo, el Iniciado, el Héroe, el Arquitecto o como se quiera denominar al personaje de la leyenda, nace siempre en el solsticio de invierno durante las primeras horas del día 25 de diciembre, cuando la constelación de la Virgen aparece en el horizonte; de forma que siempre nace de una Virgen. Esto representa el descenso del Logos a la materia. El niño nacido así es débil como los días de invierno, que son los más cortos del año. Entonces le acechan toda clase de peligros, pero el dios vive va adquiriendo fuerza en el seno de la materia que anhela acabar con el Divino Legislador, hasta que los días se alargan, y llega el equinoccio de primavera en que el hombre ha de ser crucificado en la cruz de la materia. El sol no puede ser prisionero de los elementos durante mucho tiempo y tarda en levantarse triunfante en el cielo derramando su vida por todo el universo. De manera que la leyenda del Dios Sol representa el nacimiento, encarnación o inmersión en la materia del Dios solar, los peligros que le amenazan en la infancia, la muerte aparente y enterramiento en el reino mineral, la resurrección en el desarrollo de los reinos superiores y la ascensión final de la vida al ciclo, en donde recibe la vida descendente del Padre y forma el cuerpo causal: triple vehículo del espíritu humano.

Sabido es que todos los dioses solares (Horus, Mitra, Freyr, Baco, Adonis, Jesús, Huitzilopochtli, etc.) nacen en e1 solsticio de invierno y mueren en el equinoccio de primavera. Esta insistencia en la misma fecha demuestra que no se trata de la historia de un hombre, sino de la de un héroe de un mito solar.

En cuanto a los ritos iniciáticos hemos de creer que, aparte la significación corriente que se da a los mismos, tienen otras altamente interesantes, Ragón expone la alquímica. Nosotros vamos a describir la que creemos más repetida en los Misterios.

Los ritos iniciáticos representan la evolución del espíritu humano, evolución que en el sistema cristiano (que es la más familia al alma occidental) se verifica en las etapas de purificación, Iluminación y Unión, descriptas en las obras de los místicos. En las escuelas hindú y budista el sendero se divide en dos partes: el sendero de prueba y el propiamente dicho. El primero representa el sendero de purgación o purificación del cristianismo. Los budistas e hindúes dividen el sendero en si en cuatro etapas, dos de las cuales corresponden a la etapa de Iluminación, y otras dos a la de unión.

Las iniciaciones son cuatro: en la primavera nace el Cristo en el discípulo. En ella realiza el iniciado su unión con todo lo vive, identificándose con la vida y no con las formas. Este es el segundo nacimiento del hombre: el primero se realizó en la vida de la materia; el segundo, en la del espíritu, que es el nacimiento a que alude Jesús cuando dice: “Si queréis entrar en el reino de los ciclos habréis de convertiros en niños.”

Este niño es el Héroe o iniciado que nace siempre en una caverna, cueva, o pesebre, mientras en el Oriente luce “la estrella de la iniciación”.  Luego el niño se ve cercado de tinieblas y peligros; pero, a pesar de ello, se fortalece en sabiduría y poder, hasta que alcanza la segunda iniciación, simbolizada por el bautismo en agua y en espíritu.

En la tercera, simbolizadla por la transfiguración, triunfa el hombre del espíritu de las tinieblas y camina hacia Jerusalén para recibir el bautismo de “Espíritu Santo y Fuego”, prueba final y última etapa del “Camino de la Cruz.”

La cuarta etapa se simboliza por la pasión y la cruz. El ser idealista que ama a la Humanidad ha de sacrificarse por ella. Entonces el Hombre, el Héroe, siente la amarga agonía del jardín, bebe la copa de la traición y, abandonado por todos, hasta por el mismo Padre, muere y desciende a los infiernos, para no desconocer ninguna región del universo, como descendieron Quetzalcóatl, Mitra, Baco, o Dionysios, Baldur, Bal-Sab, Esculapio, Jacinto, Marduc, Jesús, Bel Merodac, etc. y libertado de su cuerpo material que se encuentra en trance, vuelve a ver la Luz y se siente uno con el Padre.

Luego llega la quinta iniciación, simbolizada por la Resurrección y la Ascensión. El Iniciado se yergue triunfante sobre la muerte y el infierno, y tras una breve estancia en la tierra para enseñar a sus discípulos, asciende a los cielos. El “niño” se ha convertido en Hombre Perfecto o Maestro Masón.

La etapa de evolución del espíritu humano representada por Gethsemaní y el Calvario se llamaba en Egipto “río de la muerte”. Hablando de esta ceremonia dice Singleton, 33º;

“Luego de pasar el iniciado por todas las ceremonias y ritos preliminares, era obligado a representar una muerte mística, la cual quería significar el olvido de las imperfecciones de la vida mala y corrompida, como, asimismo, un descenso al Hades, en donde había de limpiarse de toda mancha por medio de lustraciones y purificaciones realizadas con auxilio del fuego, el agua y el aire, tras de lo cual el epopta, a quien se consideraba como ser vuelto a nacer, volvía a la vida de luz y pureza y era protegido por la divinidad.”

Faber dice que “las iniciaciones en Misterios representaban el mítico descenso al Hades y la vuelta a la luz del día.”

Vail cree que las ceremonias reproducen la historia de cada alma. No simbolizan un hecho externo, sino una realidad interna. El candidato era recibido por el hierofante, colocado con los brazos extendidos sobre una cruz y tocado con el tirso o “lanza” en el corazón, entrando entonces en profundo trance. El cuerpo se depositaba después en una cripta o en un féretro. Mientras el cuerpo era enterrado, el espíritu entraba el mundo invisible (Hades), en cuyo lugar era sometido a las pruebas de la tierra, el agua, el aire y el fuego. Al tercer día y antes de amanecer, cuando aún era de noche, la cruz en que yacía el cuerpo era levantada y colocada en donde el sol naciente pudiera iluminar la faz del neófito. A medida que el sol sa1ía, el iniciado resucitaba, levantándose de los muertos, triunfante de la muerte y del infierno.

El trance representaba la muerte en el pecado. La alegoría de la crucifixión significa el sacrificio de todo lo perteneciente a la vida inferior, puesto que para llegar al universo con la Divinidad, debe renunciar el neófito a todo deseo de separabilidad. Dícese que el Cristo fue crucificado en el monte Gólgota, lo cual es una prueba más de la significación de la alegoría de su muerte, ya que las montañas simbolizan, siempre espiritualidad, al par que son los lugares en donde viven los iniciados y se verifican las iniciaciones. El renacimiento significa la resurrección a la justicia; o sea la llegada a la meta del Hombre Perfecto. La frase “resurrección de los muertos” es mística y significa la iluminación.

Los francmasones podrán sacar grandes analogías entre este mito solar y la leyenda de Hiram Abiff.













Monday, May 11, 2015

Concilio de Nicea I

Concilio de Nicea I


El primer Concilio ecuménico se celebró en el año 325 en Nicea (actualmente Iznik), ciudad de Asia Menor, en el territorio de la actual Turquía, y de la que recibe el nombre por el que es conocido, Concilio de Nicea I. (Este fue el primer concilio general de la historia de la Iglesia cristiana, a excepción del llamado concilio de Jerusalén del siglo I, que había reunido a Pablo de Tarso y sus colaboradores más allegados con los apóstoles de Jerusalén encabezados por Santiago el Justo y Pedro.)

Fue convocado por el emperador Constantino I el Grande, (por consejo del obispo San Osio de Córdoba), quien acababa de imponer su dominio sobre la totalidad del Imperio Romano después de vencer a Licinio. Previamente, Constantino ya había dado muestras de sus simpatías por el Cristianismo al dictar el Edicto de Milán del año 313, que daba a los cristianos libertad para reunirse y practicar su culto sin miedo a sufrir persecuciones. No obstante, el emperador era consciente de las numerosas divisiones que existían en el seno del Cristianismo, por lo que, siguiendo la recomendación de un sínodo dirigido por Osio de Córdoba en ese mismo año, decidió convocar un concilio ecuménico de obispos en la ciudad de Nicea, donde se encontraba el palacio imperial de verano. El propósito de este concilio debía ser establecer la paz religiosa y construir la unidad de la Iglesia cristiana.

En aquellos momentos, la cuestión principal que dividía a los cristianos era la denominada controversia arriana, es decir, el debate sobre la naturaleza divina de Jesús. Un sector de los cristianos, liderado por el obispo de Alejandría, Alejandro, y su discípulo y sucesor Atanasio, defendía que Jesús tenía una doble naturaleza, humana y divina, y que por tanto Cristo era Dios; en cambio, otro sector liderado por el presbítero Arrio y por el obispo Eusebio de Nicomedia, afirmaba que Cristo había sido la primera creación de Dios antes del inicio de los tiempos, pero que, habiendo sido creado, no era Dios mismo.

Aunque todos los obispos cristianos del Imperio fueron formalmente convocados a reunirse en Nicea, en realidad asistieron alrededor de 300 (según san Atanasio), o quizá un número ligeramente inferior. La mayoría de los obispos eran orientales, si bien participaron también dos representantes del Papa Silvestre. El concilio fue presidido por Osio de Córdoba. También estuvo presente Arrio y algunos pocos defensores de sus posiciones teológicas. La posición contraria a Arrio fue defendida, entre otros, por Alejandro de Alejandría y su joven colaborador, Atanasio.

Constantino, aunque simpatizaba con los cristianos, no se bautizó hasta que se hallaba en su lecho de muerte. Sin embargo, aparentemente ya se había convertido al cristianismo tras su victoria militar sobre Majencio en 312, ya que había invocado al Dios de los cristianos antes de la batalla. Por ello interpretó su victoria como indicio de la superioridad del Dios cristiano, aunque se guardó de compartir esta interpretación con sus tropas.

¿Qué papel desempeñó en el Concilio de Nicea aquel emperador no bautizado? La Encyclopædia Britannica relata: “Constantino mismo presidió y dirigió activamente las discusiones y personalmente propuso la fórmula decisiva que expresaba la relación de Cristo con Dios en el credo que el concilio emitió, que es ‘consustancial con el Padre’ Impresionados por el emperador, los obispos —con solo dos excepciones— firmaron el credo, aunque muchos de ellos no estaban muy inclinados a hacerlo”.

Por lo tanto, el papel de Constantino fue crítico. Después de dos meses de enconado debate religioso, Constantino inclinó finalmente la balanza a favor de los que decían que Jesús era Dios. “Básicamente, Constantino no entendía nada de las preguntas que se hacían en teología griega”, dice A Short History of Christian Doctrine (Breve historia de la doctrina cristiana). Lo que sí entendía era que aquella división religiosa era una amenaza para su imperio, y él quería fortalecer su dominio.

Después de Nicea los debates sobre este asunto siguieron por décadas y el propio Constantino y sus sucesores fueron alternando su apoyo entre los arrianos y los partidarios de las resoluciones de Nicea. Finalmente, el emperador Teodosio estableció el credo del Concilio de Nicea como la norma para su dominio y convocó el Concilio de Constantinopla en 381 para aclarar la fórmula. Aquel concilio acordó colocar al Espíritu Santo en el mismo nivel de Dios y de Cristo y empezó a perfilarse la doctrina trinitaria. Sin embargo, ni siquiera después del Concilio de Constantinopla llegó la Trinidad a ser un credo extensamente aceptado. Algunos se oponían a él, y se atraían por ello violenta persecución. Solo en siglos posteriores fue formulada la Trinidad en credos fijos. La Encyclopedia Americana dice: “El desarrollo pleno del trinitarismo tuvo lugar en Occidente, en el escolasticismo de la Edad Media, cuando se quiso dar una explicación en términos filosóficos y psicológicos”.

El Concilio I de Nicea es el primer Concilio Ecuménico, es decir, universal, en cuanto participaron obispos de todas las regiones donde había cristianos. Tuvo lugar cuando la Iglesia pudo disfrutar de una paz estable y disponía de libertad para reunirse abiertamente. Se desarrolló del 20 de mayo al 25 de julio del año 325. En él participaron algunos obispos que tenían en sus cuerpos las señales de los castigos que habían sufrido por mantenerse fieles en las persecuciones pasadas, que aún estaban muy recientes.

El emperador Constantino, que por esas fechas aún no se había bautizado, facilitó la participación de los Obispos, poniendo a su disposición los servicios de postas imperiales para que hicieran el viaje, y ofreciéndoles hospitalidad en Nicea de Bitinia, cerca de su residencia de Nicomedia. De hecho, consideró muy oportuna esa reunión, pues, tras haber logrado con su victoria contra Licinio en el año 324 la reunificación del Imperio, también deseaba ver unida a la Iglesia, que en esos momentos estaba sacudida por la predicación de Arrio, un sacerdote que negaba la verdadera divinidad de Jesucristo. Desde el año 318 Arrio se había opuesto a su obispo Alejandro de Alejandría, y fue excomulgado en un sínodo de todos los obispos de Egipto. Arrio huyó y se fue a Nicomedia, junto a su amigo el obispo Eusebio.

Entre los Padres Conciliares se contaban las figuras eclesiásticas más relevantes del momento. Estaba Osio, obispo de Córdoba, que según parece presidió las sesiones. Asistió también Alejandro de Alejandría, ayudado por el entonces diácono Atanasio, Marcelo de Ancira, Macario de Jerusalén, Leoncio de Cesarea de Capadocia, Eustacio de Antioquía, y unos presbíteros en representación del Obispo de Roma, que no pudo asistir debido a su avanzada edad. Tampoco faltaron los amigos de Arrio, como Eusebio de Cesarea, Eusebio de Nicomedia y algunos otros. En total fueron unos trescientos los obispos que participaron.

Los partidarios de Arrio, que contaban también con las simpatías del emperador Constantino, pensaban que en cuanto expusieran sus puntos de vista la asamblea les daría la razón. Sin embargo, cuando Eusebio de Nicomedia tomó la palabra para decir que Jesucristo no era más que una criatura, aunque muy excelsa y eminente, y que no era de naturaleza divina, la inmensa mayoría de los asistentes notaron en seguida que esa doctrina traicionaba la fe recibida de los Apóstoles. Para evitar tan graves confusiones los Padres Conciliares decidieron redactar, sobre la base del credo bautismal de la iglesia de Cesarea, un símbolo de fe que reflejara de modo sintético y claro la confesión genuina de la fe recibida y admitida por los cristianos desde los orígenes. Se dice en él que Jesucristo es "de la substancia del Padre,

Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no hecho, homoousios tou Patrou (consustancial al Padre)". Todos los Padres Conciliares, excepto dos obispos, ratificaron ese Credo, el Símbolo Niceno, el 19 de junio del año 325.

Además de esa cuestión fundamental, en Nicea se fijó la celebración de la Pascua en el primer domingo después del primer plenilunio de primavera, siguiendo la praxis habitual en la iglesia de Roma y en muchas otras. También se trataron algunas cuestiones disciplinares de menor importancia, relativas al funcionamiento interno de la Iglesia.

Por lo que respecta al tema más importante, la crisis arriana, poco tiempo después Eusebio de Nicomedia contando con la ayuda de Constantino consiguió volver a su sede, y el propio emperador ordenó al obispo de Constantinopla que admitiera a Arrio a la comunión. Mientras tanto, tras la muerte de Alejandro, Atanasio había accedido al episcopado en Alejandría. Fue una de las mayores figuras de la Iglesia en todo el siglo IV, que defendió con gran altura intelectual la fe de Nicea, pero que precisamente por eso fue enviado al exilio por el emperador.

El historiador Eusebio de Cesarea, también cercano a las tesis arrianas, exagera en sus escritos la influencia de Constantino en el Concilio de Nicea. Si sólo se dispusiera de esa fuente, podría pensarse que el Emperador, además de pronunciar unas palabras de saludo al inicio de las sesiones, tuvo el protagonismo en reconciliar a los adversarios y restaurar la concordia, imponiéndose también en las cuestiones doctrinales por encima de los obispos que participaban en el Concilio. Se trata de una versión sesgada de la realidad.

Atendiendo a todas las fuentes disponibles se puede decir, ciertamente, que Constantino propició la celebración del Concilio de Nicea e influyó en el hecho de su celebración, prestando todo su apoyo. Sin embargo, el estudio de los documentos muestra que el emperador no influyó en la formulación de la fe que se hizo en el Credo, porque no tenía capacidad teológica para dominar las cuestiones que allí se debatían, pero sobre todo porque las fórmulas aprobadas no coinciden con sus inclinaciones personales que se mueven más bien en la línea arriana, es decir, de considerar que Jesucristo no es Dios, sino una criatura excelsa.